Disco Inmortal: Los Tres – Fome (1997)

Disco Inmortal: Los Tres – Fome (1997)

Columbia, 1997

En primer lugar, algunos aspectos de contexto. Los Tres venían de grabar su disco más celebrado y popular a la fecha, La espada y la pared (1995), con alta rotación en radios y en MTV, y una canción indicada por varios como una de las mejores hechas jamás en Chile: ‘Déjate caer’. Todo esto desembocó en un hito tan importante como ser invitados por MTV a grabar un Unplugged, que a su vez tuvo otro single de alta rotación radial (‘Quién es la que viene allí’), y una brillante declaración de principios que para esa época fue todo un hito para la música chilena: tal como Nirvana un año antes incorporaba dentro de su setlist tres canciones de unos desconocidos Meat Puppets, Los Tres incorporaron una “patita” de cuecas de Roberto Parra, en lo que sería el inicio de toda una institución en el repertorio de la banda que con los años sólo se ha potenciado. En conclusión: Los Tres llegaban a lo que, al parecer, era su peak en todo sentido. ¿Qué quedaba por decir de ahí en adelante?

Álvaro Henríquez, probablemente, tenía muy clara la mochila que estaba cargando para lo que venía de ahí en adelante. La banda compone, se traslada a Estados Unidos y contrata a Joe Blaney (que ya había estado detrás de las perillas en el MTV Unplugged). Productor de renombre mundial, pero, además, con cercanía al rock latinoamericano al estar al mando de discos de Charly García, Andrés Calamaro y Fito Páez. Lo que venía tenía que estar a la altura.

Concretamente, el disco propone algo muy distinto a lo hecho en La espada y la pared. Sin dejar de lado el virtuosismo que siempre caracterizó a la banda en todas sus líneas, se abandona el preciosismo de su antecesor, reemplazando ese rock lleno de jazz y blues que estaba siendo la marca registrada de la banda, por un sonido mucho más crudo y tenso, pero a la vez más sofisticado.

El disco parte con uno de los dos instrumentales de Titae Lindl, ‘Claus’, una melodía compuesta -estoy seguro- para la mejor de las adaptaciones cinematográficas a una novela negra. ‘Bolsa de mareo’ es de otro planeta, un gran resumen de los que es Fome: crudeza y tensión permanente (esas guitarras son escalofriantes), melodías oscuras, canciones de rock que no habíamos escuchado antes en Chile. En ‘Toco fondo’ y ‘Olor a gas’ vuelven las melodías típicas de la banda, siendo de las pocas canciones en donde Henríquez comparte créditos con Lindl y Ángel Parra.

‘De hacerse se va a hacer’ es inexplicablemente perfecta, con una de las guitarras más hermosas que haya hecho la banda jamás. ‘Antes’ refuerza el lado más explícitamente rockero del disco, con la influencia de The Who apareciendo por todos lados. ‘Fealdad’ tiene ese olor a Valparaíso, al Cinzano, gracias al acordeón de Titae que aporta más matices al disco, como si ya no hubiese sido suficiente. ‘Jarabe para la tos’ recupera el innato olfato pop sesentero de la banda, y siendo muy melódica, no abandona la tensión del disco, que se acrecienta con las hipnóticas guitarras de ‘Libreta’.

‘Me arrendé’ trae la calma de nuevo, para entrar a la tierra derecha del disco con ‘Silencio’ y ‘La Torre de Babel’, canciones típicas de Los Tres, que muestran esa fusión de jazz guachaca y rock cultivada en sus discos anteriores. ‘La Torre de Babel’ entrega una de las letras más delirantes del disco, una historia de un pueblo de cigarros y el magro final de uno de ellos, siendo una canción que si bien no fue tomada tan en cuenta por la banda en sus repertorios en vivo de ese tiempo, desde su retorno en 2006, casi no han dejado de tocar en ninguna presentación.

Desde ‘La Torre de Babel’ en adelante, la tensión empieza a dar paso al humor y la tranquilidad. ‘Pancho’ es una hermosa melodía que, de forma intencionalmente contradictoria, relata una hilarante historia de crónica roja, con amoríos furtivos, crímenes y violaciones incestuosas:

“…Su cuñado puso fin
A esta historia eterna
Con un fierro atravesó
A Pancho que hizo una mueca
La mueca de terror
Cuando la vida se aleja

En un gallinero Mina se fundió
Su hermano amante nunca la entendió
Con un fierro ardiente enseguida la cegó
No sabe si fue su hermano o su padre quien la amo
No sabe si fue su hermano o su padre quien la amo
Pancho se quedo entre latas sucias
Siempre se quejó
La vida es tan dura”

‘Restoran’ nuevamente trae de vuelta a The Who con una letra de esas que aprenderse se convierte en un desafío personal, y ‘Largo’, el instrumental del cierre es la antítesis de Claus, con su juguetona melodía nos devuelve la tranquilidad, luego de cincuenta minutos de tensión.

Fome es uno de esos discos tan sobrecogedoramente buenos que es un desafío poder reseñarlos, decir algo sobre ellos, sin caer en un sinfín de adjetivos calificativos que sólo repiten lo bueno que es, sin ensayar una posible explicación. Nunca, hasta la fecha, Los Tres habían hecho un disco de esta factura, con tanto matices, con tanto rock. Si bien la banda siempre se había caracterizado por su originalidad (salvo, quizá, en Se remata el siglo), acá se huele una decisión de hacer algo más grande que todo lo ya realizado. El resultado es un sonido propio, pero capaz de dialogar con lo que estaba ocurriendo afuera. Fome es un disco que debiese sonar familiarmente bueno no sólo para los latinoamericanos como había sido hasta la fecha, sino que para el mundo entero. Y hasta la fecha, 16 años después, y salvo por su sucesor de 1999, La sangre en el cuerpo, no ha vuelto a aparecer en Chile nada parecido.

Felipe Godoy O.

Nacion Rock

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