Disco Inmortal: Los Tres – La espada y la pared (1995)

Disco Inmortal: Los Tres – La espada y la pared (1995)

Sony Music Chile, 1995

Corrían los adorables ‘90’s cuando Los Tres lanzaban su más exitoso disco hasta la fecha. «La espada y la pared”, exactamente en 1995, un año en que muchas cosas estaban pasando musicalmente, tanto en Chile como en el resto del planeta. Mientras el mundo entero se conmovía por el suicidio de Kurt Cobain y los coletazos de la era grunge, acá en Chile se estaba urdiendo una movida que marcó sin duda el recambio generacional de todo un sonido y la identidad sonora patria, como si cayera de cuajo que los años de dictadura militar y censuras artísticas tendrían el reventón de la ola que se merecía la música en Chile.

Hubo cosas importantes en el tema de la difusión: la estación Mapocho y Balmaceda 1215 jugaron un rol fundamental, o la aparición más que oportuna de la radio Rock & Pop que acogió a un sinfín de bandas como La Pozze Latina, Chancho en Piedra, Los Tetas y a los protagonistas de este disco, muy claramente, y ya para esos años teníamos consciencia de que el tercer disco vendría a proclamarlos como LA gran banda de rock nacional, y así no más fue. Las apariciones en MTV, las buenas migas con gente como Café Tacuba y Fito Páez y el reconocimiento en todo Latinoamérica, no sólo nos daba cuenta de que fue un gran disco para escuchar, sino que nos hicieron sentir orgullosos como país, y mucho más aun, considerando que Los Tres siempre han tenido la raíz criolla, guachaca, muy latente en sus composiciones.

Fueron un montón de éxitos, un disco bien diverso además, donde los boleros, el jazz rock fusión y hasta el punk podían convivir en perfecta sincronía, el cover a Buddy Richard nos marcaba nuevamente el interés de la banda por la cultura pop nacional, una versión tremenda, riffera, estridente, que fue la gran y sorprendente carta de presentación de “La espada y la pared”

Pero era una pizca del talento a raudales que venía en este disco, donde lo propio brilló más que nunca, “Déjate caer” y la ambigüedad de su letra es un misterio hasta el día de hoy, una balada que cala huesos, sin duda asociada con la muerte y que se empapó aun más de eso cuando apareció su fúnebre video. Escucharla una vez perdido un ser querido puede tener un efecto demasiado conmocionante. Esa entrada de improviso con las guitarras y Álvaro cantando para abrir el disco fue simplemente una genialidad. Una carta de triunfo, uno de los videos más rotados por MTV en la época de hecho, una joya de canción. ‘Tírate’, otra depresiva muestra de talento y apertura a otros espectros no tan populares para el público juvenil que por esos años abrazaba cosas de Pearl Jam y Alice in Chains, pero no, esto era algo propio, distinto, con mucha personalidad patriota.

Henríquez más que nunca en este disco se graduó de poeta, era increíble cómo se las hacía difícil a todos los melómanos y periodistas de música que se agarraban la cabeza tratando de descifrar sus letras. Era nuestro propio Cerati y también siempre ha tenido ese factor sombrío, oscuro, el de los juegos de palabras pero con una cosa media macabra metida ahí entremedio. Existencialismo y locura, situaciones al borde, caos.

Hay temas más predecibles que de tanto escucharlas y cantarlas hicieron que nos aprendiéramos la letra de memoria, ‘Hojas de té’ se convirtió en un himno reivindicando al volado criollo, con esta cosa blusera con el slide guitar del gran Angelito Parra, parte imprescindible junto al sólido Titae para que todo este concepto fluyera naturalmente. El funky tuvo gran presencia en temas como ‘Dos en uno’ o la misma ‘La espada y la pared’, ésta última con matices country, un break de guitarras acústicas de maravilla y donde nuevamente Henríquez se luce con sus letras

La onírica y pseudo romántica ‘Moizefala’ se separa un poco del resto, se mueve muy suave, llega en buen momento al disco, en tanto ‘Te desheredo’ nuevamente es de las que te hace trizas, los versos dolorosos de Henríquez solamente pueden llegar mejor tan profundo con la estructura melancólica, y esos momentos épicos, los de la parte de «Me voy de viaje por el infierno», donde sondea tu alma llenándola de oscuridad, en una canción que nuevamente muestra como el bolero era un estilo que apropió el cuarteto de forma tan magistral.

Al final no es raro lo de los covers, aparte del ya mencionado de Buddy Richard, el tributo a la Velvet Underground está claro, “All Tomorrow Parties”, casi como en señal de agradecimiento a esas incursiones teatrales que hicieron que muchas miradas se fijaran en la banda, cuando Henríquez interpretó canciones para la obra dedicada al artista tras la banda de Lou Reed, el gran Andy Warhol y constante marca en la música de Los Tres desde sus inicios.

Sin duda es el más exitoso, muchos singles, Los Tres siempre han seguido innovando y pese a lo grande que fue este disco no es para muchos su gran obra maestra, el “Fome” para muchos sí que lo fue, incluso hay gente que prefiere el debut. En fin, lo claro es que este disco no sólo marcó un hito en la carrera de los penquistas, sino que en toda la historia del rock chileno.

Por Patricio Avendaño R.

Patricio Avendaño

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