Disco Inmortal: Nirvana- Nevermind (1991)

Desde Seattle, emergió un puño que nockeó al mundo un 24 de septiembre de 1991. Varias generaciones de músicos y de fans no estaban preparadas para recibir este desgarrado grito de dolor, con dosis equivalentes de drama y fórmula radiable. Tras el debut con “Bleach”, Kurt Cobain creó este manifiesto del rock, el cual aderezó con partes de garage, otro poco de psicodelia, harto punk, power pop, noise, hard rock, catarsis lírica y emocional. Cuando este combinado llegó a manos de Butch Vig, éste lo transformó en un producto que se fue directo a la cima, señalando la apertura de otra página en el libro de quienes han escrito la historia de la música popular. Muchos años han pasado de todo eso y “Nevermind” sigue siendo referente y sigue sonando fresco. ¿Qué volvió a este disco uno de los imprescindibles para la reinvención del rock?, al menos, hay dos cosas: un nivel compositivo fuera de lo común y una sorprendente capacidad de convertir la amargura en belleza.

Durante el proceso de producción, las canciones parecían alejarse del “punk-rock-garage” del cual había bebido la banda en sus inicios. Ellos mismos, incluso, temían que los retoques técnicos le quitaran potencia a su sonido, pero era necesario despojarlo de suciedad para darle esta otra forma que se apreciaría en “Nevermind”, sin que eso significara que perdieran su esencia. Un ejemplo de ello fue la duplicación de voces y la más perfecta combinación de guitarras distorsionadas. De esta forma, el álbum logra desplegar melodías simples pero que traen ese regalo compuesto por sucesiones de acordes que dibujan caos y oscuridad. Ese fue el nacimiento del grunge, un movimiento con su sello depresivo del cual se apoderaría toda una generación, y no solamente usando un estilo de ropa determinado.

Las creaciones de Kurt Cobain para este disco parten por lo alto con el riff sangrante de “Smells Like Teen Spirit”, el cual plasma toda la rabia acumulada de una juventud frustrada, junto con regalarnos una elevada complejidad musical, imaginación y talento. Este es uno de los grandes emblemas grunge, inconfundible desde el primer rasgueo y hasta el grandioso fade out final.

“In Bloom” es demoledora, con estructura de la escuela Pixies de melodía pop pero sostenida en una base rítmica que es pura potencia. “Come As You Are” se acelera, suena como un trueno y con evidentes influencias de Killing Joke. Ironía de principio a fin, porque Kurt nos trata como un amigo, bajando la guardia. “Breed” retoma la urgencia, la paranoia punk-grunge, con potente rock y distorsión. “Lithium” es magnífica, triste, cantada desde la depresión pero con majestuosa fuerza y melodía. Hay temas más lentos, como “Polly” y “Something in The Way”, esta última con un toque lúgubre y geniales arreglos de cuerda (cello de Kirk Canning), mientras que “Territorial Pissings” destaca por un gran trabajo de Novoselic y Kurt gritando hasta el tope, tal cual lo hizo en su época más punk; y Grohl está soberbio en los tambores.

Rock alienado al máximo. “Drain You” tiene cierto cariz experimental, lo mismo que “Lounge Act”, la cual no parece ser muy radiable pero que gracias a su tono medio, resulta una bienvenida rápida para la nueva fanaticada.“Stay Away” es más directa, con gran trabajo de la batería, cuyo sonido se volvería a replicar en los primeros discos de Foo Fighters.

Otro icono de la cultura pop es la portada de “Nevermind”, la cual es una de las más famosas y reconocibles del rock. La fuerza de la imagen sigue intacta aunque pasen los años. La idea fue de Cobain mientras veía un programa sobre partos en el agua, y para conseguirla, un fotógrafo tomó la instantánea de un bebé (Spencer Elden) que intentaba perseguir el billete que adorna la imagen y que colgaba de un anzuelo. Clarísimo mensaje. Geffen tenía preparada una portada alternativa sin el pene del bebé, porque el rock siempre estaba bajo lupa y las productoras ya habían tenido bastante con el Parental Advisory y demases. Kurt no estuvo de acuerdo y tras un par de ironías a la discográfica, finalmente salió tal cual lo tomó la instantánea.

Grandiosas melodías y frases como “Solo porque eres paranoico, no quiere decir que estén tras de ti” son parte de un trabajo lírico-creativo excepcional, que elevó el status de Cobain a lo más alto, algo que sin lugar a dudas no buscaba. Hay otras más oscuras e inquietantes (como en “Polly”) y está la previa de la era unplugged con “Something in the Way”.

Cada tema es el reflejo de un nuevo mundo para los amantes del rock and roll y significó una renovación para la escena, porque a pesar de no ser tremendamente novedosos en la propuesta, supieron cómo darle forma a ese incipiente movimiento indie y abrirle el camino a tantas bandas que no lograban salir del under, aunque muchas, igualmente, fueron eclipsadas por Nirvana. “Nevermind” le puso la estocada a todo lo que habíamos escuchando en los ’80, y bajo la bandera para reducir las velocidades de las guitarras provocando que esa extraña mezcla de sensibilidad y punk suavizara a las bandas metal, hiciera nacer, como contrarrespuesta, la era britpop, y que de esta manera surgieran nuevos discos, nuevos héroes, nuevos signos de vitalidad para la construcción del rock alternativo de los ’90.

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