Disco Inmortal: Queen- Innuendo (1991)

El ser el último álbum con Freddie Mercury ya lo hace diferente y especial. Llegaba precedido del buen “The Miracle” (1989) y fue publicado apenas diez meses antes del fallecimiento de Freddie. Su grabación, por tanto, estuvo condicionada por la salud cada vez más débil del artista, y por eso es que en cada tema, en cada nota, tenemos omnipresente la figura del genio en despedida, porque eso es “Innuendo”, el adiós de uno de los cantantes más importantes de la historia del rock.

Musicalmente, el disco es parecido a “The Miracle”, con canciones pop, otras rockeras genéricas y poderosas, mezcla de estilos y solos sublimes. Todo esto matizado con los sintetizadores de la época y que fueron muy bien utilizados, logrando verdadera épica.
Las letras sorprenden porque en ningún otro disco de Queen se habían hecho notar esas temáticas con tanta emotividad: “I’m Going Slightly Mad”, “These Are The Days Of Our Lives” y “The Show Must Go On” le otorgan a “Innuendo” un plus que ningún otro disco de la banda posee.

La partida sobrecoge y nos devuelve a los Queen más complejos, con un “Bohemian Rhapsody” noventero. Con su dramática letra, su esplendoroso flamenco (cortesía de Steve Howe, de Yes), y su arranque rockero, con Brian May retomando el mando, “Innuendo” te desgarra. Hasta en sus últimos esfuerzos, Queen podía ser original y brillante. “I’m Going Slightly Mad” está cantada en un tono grave inusual en Freddie, acompañada solamente por unos sombríos sintetizadores. La atmósfera es sutil y se complementa con el solo misterioso de May. El disco tiene, además, temas rockeros que permiten recordar a los Queen de los ‘70, como “Headlong” y la muy buena guitarra de Brian; “Ride the wild Wing” y “The Hitman”, pero también destaca por presentar otros paradigmas, como en “I Can’t Live With You”, una pieza pop que rebosa de melodías sensacionales. “Don’t Try So Hard”, una balada solemne acompañada de la voz de Freddie sumamente emocionante y “These Are The Days Of Our Lives”, un pop fuerte, con instrumentación genérica pero melancólica, evocadora, lo que se mezcla a la perfección con la tristeza que destila por todos lados. La letra es de lo más desgarradora, al recordar los viejos tiempos de su juventud. Si bien Freddie no la escribió, la siente y da todo por interpretarla como debe ser. Un regalo de Roger, quien junto a DEacon siempre sacaron un as bajo la manga cuando se trataba de componer letras.

“Bijou” es un lujo gracias al aura Pink Floyd de “The Division Bell”, muy suave y celestial. Con su Red Special, May creó esta obra de extraordinario calibre.

Pero dedicarle líneas a “The Show Must Go On” es difícil, pues debe tratarse de la canción más conmovedora de la historia y en palabras no hay conceptos que la describan totalmente; solo si hablamos de épica, de canto escalofriante, de ser sobrecogedora al máximo, de que te deja sin palabras, podríamos andar cerca. La guitarra de May es más solemne que nunca, el estribillo es apoteósico, con ese maravilloso puente que dice “My soul is painted like the wings of butterflies”. Musicalmente es perfecta, pero lo que verdaderamente importa es la letra, porque es la despedida de Freddie, su canto final. “The Show Must Go On” es el último gran himno del siglo XX.

Por esto mismo, no hay que perder tiempo discutiendo si “Innuendo” es una obra maestra o si es mejor o peor que otro álbum de Queen. Solamente hay que alegrarse porque el final de la banda fue sumamente digno, mucho más que el de otras en los ‘80. Y por sobre todo, porque nos permitió aplaudir de pie a Freddie en sus últimos momentos, en los cuales nunca dejó de creer en la fuerza de su música. “Innuendo” fue creado con la certeza de que el final venía, agigantando aún más la leyenda de Mercury y reclamando para Queen el cetro de una de las mejores bandas de la historia.

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