Disco Inmortal: Rainbow – Rising (1976)

A mediados de los 70’s, cansado del sonido funk que adoptó Deep Purple; Ritchie Blackmore tomó sus cosas y se fue. Reclutó a Elf, que fueron teloneros de los púrpuras, despidió a su guitarrista y él mismo llenó el espacio que quedó disponible; quedando lista una nueva banda, Rainbow. Con esa austera alineación inicial sacaron su primera placa, Ritchie Blackmore’s Rainbow (1975), con que cosecharon su primer par de éxitos. Pero al año siguiente, se limpió la casa con miras de posicionarse todavía mejor. Se convocó al baterista de Jeff Beck Group, Cozy Powell; Tony Carey en teclados, Jimmy Bain en bajo y el vocalista siguió siendo el mismo: el hasta por entonces poco conocido Ronnie James Dio.

Acuartelados en los Estudios Musicland de Múnich, y supervisados por un viejo colaborador de la etapa de Deep Purple, Martin Birch, en menos de un mes quedó listo el sucesor. El mismo baterista, en una entrevista, contó lo rápido que fue el proceso; hecho en una o dos tomas, con algunas sobre grabaciones posteriores. Salido al mercado el 17 de mayo de 1976, a través del sello Polydor, Rising se volvió icónico nada más mostrando su portada: una ilustración con aire medieval, entre nubes y montañas, para dejar en primer plano un puño gigante sujetando un arcoíris.

Desde el primer minuto, con la apertura de teclado en Tarot Woman, uno pensaría que se enfila a lo progresivo; pero no demora en aparecer el riff de guitarra que le da el paso a una apabullante batería, muy en la línea de Powell. Dio a sus anchas como letrista, orientándose a temas que después lo harían célebre en Black Sabbath y como solista; con tintes épicos y ocultistas, pero por sobre todo con una lírica deliciosa. El resto del Lado A lo completan Run With the Wolf, Starstruck y Do You Close Your Eyes. Medios tiempos más ligeros, de corta duración que se mueven entre los tres y cuatro minutos, pero que no por ello baja la calidad con que venían.

El Lado B sólo cuenta con dos pistas, pero cada una se empina por sobre los ocho minutos. Primero con Stargazer, gran obra cumbre de Rainbow. Aproximándose al heavy metal neoclásico, en especial por el invitado con que se cuenta: ni más ni menos que la Orquesta Filarmónica de Múnich. No hay nada allí que no suene grandilocuente. Con una temática que roza lo etéreo, hubiese calzado perfecto dentro de una película bíblica; quizás alguna de Charlton Heston. Y es que el mismo vocalista se refirió a ello, explicando que se basó en el punto de vista de un esclavo del antiguo Egipto. Volviendo a sus palabras, allí se describe la historia de un mago obsesionado con la idea de volar. Además que, llegando hacia el final, con una sola frase es esta la canción que termina titulando al disco: “I see a rainbow rising!”. Hasta un adolescente Bruce Dickinson, de Iron Maiden, la primera vez que la escuchó lo único que pudo gesticular fue: “Cristo todopoderoso, ¡¿quién es ese?!”.

En tanto, el cierre está a cargo de A Light in the Black. Con un ritmo más acelerado, comparte un vínculo con su predecesora; como el de un pariente poco conocido. Es la conclusión del tema que ya venía trabajando Stargazer; enfocado a la pérdida de propósito de la gente, después de la muerte del mago. Es de esa forma, con un poco menos de treinta y cuatro minutos, que se mostró la cúspide compositiva entre Blackmore y Dio; antes de que la sociedad se quebrase después del próximo trabajo, que saldría el año 1978. Por ello, Rising terminó transformándose en un verdadero material de culto, que fue bien recibido en Europa y Japón; pero que el mercado estadounidense le fue esquivo. Tendrían que esperar hasta 1981, a la llegada del vocalista Joe Lynn Turner, para irrumpir con fuerza hasta la cima; pero eso ya es historia aparte. Por el momento, veamos el imponente arcoíris ascendiendo.

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