Disco Inmortal: Slayer- South of Heaven (1988)

El metal siempre buscó ser extremo. Buscó generar reacciones, hostigar, incomodar y llamar la atención, volcando su registro hacia terrenos oscuros y violentos, musicalmente hablando. Una excusa para aseverar que el infierno sí existía. Y “South of Heaven”, cuarto trabajo de Slayer, invita a un recorrido distinto, pero por el mismo infierno.

El disco representó la segunda colaboración entre la banda y el productor Rick Rubin, quien modeló muchas obras de arte metaleras y uno de los responsables del “sonido Slayer”, marca conseguida gracias a la explosión que supuso el disco anterior, el trascendental “Reign in Blood”, que contagió de tal entusiasmo a las huestes del metal que algunos quedaron insatisfechos con su sucesor. Sin embargo, los años le han dado tanto peso a “South Of Heaven”, que hasta hoy logra desangrar y ser identificado como otra llave para abrir las puertas de ese infierno, del cual tanto bebió el heavy metal ochentero.

“South of Heaven” abre este disco constituyéndose muy pronto en una de las más increíbles piezas que Slayer haya grabado. Siniestra, con melodía opaca, a lo Black Sabbath, como salida de un película de terror, siempre in crescendo. Se nota, eso sí, que Slayer iba a otra velocidad. “Live Undead” comienza como un medio tiempo y suena más progresiva, evolucionando hacia un thrash metal para un headbanging de locura. “Mandatory Suicide” es temazo por donde se le escuche, clásico absoluto. Fuerza y potencia desde la base, con guitarras que sí tienen carga energética propia del estilo. Más variedad encontramos en otros tracks igual de arrolladores, como “Silent Scream”, “Ghost of War”, la tétrica “Spill the Blood” y la versión que hicieron para “Dissident Agressor” de Judas Priest. En cada tema se respira riesgo, incluyendo algunas guitarras sin distorsión, agregando más medios tiempos y solos cortos, los que igualmente eran (y son) ráfagas sangrientas, siempre con la voz desgarrada como vehículo para letras inspiradas, aunque la prensa haya criticado que Tom “cantaba mucho” en este disco.

Slayer estaba demostrando que podía ser algo más que velocidad, que podía dirigirse, sin seguir reglas rígidas, hacia la oscuridad más temible, y así todo seguir siendo fundamental para el metal. Para Slayer todo ha sido siempre sin llorar, incluso en un álbum catalogado por algunos como “más blando”.

Igualmente, “South of Heaven” logró ser disco de oro y llego al número 57 del Billboard. Sin embargo, no es el álbum favorito de sus autores, quienes durante décadas solo han incluido el track “South of Heaven” en sus setlist.

Este es un gran trabajo del metal ochentero, una de las obras recordables y esenciales. La propuesta de “South of Heaven” era recorrer el infierno pero de otra forma, dando una sorpresa a esa juventud que se había encantado con “Reign in Blood”. En su búsqueda por convencer a la escena de que el thrash metal no era velocidad porque sí, ni una batería bestial ni alocadas cabelleras porque sí, “South of Heaven” ve la luz y visibiliza los destellos brillantes de la oscuridad a la que la banda siempre ha rendido culto. Posteriormente vendrían obras de aún más realce, como “Seasons in the Abbys”, pero este es un clásico especial, igual de mortífero y maldito.

Por Macarena Polanco

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