Disco Inmortal: Soda Stereo – Dynamo (1992)

Disco Inmortal: Soda Stereo – Dynamo (1992)

En los albores del ’92, y en pleno florecimiento de la explosión grunge, por acá en Latinoamérica aparece esta joya sonora llamada “Dynamo”, de los argentinos Soda Stereo. Es el disco que se caracteriza por elevar el sonido que la banda venía generando desde sus inicios, llevándolos hasta el siguiente nivel.

Es patente la influencia de ideas hasta ese entonces no explotados al máximo por Cerati y compañía. El claro dominio de sonidos que coquetean más con el ámbito de la electrónica que con el del rock más purista. Reminiscencias a discos como “Violator” de Depeche Mode (1990) en su armoniosa mezcla de guitarras con sintetizadores y samplers, o bien un álbum de culto como “Loveless” de My Bloody Valentine (1991), obra principal del Shoegaze, género poco conocido entonces en América Latina.

Es entonces como Cerati, Bosio y Alberti se encierran en el estudio Supersónico en Buenos Aires a grabar y mezclar. Fue hecho, concebido y ejecutado de manera absolutamente distinta, si pensamos que la anterior (y muy exitosa) placa “Canción animal” (1990) fue grabada y mezclada en Miami. Esta vez el ejercicio fue mucho más local, íntimo y subterráneo.

El disco arranca con la potente “Secuencia inicial”, que inmediatamente parte con una verdadera muralla sonora de guitarras, como anticipando que lo que se viene es un sonido completamente nuevo (“Miro atrás y veo la razón, nunca fuiste una canción / Voy a entrar, deseo darte un nombre nuevo / “Tal vez mi curiosidad es más grande que tu miedo”) e inmediatamente es claro que la voz del cantante no destaca sobre los instrumentos y más bien se hace parte de la amalgama sonora.

“Toma la ruta” nos muestra un lado un poco más “rockero” del sonido, pero continuando con el bloque sonoro de guitarras en el fondo y un bajo potente marcando la estructura del tema. Nos habla acerca del cambio, de evolucionar hacia otros lugares (“Probaste luna y bebiste cielo, y a veces sueñas con volver a los viejos buenos tiempos / Sal del camino, toma la ruta, será diferente”). “En remolinos” nos muestra un sonido definitivamente inspirado por el “Shoegaze”, las secuencias acompañadas por la superposición de capas de guitarra una encima de otra, con una batería marcando el ritmo de manera concreta. Esto en conjunto con la lírica que nos habla de los sueños (“Una flor, otra flor, un maestro, una causa, un efecto”).

El single elegido para promocionar el disco (y el único video clip promocional) fue “Primavera 0”, un tema mucho más audible y aceptable en primera instancia, pero no por eso deja una bomba de energía. Con una intro inolvidable sólo con la clásica PRS Multifoil Special de Cerati que contrasta a continuación con el bajo de Zeta.

Encontramos temas mucho más apegados a lo dance como “Camaleón” en los cuales Cerati y Bosio intercambian instrumentos en la grabación, otros más meditativos y secuenciales como “Sweet Saumerio” y otros definitivamente alineados con la electrónica como “Nuestra fe”, dando cuenta del interés por experimentar y acercarse a nuevos resultados sonoros. “Luna roja” es otro destacable eterno, en donde Cerati habla de manera muy críptica acerca del VIH (“Primero león, luego cordero, ruega a Dios poder volver del desierto / Cuídame, yo te cuidaré. Yo también pagué placeres ciegos / La luna roja es peligrosa, te hace mortal”), rumoreándose que fuera un homenaje al fallecido Federico Moura.

“Ameba” y “Claroscuro” continúan con el hilo conductor del disco, un sonido de una base rock-pop que juega constantemente con sonido electrónicos secuenciados, samplers, máquinas y todo lo que en el universo ceratiano va encontrando un lugar perfectamente acomodado. Casi al final del disco está la armoniosa “Fue” con una letra melancólica y un exquisito sonido de guitarras superpuestas en un chorus infinito. El final lo trae la potente “Texturas”, un broche de oro para terminar, con un ritmo acelerado, una guitarra que suena impecable y un bajo marcadísimo. Lamentablemente la edición en vinilo no la incluye (en conjunto con “Claroscuro” y “Sweet Saumerio”).

“Dynamo” no fue un claro éxito comercial de Soda Stereo, tuvo más bien una recepción tímida por parte del público de aquel entonces, probablemente por el radical cambio sonoro que efectivamente estaba adelantado (varios años) a su época. Es por eso que hoy es un disco totalmente de culto, que aún suena fresco y difícilmente podemos asociarlo con una grabación de 1992. Un gran regalo que nos dejaron los argentinos algunos años antes de su separación.

Por Álvaro Guajardo