Disco Inmortal: Van Halen (1978)

Disco Inmortal: Van Halen (1978)

Eddie y Alex, dos hermanos oriundos de Ámsterdam y que de pequeños se mudaron a California, fundaron una banda clave que lleva su apellido. Pero antes de ser conocidos como Van Halen —sugerido por el cantante David Lee Roth; en un comienzo se denominaron Rat Salad, por el tema instrumental de Black Sabbath (1970) —a quienes servirían, en calidad de teloneros, durante 1978. Tuvieron un largo calentamiento, entre 1972-78 en el circuito de clubes de Los Ángeles, en modalidad power trio —época en que Eddie oficiaba de vocalista además de guitarrista; hasta que invitaron a ser parte a quien les arrendaba los equipos para los conciertos: el mismísimo Diamond Dave —allí la agrupación dejando atrás su otro nombre tentativo, Mammoth, que ya era utilizado por otras personas. Prescindieron del efímero primer bajista, Mark Stone —fallecido en septiembre de 2020; reclutando a un tal Michael Anthony, configurándose así la encarnación original.

A nivel local era un número que no pasaba desapercibido; tanto así que captó la atención del bajista de Kiss, Gene Simmons —en su faceta busca-talentos. Se los llevó consigo y les financió su primera cinta demo, queriendo que fuesen fichado por su misma casa disquera. De aquello quedó de testimonio la figura radial chilena, Hernán Rojas, quien residía en EE.UU. —ejerciendo como ingeniero de sonido, en especial para Fleetwood Mac. [Al estudio] llegó Simmons acompañado de una conejita Playboy y nos dice: Chicos, les traigo a una banda que va a matar. Y fíjense en el chico que viene tocando la guitarra, se llama Eddie Van Halen. Y apareció con una Fender Stratocaster azul colgada al hombro, tocando a una velocidad impresionante y, por supuesto, escoltado por el gran David Lee Roth. En esas sesiones, de dos o tres días, grabamos los demos de lo que fue su primer álbum”.

Pero, por uno u otro motivo, no se dio aquella negociación —y los demos iniciales quedaron archivados. Aunque, en contraparte, pronto recibirían la oferta del sello Warner Bros; con el cual firmaron contrato. La grabación se dio de rápida manera, apenas tomando tres semanas —puesto que el material ya venía listo de antemano; usando como base de operaciones el hollywoodense Sunset Sound Recorders, lugar que acogería también las siguientes cuatro producciones. Publicado el 10 de febrero de 1978, este trabajo auto titulado desde ya formó una fuerte alianza con el productor Ted Templeman —inamovible hasta 1984, junto con un fugaz retorno en 1991. La portada, dividida en cuatro instantáneas, salió de una sesión hecha en el Whisky a Go Go —sitio donde era habitual para vérseles en directo; desde ya asomando la icónica Frankenstrat con franjas, pero todavía sin ser pintada roja.

Una apertura inmejorable con Runnin’ With the Devil, y la línea de bajo que no pasa desapercibida —la cual, como dato anecdótico, fue la que llevó a que se conocieran Dave Mustaine y David Ellefson de Megadeth. Es el perfecto ejemplo del hambre con que venían, quedando en evidencia nada más al comenzar: “Vivo mi vida como si no hubiese mañana, y todo lo que poseo tuve que robarlo; al menos no necesité mendigar o pedir prestado. Sí, estoy viviendo a un ritmo que mata”. Un cantante por entonces con una imagen muy a la Robert Plant, seguido de cerca por una marca de fábrica patente: las segundas voces, agudísimas, encomendadas al encargado de las cuatro cuerdas —que serán tónica durante el resto de la colección.

La instrumental Eruption es una declaración por sí sola, desde ese primigenio punto encumbrando a Eddie como un héroe de la guitarra; en la mayor revolución de las seis cuerdas posterior a Jimi Hendrix. Pese a cronometrar poco menos de dos minutos —los primeros segundos siendo inspirados en Let Me Swim de Cactus; se transformó en un tesoro para el rock, enseñando a nivel global el tapping —recurso antiguo, pero jamás explotado a gran escala o asociándose a una persona en particular. Las historias cuentan que, en el periodo de los primeros conciertos, se trataba de un pequeño y habitual solo de espaldas al público; para evitar que fuese plagiada —y que de forma fortuita llegó a la selección final del disco, por decisión del productor que la escuchó durante un ensayo. Además de que sirve como puente natural para el que fue el primer single promocional: You Really Got Me. Uno de los mayores clásicos de The Kinks, obedece a la influencia que tuvieron de los ingleses en los primeros años —guiño que volvieron a hacerles con Where Have All the Good Times Gone (1982).

Ain’t Talkin’ ‘Bout Love, que comienza lenta y de forma paulatina se desboca, fue una incursión en la individual de Eddie; y que según sus palabras, en un comienzo no la consideró suficientemente buena. Terminó convirtiéndose en una de las grandes del catálogo —valiéndose de un sitar eléctrico; en que aborda el sexo casual de una noche. Siguiendo ese tópico, pero desde la vereda opuesta, se encuentra Jamie’s Cryin’ —una chica que se ve envuelta en una de aquellas aventuras, pronto lamentándolo.

I’m the One, cuyo título primitivo fue Show Your Love, pisa el acelerador —pese a que en la sección media contenga una pausa distendida en que los cuatro integrantes sacan las voces. Atomic Punk quedándole la labor pesada —a la par con la bajada de telón que fue On Fire; como Feel Your Love Tonight la endulzada y Little Dreamer la monolítica. Ice Cream Man, “dedicado a las damas”, tomándosela prestada a John Brim, ubicó inusualmente a Lee Roth detrás de un instrumento —la introductoria guitarra acústica. Distanciándose esta nueva versión, un refrescante cuasi rock ‘n’ roll bailable, del blues impreso en un inicio. Hermanada, por estructura y sonido, a una muy posterior factura —Stay Frosty (2012).

Una ópera prima que terminó perfilándose como un batatazo a nivel mundial, debut multi platino que sigue de cerca al de Led Zeppelin (1969) —al que se le añadió, a ese selecto grupo, el de Guns N’ Roses (1987). De vibra callejera y vertiginosa, ninguna de las canciones siquiera llegando a los cuatro minutos de duración, le significó a Van Halen un ascenso instantáneo; que siguieron cultivando durante las siguientes periódicas entregas, hasta transformarse en dominadores de la escena durante los 80’s.