Discomanía: 30 años de “Lap of Luxury”, el regreso a la vida de Cheap Trick

El 12 de abril de 1988 salió al mercado el 10° disco de estudio de Cheap Trick, Lap of Luxury. Ya treinta años después se le recuerda como el disco de reunión, pero siempre mirado en menos por el éxito apabullante de su multi platino en vivo: At Budokan (1978). Tras ello, una vez saltados a la fama, no supieron capitalizar o tuvieron mala fortuna: después de los contundentes Dream Police (1979) y All Shook Up (1980), Tom Petersson dio un paso al costado para dedicarse a un proyecto musical junto a su esposa, dejando libre la vacante de bajista. Primero pasó Pete Comita para completar una gira promocional, y luego el simpático Jon Brant.

Con este último editaron las siguientes cuatro placas: One on One (1982), Next Position Please (1983), Standing on the Edge (1985) y The Doctor (1986). Fue una primera mitad de década difícil, con discos irregulares que algún chispazo tenían (incluso el experimentado Roy Thomas Baker estuvo en uno como productor), pero que aun así cada vez trascendían menos; ni siquiera lograban salir a flote con participaciones en bandas sonoras de películas que (a la larga) terminaron siendo de culto: Heavy Metal (1981), Up the Creek (1984) o Top Gun (1986). Y tras el fracaso comercial del ya nombrado The Doctor, volvieron al estudio.

Aquella época coincidió con el regreso de Tom Petersson, trayendo de vuelta a la banda el bajo de doce cuerdas. Pero ni con la formación original (o clásica, en estricto rigor), convencieron a los ejecutivos del sello discográfico; escépticos por la mala racha que arrastraba Cheap Trick, sugirieron compositores externos en todas las canciones, sobre todo destacando en una. El baterista Bun E. Carlos recuerda ese caso puntual así: “El vicepresidente de Epic nos contó que tenía estas dos canciones que serían #1. Una sería para nosotros y la otra para el grupo Chicago (que resultó ser Look Away, el único #1 que tuvieron después de la partida de Peter Cetera), pero que nosotros podíamos escoger primero. Aunque él mismo nos sugirió que nos sentaría bien The Flame”.

Y el vicepresidente de Epic no se equivocó: acreditada a Bob Mitchell y Nick Graham, la canción llegó a la primera posición en los rankings de Estados Unidos, Canadá y Australia; siendo hasta el día de hoy la única de Cheap Trick en conseguirlo. Apoyada por una alta rotación en MTV, fue un golazo que le valió un elemento altamente identificable tan sólo escuchando sus primeros acordes; hecho comprobado empíricamente por ejemplo en el Movistar Arena en diciembre de 2017, frente a una audiencia apagada que en su mayoría esperaba a Deep Purple.

Podría calificar como la power ballad definitiva, todo allí suena oreja: el mandolonchelo acompañado de los teclados, Robin Zander tras el micrófono como que si la vida se le fuera en ello, el coro distintivo que golpea con fuerza la mesa, un solo de guitarra justo y preciso pero que de todas formas eriza los pelos; acompañado de un videoclip, con colores desteñidos, que es difícil no reconocerlo.

El resto también fue jugar a la segura, partiendo por el hecho de la portada: ocupando su marca de fábrica dual, adelante los galantes Robin Zander y Tom Petersson, y relegados al reverso los poco retratables Rick Nielsen y Bun E. Carlos. Funcionó en In Color (1977) y Heaven Tonight (1978), y aquí también de la misma forma. Acuartelados en tres estudios diferentes de Los Ángeles, tampoco dejaron al azar al hombre tras las perillas: Richie Zito, que un par de años antes sacó de una sequía prolongada a Eddie Money con la placa Can’t Hold Back.

Y abriendo los fuegos está Let Go, que figura como single sólo en Australia. Si lo hubiesen colocado a nivel global, y acompañado con un videoclip, hubiese explotado como correspondía hacerlo. No tiene ningún desperdicio, todo lo contrario: nada más escuchar ese riff ganchero te hace entrar en sintonía. Y sí que ganó importancia en vivo, la mayoría de las veces en la gira como el tercer tema de la jornada, que era antecedido por Rick Nielsen como maestro de ceremonias, ocupando su chaleco de lana con un mosaico de calaveras.

No Mercy le quita el pie al acelerador, quedando como el eslabón más débil, antes de entrar de lleno con The Flame; el single inaugural que fue abriendo camino un mes antes del lanzamiento del disco. Space marca el primero de los dos covers: prestada del repertorio de Charlie Sexton, acelerada y fresca; desmarcada del sonido original acercado al new wave de mediados de los 80’s.

Continúa Never Had a Lot to Lose, último single en ser lanzado; caballito de batalla que se acrecentaba aún más en directo, alejado del tono dulzón que nos tiene acostumbrados Cheap Trick; rozando lo rockabilly, y siempre presentes los “¡oh, oh!” de Rick Nielsen acompañando desde atrás a Robin Zander. De lo más ad hoc como para que el videoclip fuese ambientado con la banda tocando en un club nocturno (“Lack of Luxury Club”, buen juego de palabras), filmado en blanco y negro que al final da paso a las tomas a color, y donde no podían faltar los micrófonos Shure Super 55, más conocidos como el micrófono de Elvis Presley.

Y hablando del rey de Roma (y del rock), para cerrar la ronda de los covers está Don’t Be Cruel: nunca es fácil reversionar una canción así de icónica, sobre todo si se apega a la original y que además entra a jugar como single, pero aquí tenemos un buen y prolijo resultado; que sumado también a una alta rotación del videoclip en MTV, continuó la buena racha que ya traían con The Flame. Oportunidad perfecta para un bajo, bombo y todo el suelo a cuadros blancos y negros; de lo más Cheap Trick.

Wrong Side of Love llama con ese riff con aires de clásico y base rítmica golpeada; mientras All We Need Is a Dream se decanta por el lado melódico, que tiene mucho que ver quién comparte los créditos compositivos, en especial por los teclados: Gregg Giuffria (Angel, Giuffria y House of Lords). Ya con el otro de los singles, Ghost Town, nos situamos en la parte melancólica del disco, con un aire tipo medio oeste norteamericano (que lo remarca todavía más el videoclip, aunque aparezca la Spaceship Earth de Orlando), con un dejo a George Harrison en el solo de guitarra. Escrita por Rick Nielsen, y descartada de la selección final del disco One on One (1982), fue retomada y Diane Warren contribuyó para su versión definitiva; con buena recepción en los rankings, es otro de los puntos altos de la placa. All Wound Up es la encargada de cerrar, con un coro galopante, como para finalizar con las pulsaciones altas.

El disco, como posición más alta, llegó al puesto #16 del ranking U.S. Billboard; también tuvo acogidas similares en los rankings de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, lo que pronto le llevó a conseguir el estatus de platino. Y como si fuese poco, Lap of Luxury además logró volver a reunirlos y hacerlos sonar como nunca (especialmente en vivo); mostrando un renovado rock para grandes arenas que fue aprovechado hasta la última gota, y que hizo contraste con su anterior periodo en la cuerda floja. Haciéndole honor de donde vienen, es lo que uno espera si son oriundos de una ciudad cuyo nombre es Rockford, en el estado de Illinois.

Por Gonzalo Valdés

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