Discomanía: “Beneath The Remains”, la brutal resistencia de Sepultura

Para el año 1989, insignes bandas del género thrash ya habían lanzado grandes y fundamentales obras, quizás muchos de los fanáticos que escuchaban y disfrutaban este estilo en EE.UU o Europa, no se imaginaban que en ciudades lejanas y subdesarrolladas existiesen exponentes de esta corriente. Sin ir más lejos, en nuestro país, por aquella época ya se venía forjando una escena que, a pesar de los pocos recursos, contaba con la actitud y el hambre de salpicar su rabia al mundo.

En Brasil, la situación no era diferente, un país que durante mucho tiempo sufrió los embates de una dictadura y las atrocidades de la represión policial; con este telón de fondo, los oriundos de Belo Horizonte, Sepultura, comenzaban a afilar los instrumentos y a escribir la historia desde lo más bajo, para emprender el camino que los llevaría a brillar con luces propias. 

Beneath the Remains, es el tercer LP de la agrupación y que contó con un mayor presupuesto, lo que indudablemente los haría progresar en comparación a sus trabajos anteriores (Morbid Visions-Schizophrenia). La producción estuvo a cargo el respetado Scott Burns, responsable de algunas de las joyas del death metal provenientes de bandas como Death y Obituary, por nombrar solo algunas. La experiencia por parte de este productor sería fundamental, para comenzar a conducir al cuarteto a las ligas mayores del metal mundial.

La canción que abre esta obra demoledora es la que justamente da nombre al disco y que comienza con un extrañamente hermoso, pero lúgubre arpegio de guitarra acústica, el cual nos sirve para respirar la calma antes de la tempestad. Lo que viene después, es una ametralladora de riff veloces y furiosos, liderados por el gruñido potente de Max Cavalera, quien desde un principio pareciera vomitar su rabia en contra de la opresión, hablando de campos de batalla y matanza…Who has Won / Who has Died?

InnerSelf, a estas alturas es un himno del metal, una canción que nos atrapa desde el primer segundo con un riff pegajoso y que sin darnos cuenta nos lleva al headbanging, imaginado que estas tocando la guitarra o siguiendo el ritmo del batería encerrado en tu pieza. La parte intermedia viaja a través de los pensamientos internos de Max Cavalera, para luego, volver con todo a la carga con una dinámica rítmica feroz. Sin duda, una de las grandes y mas representativas canciones de la primera época.

Mass Hypnosis, es una de las mejores composiciones del disco, la banda sabe incluir lo más brutal del thrash y el death, pero a su vez se preocupa de explorar pasajes melódicos brillantemente trabajados. Destaca la labor realizada en guitarras a cargo de Andreas Kisser y Max Cavalera, dupla que se puede enfrentar de igual a igual con Hetfield / Hammett o Hanneman / King.

A medida que avanza el disco, podemos apreciar el trabajo enérgicamente salvaje en batería de Igor Cavalera, quien da el tempo perfecto en cada tema, comprobando que la base rítmica siempre ha sido un factor importante en la carrera de estos músicos brasileros. Paulo Jr. en el bajo, a pesar de que el sonido del disco no lo acompaña mucho, hace lo suyo y logra penetrar esa enorme muralla de guitarras, para acoplarse muy bien, logrando un claro y preciso acompañamiento en algunas canciones.

Las letras son un componente primordial, esto queda en evidencia en temas como Lobotomy y Hungry, en cuyos textos se denota inconformidad, disgusto y crítica socio política, un grito urgente que se hará más latente en sus trabajos posteriores y que nos lleva a la reflexión sobre los distintos temas propuestos y denunciados.

Beneath the Remains de 1989, es sumamente importante en el catálogo de la banda brasilera, fue la placa que llevo a la agrupación a su primera gira fuera de su país, lo cual para cualquier músico, es un tremendo paso y un trampolín, incluso en el tramo europeo fueron teloneros de Sodom, otros grandes del thrash; pero que es lo que convierte en grande a este disco? Quizás, esa realidad caótica y violenta de la cual hablan muchas sus letras, o la crudeza del sonido muy propias de este estilo y de los años 80, hacen de esta obra un brutal antecedente para lo que pulirían en los noventa.

Por Carlos Bastías

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