“Disintegration”: la dulce y pantanosa obra maestra de The Cure

“Disintegration”: la dulce y pantanosa obra maestra de The Cure

Fiction Records, 1989

El periodo de finales de los ochenta para The Cure fue ambivalente, qué duda cabe. Mientras en 1987 se habían logrado anotar en la historia del rock con “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”, uno de sus esenciales discos que nos trajo hits invaluables como ‘Just Like Heaven’, ‘Why I Can’t Be You’ o ‘Hot Hot Hot’, la banda se sumergía en una serie de sucesos que marcaban un conflictivo paso de cara a su nuevo disco.

Pero como siempre, The Cure se las arregló para absorber todo eso e integrarlo a su música: tensiones, críticas, problemas internos, situaciones límite para desatar al que se le llamó el “suicidio comercial”, un disco oscuro, pantanoso, pero dulce y melancólico al mismo tiempo: el gran “Disintegration”, el cual no pudo llevar mejor nombre, pues la desintegración vista de muchas maneras era el concepto que adquirió Robert Smith, temeroso de sus crisis de mediana edad (29 años y un reciente matrimonio con su novia Mary Pool que le produjo un terror instintivo), viendo la vida y las relaciones sentimentales de forma autodestructiva y escribiendo cosas que en la misma construcción del disco se querían escapar de sus manos (un incendio casi acaba con las partituras del disco en su cuarto/estudio Outside), la salida del miembro histórico Lol Tolhurst debido a sus dramas con el alcohol y la posterior demanda contra la banda, el “troleo” de su discográfica anterior ninguneando la dirección en donde iba este registro, la vuelta al uso de narcóticos del líder y la depresión ante la imagen de estrella del rock que se le construyó por prensa y medios. El torbellino de emociones era potente, pero quedó plasmado todo en esta especie de apocalipsis interno, de honestidad decadente que se refleja en las letras de muchas de sus canciones.

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Tal como dice la letra del desgarrador tema que da nombre al disco son “canciones sobre la felicidad murmurada en sueños”, canciones de relaciones tortuosas, de mirada gótica y placer por lo siniestro y porque algún día llegará nuestra hora. The Cure tomaba su mirada en penumbras de la vida de su primera etapa, pero alargaba-justificadamente-sus canciones sobre pasando los cinco muntos en una jugada arriesgada, para conseguir lo que podría ser su álbum propio, oscuro y exitoso definitivo. Líneas de bajo atrapantes, un manejo del sintetizador salido del inframundo (qué bien le hizo el recién integrado Roger O’Donell al disco) y un cúmulo de poesía oscura y una interpretación de ensueño según cada momento de Smith terminan por convencer y convertir quizá en uno de los discos poéticamente oscuros más maravillosos de la historia. El encierro y el aspecto claustrofóbico de ‘Lullaby’, la poderosa canción de amor ausente para atesorar en ‘Love Song’, los experimentos dance/psicodélicos de ‘Fascination Street’, la desmembranza del amor como ‘The Same Deep Water as You’ o la poderosa e hipnótica ‘Plain Song’, donde la pluma de Smith es pasada metafóricamente a una chica que habla del clima frio y como la vida se convierte en él eternamente. (‘Creo que está oscuro y parece que llueve, dijiste/Y el viento sopla como si fuera el fin del mundo, dijiste/Y hace mucho frío, es como el frío si estuvieras muerto/Y sonrió por un segundo). Claramente un reflejo de todo lo que embriaga de agua pantanosa este disco, pero que te invita a ahogarte con él de todas maneras.

“Disintegration” es invierno en todo su concepto, pese a lo frio que suena eso es un disco hecho con una pasión cerebral que terminó por catapultar la genialidad del hombre del maquillaje y el pelo alborotado. Pasan los años e irremediablemente toca sacarlo de nuevo en un día frío o cuando tienes algún sentimiento de vacío en tu alma.

Por Patricio Avendaño R