Discomanía: El debut de Days Of The New, folk grunge revestido de negro

Hoy en día que ponemos una mirada tan nostálgica al fenómeno del grunge y lo que vino después del boom, más que la pena vale rescatar este proyecto que se fue diluyendo con el tiempo, pero que dejó su bandera clavada a fines de los noventa con su gran debut, el notable registro homónimo (al igual que los siguientes dos que lo sucedieron, solo diferenciados por el tono de color de la portada). Se trata del álbum “Yellow” o “Days Of The New”, que más que post grunge o clones de la sobreexposición del formato acústico del estilo, potenciado a niveles sublimes como ese gran Unplugged de Alice In Chains, o los cortes desenchufados de Pearl Jam o Stone Temple Pilots, acá veíamos sin duda un tono vocal, el de Travis Meeks, muy en sintonía con aquellos monstruos de los noventa, pero con un interesante sello folk, country y hasta algo blues, que no fue comprendido del todo en su momento. Acá los bellos arpegios, la inspiració0n pueblerina, la geografía como un arte inspirador, conjugan con todo la oscuridad y melancolía que sale en este disco, muy agradable de escuchar, sentir, oler.

Los tres singles principales del álbum se podría decir que lo son todo, pero no es tan así tampoco: “Touch, Peel and Stand”, “Shelf in the Room” y “The Down Town” son canciones que inevitablemente crearon memoria colectiva y que más adorablemente se han transmutado con el paso de los años. “Touch, Peel and Stand”, una pista clásica que inundó las radios de fines de los noventa, representa la esencia de Days of the New: la interacción estrecha de la guitarra acústica, el “Jim Morrison inside” de Meeks con un vozarrón notable y la sutil instrumentación de percusión que se destapa. La sección rítmica es una fuerza motriz, con el hipnótico bombo de címbalos y líneas de bajo pulsantes creando una base firme para la voz de Meeks. “Shelf in the Room” es quizás la mejor de mirada introspectiva: presenta suaves arpegios acústicos y letras sobre el existencialismo y la soledad. La influencia grunge de la banda se puede ver en el puente de la canción, donde Meeks distorsiona su voz y canta “Holdin out, holdin in, holdin out (holdin out never hold)” (STP con Weiland al megáfono nos rememora sin chistar). “The Down Town” es una genialidad pese a su sencillez y coro repetitivo, y es mucho más optimista que el resto del álbum.

Con Charlestown, Indiana, como su natal inspiración y esa mirada rural el disco y la esencia de Days trata de asimilarlo con las notas que emanan de su música: algo limpio, como si una lluvia hubiese arreciado recién levantando ese olor a tierra mojada. Su característico arte de álbum, es el sello visual más obvio, es que la portada de cada disco de Days of the New presenta un viejo árbol retorcido. En una entrevista de 2008, Travis Meeks discutió crípticamente este símbolo y su significado personal: “He visto esta imagen en la pared de un árbol, que mucha gente ha visto, pero nadie la ha visto como yo, y tengo esta relación con el árbol, y me ha ayudado a pasar años, y entendí esto como visión. El árbol es mi emblema; Tengo un cinturón de árbol. Es mi superhéroe. Era una pintura en la pared que mucha gente ya había visto. Tuve un momento y una visión. Lágrimas estaban en mis ojos. Entré en la imagen, y me encontré sentado en la imagen. Parte de Asperger es asociar el sonido con la visión, así que veo lo que escucho. Así es como escribo. Así es como continúo escribiendo mis registros” dijo el líder que por cierto ha tenido un sinfín de problemas con la metanfetamina que ha sido uno de las piedras de tope de la continuidad del grupo y las puertas giratorias de integrantes.

Pero no todo era la tríada de temas mencionados: ‘Where I Stand” nos invita a una cabalgata por las acústicas que encajan a la perfección, te seducen los cambios y ese descomunal “Yeeeah”; más en penumbras nos deja la inspirada “Whats Left For Me?”, las pantanosas arenas de Alice In Chains del “Dirt” cubren este tema en toda su esencia o la poderosa y metafóricamente ecológica ‘Face of The Earth’ que habla cómo la tierra absorbe todo nuestro dolor. ‘Freak’ sabe justo cuando entrar con violencia, haciendo de este disco la calma y la tormenta necesaria y siguiendo esto del concepto geológico/gráfico. En el disco llueven las melodías y lloran los conflictos humanos. Todo llega a un punto de explosión, hay furia en esas acústicas que ni los enchufes podrían expresar. A ratos suena tan atormentado Travis Meeks que todo ese existencialismo le sale de corazón de forma brutalmente honesta dejando su marca impresa con sangre y lágrimas.

El segundo disco de la banda trajo también cosas interesantes. Days Of The New (1999) y el tercero del mismo nombre (2001) fue todo lo que alcanzó a hacer la banda en estudio, aparte de reuniones esporádicas en vivo hasta la junta original de 2014. Pueda ser que esta misma mirada nostálgica que ponemos actualmente en esta excelente placa sea la que sienta el propio Meeks para levantar algo de nuevo, discográficamente hablando.


Por Patricio Avendaño R.

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