“Kasabian”: el refrescante sónico del gran debut

“Kasabian”: el refrescante sónico del gran debut

Lo que vemos acá es una historia que le tomó a esta banda de Leicester, Inglaterra, mucho esfuerzo para ser considerada en serio. Cuando Kasabian llegó con su debut homónimo en 2004, ya pasaron siete años desde su formación como grupo, desde que se llamaban Saracuse. La aparición de este cuarteto hizo pensar a la crítica en ponerle nombre a ese estilo musical, probablemente el resurgimiento del indie rock británico, etiqueta que no le agrada en absoluto al guitarrista angloitaliano Sergio Pizzorno (“odio las bandas indie”, declaró). En la misma tecla, este álbum de Kasabian trajo recuerdos de Primal Scream, Oasis y Happy Mondays, en parte por la sonoridad y en parte por la actitud, encarnada en el carismático vocalista Tom Meighan.

El cuarteto de Leicester, integrado por los ya mencionados Pizzorno y Meighan más Chris Edwards en bajo y Christopher Karloff en guitarra y teclados (y varios otros instrumentos), se dispuso a las órdenes de Jim Abbiss, productor e ingeniero de sonido que cuenta en su currículum el trabajo con Massive Attack (Protection, 1994) y Björk (Debut, 1993), entre otros. Las labores compositivas en Kasabian para este debut se las reparten Pizzorno y Karloff, mientras que el primero de ellos crea armonías vocales con Meighan, uno de sus sellos distintivos. A falta de un baterista, hay tres de sesión: Daniel Ralph Martin, Ryan Glover e Ian Matthews. Lo que se viene son poco más de 50 minutos cargados de rock, electrónica y mucha energía.

El debut homónimo de Kasabian arranca con ese clásico de fiesta que es “Club Foot”, con un poderoso riff de guitarra que arremete tras esa intro de 25 segundos, a veces omitida en la rotación radial. El beat del drum machine ejecutado por Christopher Karloff (quien también toca el bajo) no deja cabezas quietas, y Tom Meighan canta con toda su fuerza, como si se tratara de una proclama. El ritmo se calma un poco en el siguiente track, “Processed Beats”, basado en una omnipresente línea de bajo, guitarra acústica, múltiples capas de sintetizadores y las voces de Pizzorno y Meighan uniéndose en el coro. “Reason Is Treason” arremete con un insistente beat acelerado, que sólo se rompe con la experimentación en guitarra y teclados, retomando el ritmo a la vez que Pizzorno canta “I hear the sounds all around” antes de volver a la voz del cantante.

“I.D.” abre con un loop de teclados en toque retro, a lo que sigue la distorsión en los teclados, configurando una introducción de casi dos minutos antes de que Meighan cante. El quinto track, “Orange”, funciona a modo de breve interludio (apenas 46 segundos) con su atmósfera de fanfarria, para empalmar con “L.S.F. (Lost Souls Forever)”, un single de innegable vocación pop, que eleva a las audiencias con su intenso bajo y su estribillo coreable. Una mezcla de influencias británicas y del Medio Oriente se nota en “Running Battle”, con el toque del sitar en conjunto con los sintetizadores sobre el drum machine.

En “Test Transmission” es la mitad de Kasabian, Sergio Pizzorno y Christopher Karloff, quien toma el control de base rítmica, teclados y guitarras, mientras que el primero ya mencionado es quien canta. El segundo instrumental, “Pinch Roller”, es otro interludio con los sintetizadores como protagonista. La banda completa asume sus respectivos roles en “Cutt Off”, ya con Meighan como vocalista, cantando sobre un científico y sus raros experimentos.

Es necesaria una baja de revoluciones en el debut de Kasabian, en este caso es “Butcher Blues” el track que genera esa atmósfera ensoñadora con sus capas de sintetizadores y guitarras, más el marcado bajo y batería, y un piano al final. Tras esto, la experimentación llega con “Ovary Stripe”, un instrumental con toques de distorsión y solos de guitarra sobre una intensa base rítmica. El tracklist se cierra, en teoría, con “U Boat”, el segundo tema con voz de Sergio Pizzorno, que parte muy calmo y se torna más intenso con el drum machine, para finalizar en una irreal atmósfera de sintetizadores. ¿Pensaron que terminaría aquí? En el reproductor de música, la canción termina a los 4:07, pero a los 7:07 Kasabian nos regala un tema oculto, “Reason Is Treason (Jacknife Lee version)”, un remake más dinámico del track 3, con letras adicionales y más toques de distorsión, omitiendo la parte vocal de Pizzorno. Un cierre a toda máquina para el debut de 2004.

Tras la revisión del tracklist de este álbum de Kasabian, vaya una aclaración. Acá pasamos 13 canciones, que es la lista de la versión original del CD en el Reino Unido, la de portada negra y blanca. Al mercado chileno llegó la versión europea, la negra y roja, que omite “Orange”, “Pinch Roller” y “Ovary Stripe”, quedando sólo con 10 tracks más el oculto. La segmentación geográfica consideró también la versión negra y azul para Estados Unidos y la “Ultimate Version” plateada y blanca para Japón.

En el camino, después del debut, los de Leicester se toparon con malas críticas y con Christopher Karloff dejando el grupo, pero a la vez reclutaron a Ian Matthews como su baterista estable y consolidaron una base de fans creciente dentro y fuera del Reino Unido, acompañado con exitosas giras y algunos premios. 14 años y cinco discos después del homónimo de 2004, Kasabian pasó de ser la promesa del rock británico de mediados de los 2000’s a convertirse en una banda consagrada, que se sostiene con sus enérgicos shows y con su incansable talento. La joya de 2004 es un regalo de Leicester para el mundo.

Por Carolina Plaza Vilches.