Discomanía: “Tragic Idol” de Paradise Lost, la consolidación del sonido pesado de los íconos doom

En su norte siempre ha estado el apostar por la reinvención del death/doom Metal noventero. A través de “Gothic”, “Seals the Sense”, y sobre todo con “Icon” y “Draconian Times”, el status de Paradise Lost se elevó como referente, y su influencia se ha hecho notar en las muchas bandas de este milenio que señalan a los de Halifax como punto de referencia.

Toda su discografía se haya repleta de caminos que han perseguido la renovación, por eso es que algunos trabajos son más electrónicos, otros más góticos, incluso con un touch tecno, y otros se recuerdan gracias al protagonismo de las cuerdas; porque Paradise Lost es solo un ejemplo de muchas bandas que abandonaron el estilo de sus comienzos para retornar, más tarde, a ese punto donde todo comenzó, atendiendo el llamado de la exigente fanaticada metal que, incluso, quiso expulsarlos de sus filas por virar a sonidos más accesibles. Y recogiendo el guante sobre esa crítica algo despiadada, en 2012 apareció “Tragic Idol”, su decimotercer disco de estudio y que fue un intento por sonar mucho más pesado que varios de sus anteriores intentos. La composición, como siempre, corrió a cuenta del vocalista Nick Holmes y el guitarrista Gregor Mackintosh, mientras que la producción estuvo a cargo del prolífico Jens Bogren, conocido por sus trabajos con Katatonia, Opeth y otros, y que se repetía la experiencia por segundo disco consecutivo luego de haber contribuido con “Faith Divides Us-Death Unites Us”, de 2009. La novedad, sin embargo, fue el ingreso estelar de Adrian Erlandsson en la batería, quien había pasado por At the Gates y Cradle of Filth, y que llegaba con la tarea de aportar poderío a la composición.

Instrumentalmente, los 10 temas se acercan más al groove metal y al doom. Por el lado de la lírica, ésta sigue siendo oscura e introspectiva, con ausencia de folk e historias de amor. “Tragic Idol” es atravesado por la cruda realidad.

“Solitary One” es la única canción que hace un uso destacado de los teclados, junto con ser una de las pocas que cuenta con un coro cantado. Debido a estas características, el track de inicio es uno de los temas más instantáneamente gloriosos y marca una excelente manera de introducirse en el álbum. Después de este comienzo, la banda entra en un compromiso con la variedad, la cual se basa en riffs doom y metal tradicional. “Fear of Impending Hell” evoluciona hacia una semi acústica que destaca por su ambientación. “Honesty in Death” es un medio tiempo muy metalero, con un riff inicial que regresa al final y que se siente muy intenso. “Theories from another World” es una crítica sobre la frivolidad de la vida moderna, letra que se despliega en un corte rítmico muy poderoso. “In this we Dwell” es heavy, con guitarras dobladas y puro metal acompasado. Soberbia. “Tragic Idol” es una explosión de guitarras con una vocalización maestra, gracias al estilo rasposo que Holmes venía puliendo desde “Symbol of Life”. Por cada tema orientado al doom, hay una canción cargada de tradicionales riffs, respondiendo así a los amantes de sus históricas y contundentes guitarras y que no veían bien su viraje electrónico.

La hermosa portada también señaló cierto cambio de concepción de las ideas. Fue obra del diseñador francés Valnoir, conocido por su trabajo en la escena Metal con bandas como Morbid Angel, The Black Dahlia Murder, Watain y otros. Con líneas muy elegantes, estilizadas y barrocas, la portada nos inspira arte y sofisticación.

Si hubiera que criticarle algo a este “Tragic Idol”, es que la falta de elementos electrónicos dejó algunos espacios en el aire, en el equilibrio de los temas. Y el efecto que causa es que cada track suena menos instantáneo, menos simple, y requiere de un par de vueltas antes de que se logre apreciar el disco en toda su dimensión. El presentarse como un trabajo a dos guitarras, bajo, voz y batería lo hace denso y oscuro, de escucha exigente, no siendo recomendable para el que quiera iniciarse en la discografía de la banda. Pero dejando la mezquindad de lado, con los años, cada escucha ha permitido develar sus virtudes y ubicarlo peldaños arriba dentro de la rica colección creativa de estos dioses metálicos.

Por Macarena Polanco

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