Disco Inmortal: Scorpions – Blackout (1982)

La primera etapa de Scorpions (1972 – 1978), donde destacó la figura del guitarrista Uli Jon Roth, rindió frutos; pero a nivel de culto, sobre todo en lugares como Europa y Japón, todavía sin rozar la masividad. Con el recambio en las seis cuerdas, se le dio lugar a un joven Matthias Jabs —catalogado por muchos como el Eddie Van Halen alemán, se consiguió darle un refrescante nuevo sonido a la banda. Con ello empezaron los objetivos en miras de conquistar paulatinamente el mercado estadounidense, hasta el momento esquivo, con las placas Lovedrive (1979) y Animal Magnetism (1980). El problema es que no todo resultó cómo lo esperaban, por razones externas; tras su acortado último tour, el cantante Klaus Meine comenzó a resentirse.

Ya de vuelta en el estudio, para grabar su 8° disco, los problemas continuaron. Meine terminó perdiendo la voz, y por algunos doctores fue dado como un caso perdido; debido a problemas de laringe y cuerdas vocales. En tanto, como dato anecdótico, para algunas maquetas de su trabajo sucesor fue llamado el mismísimo Don Dokken; pero jamás pensado como reemplazo.

Tras un respaldo completo del grupo, Klaus se hizo a la idea que no podía echarse a morir: “No tuve más alternativa que asumir el reto. Encontré en Viena un otorrino laringólogo muy popular y capaz, que tenía su consultorio junto a la ópera. Allí iban todos los cantantes, todas las estrellas, y sus retratos colgaban en la sala de espera; así que estaba en las mejores manos”. Por fortuna todo salió a pedir de boca, en la mayor crisis en que se vieron envueltos los alemanes. Tiempo después rememoraría: “Recuerdo bien lo que se decía en la revista Kerrang!, en una reseña sobre Blackout: Klaus Meine tiene nuevas cuerdas vocales, cuerdas metálicas, y está mejor que nunca. Para mí fue como volver a nacer”.

Se terminaron vistiendo de gala el 10 de abril de 1982, para presentarnos Blackout. Grabado principalmente en un estudio móvil en Francia, con su eterno colaborador teutón tras las perillas: Dieter Dierks. La ilustración de la portada, que se volvió icónica, —del que se cree que es el guitarrista Rudolf Schenker, con la cabeza vendada y tenedores en los ojos. Pero lo cierto es que, a pesar de que guarda parecido con el fundador de Scorpions, en realidad se trata de un autorretrato del artista visual Gottfried Helnwein.

A la izquierda la versión original del autorretrato de Gottfried Helnwein.

La patada inicial la da el tema homónimo: Blackout, apagón; potente, rápido, directo y que se convirtió en un infaltable en vivo. En esa misma veta, de gran himno de estadios, le sigue de cerca Can’t Live Without You; quizás un poco genérica, pero que ese coro pegajoso saca el trabajo adelante. No One Like You es la carta fuerte, y uno de los pilares centrales de su carrera. Refiriéndose a ella, en algunas entrevistas, como una canción que en su génesis fue escrita en alemán; y que mucho del sentido original se perdió con la traducción al inglés. Además de tratarse del primer videoclip, de buena factura, que hicieron; filmado en la Isla de Alcatraz.

Continuando la línea de las revoluciones bajas, se hila You Give Me All I Need; para luego dar el mazazo con Now!, que con sus apenas dos minutos y medio pareciera irse entre los dedos. Dynamite es el elemento pesado; donde la dupla de las guitarras, junto a la batería de Herman Rarebell, no dan tregua —mucho menos a la hora en que Klaus se instala con fuerza tras el micrófono. Arizona, de tono más jovial, es una que pasa desapercibida; pero que es muy bien recibida, y agradecida, cuando es tocada en Phoenix o Tucson —de hecho, son los únicos dos lugares en que ha aparecido en concierto.

China White, la más larga empinándose en los siete minutos, a pesar de su base rítmica dura; entra a jugar con sonidos, y elementos, algo más acercados a la psicodelia que cultivaron en los 70’s. El cierre, por su parte, lo otorga el lamento de When the Smoke Is Going Down. Sentidísima, emparentada de cierta manera con Always Somewhere, desmenuzando la vida del músico lejos del hogar —y que en este caso, volviendo al escenario su hogar. La única que, algunas veces, le quita la posición a Rock You Like a Hurricane como la última canción de la noche.

Bordeando los treinta y cinco minutos de duración, Blackout se transformó en la primera picadura a gran escala; con grandes dividendos en el codiciado mercado estadounidense. Se trató de la primera parte de la conquista —que se completaría dos años después, con el multi platino Love at First Sting. Con ese apagón se nos hizo saber que los Escorpiones estaban listos para comerse al mundo por completo.

Disco Inmortal: Iron Maiden – Somewhere in Time (1986)

A mediados de los 80’s, Iron Maiden tenía buena parte recorrida de su camino a la inmortalidad; gracias a su quinta placa, Powerslave (1984). Aquella gira promocional no hizo más que acrecentar el legado, siendo un verdadero tesoro para los fanáticos el World Slavery Tour; del que además salió su primer disco en vivo, el indispensable Live After Death (1985). Con la vara altísima, se fueron al calor tropical de Bahamas; para grabar el trabajo sucesor en los Estudios Compass Point, cómo no con Martin Birch tras las perillas.

Lanzado el 29 de septiembre del 1986, Somewhere in Time se transformó en un golazo nada más mostrando su portada. Derek Riggs, el mejor colaborador gráfico de la Doncella, nos trajo esta vez un futurista Eddie cíborg en medio de la ciudad. Sólo una imagen de alta resolución nos puede mostrar la infinidad de detalles relacionados con la banda —que de hecho también aparece en la ilustración: el cartel de la Avenida Acacia, Long Beach Arena, Rainbow Theatre, el pub Ruskin Arms, un reloj marcando las 23:58, un cine exhibiendo Live After Death, Ícaro cayendo en llamas desde el cielo, un cartel de neón con el Ojo de Horus, el bar Aces High y un largo etcétera.

Se le da el vamos con Caught Somewhere in Time. Con una introducción instrumental pausada, que cambia de ritmo y estalla cerca de los cincuenta segundos. Por duración y sonido roza lo progresivo; en especial por algo que a simple oído se oye a sintetizadores. Y ya lo dijo Bruce Dickinson, inquebrantable, un par de años antes a un fan polaco en el documental Behind the Iron Courtain: “no puedes hacer heavy metal con teclados”. Pero lo cierto es que no se contradijo, puesto que se trata de synth guitars; guitarras que con efectos de pedales adquirían esa tonalidad.

Le continúa el single promocional, que adelantó al disco unas semanas antes: Wasted Years. Uno de los grandes legados, y favoritos del repertorio. Acreditada a Adrian Smith, y cuyo título original fue Golden Years, aborda la alienación y la nostalgia por el hogar; situaciones que arrastraba, junto con los demás, por la vertiginosidad sin respiro desde el comienzo de la década. Sea of Madness entra con fuerza, cabalgando junto a la marca registrada del bajo, abriéndole paso a una que se convirtió en un verdadero himno de estadios: Heaven Can Wait, a tal punto que en vivo cuenta con un coro, seleccionado del público anticipadamente.

Se retorna a la vibra cuasi progresiva con The Loneliness of the Long Distance Runner; otra que se añade a la colección literaria de Maiden, esta basándose en el cuento homónimo de 1959, escrito por Alan Sillitoe —traducido al español como La soledad del corredor de fondo.

Stranger in a Strange Land entró a jugar como el segundo, y último, single promocional. Brillando la base rítmica de Steve Harris y Nicko McBrain, y que al entrar las guitarras se mantiene ese toque primigenio. Pese a que habla sobre un explorador que muere en una expedición al Ártico, resulta muy en la veta cinematográfica, que podría haber acompañado quizás la escena de la Cantina de Chalmun en Star Wars; un cruce de western con ciencia ficción —idea remarcada en la portada del sencillo.

Déjà-Vu, la más corta de la placa con un poco menos de cinco minutos, marca la aparición de Dave Murray compartiendo los créditos compositivos. Y en contraparte, cierra la kilométrica Alexander the Great empinándose casi en los nueve minutos; una reverencia a la vida y obra de Alejandro Magno, en tono de relato épico.

Trabajo bajo mucha presión y estrés, a tal punto que de manera excepcional el vocalista se ausentó por completo del proceso creativo; debido al ya mencionado World Slavery Tour. Citando a Jorge Ciudad, de Rockaxis: “Según el mito popular, Bruce Dickinson perdió una quinta parte de su capacidad vocal tras la conclusión de la endemoniada y demandante gira”. Pero que de todas formas salió un material contundente y sólido como roca —y del que Steve Harris se arrepiente hasta el día de hoy no haber registrado en video; aunque la producción del Spectrum de Filadelfia sí se preocupó de filmar un show para la posteridad. Detalle aparte, pero lo importante es que la Doncella siguió enfilando su racha dorada de los 80’s; que cerraría dos años después, con el monumental Seventh Son of a Seventh Son.

Disco Inmortal: Porcupine Tree – Deadwing (2005)

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Porcupine Tree ya tenía algunos años haciéndose un lugar en el rock progresivo moderno, liderados por Steven Wilson y fue el 28 de marzo de 2005 cuando salía su octavo disco “Deadwing”, que hasta ahora se ha convertido en el más vendido de esta banda y que ya pasó a ser de culto.

Algunos ingredientes del éxito no solo comercial sino en cuanto a composición es que nos indica que este es un trabajo con una dirección clara. El concepto está basado en una historia de fantasmas de un guión escrito para cine por el mismo Wilson y Mike Bennion, además la banda ya tenía algunos años con una formación estable, con Steven Wilson en voces, guitarra y piano, Richard Barbieri en Teclados, Colin Edwin en Bajo y Gavin Harrison en Batería. También cuenta con participaciones especiales -y estelares, por cierto-de Adrian Belew y Mikael Åkerfeldt de Opeth.

Sin duda Deadwing fue un punto alto en la carrera de Porcupine Tree, tanto que actualmente los miembros siguen interpretando sus temas.

La apertura “Deadwing” es sublime, con una combinación de delicadas capas de teclado, con guitarras muy rockeras en un groove con tintes setenteros y los coros etéreos de Wilson que sin tener una voz prodigiosa logra emocionar mucho por la sinceridad que transmite. En esta misma onda le sigue “Shallow”, con poderosos Riffs y un sonido contundente que contrasta con “Lazarus”, que viene a ser el primer bajón del disco, sin embargo al oírlo no se deja de sentir emoción y es inevitable pensar en Radiohead adornado por la melodía de piano.

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El viaje despega inmediatamente con “Halo”, un corte con mucho groove y una voz fantasmal de Wilson que de nuevo, sin ser virtuoso logra producir diferentes sensaciones. Le sigue un tema clásico para los fanáticos, tanto que hasta ahora junto con “Lazarus” sigue siendo interpretado por Steven en solitario, se trata de “Arriving Somewhere But Not Here” que comienza muy sutilmente para luego ir subiendo en intensidad para llegar a uno de los mejores clímax para un tema progresivo. Aquí se puede oír a Mikael de Opeth en los coros y la banda logra rozar por momentos el metal progresivo con un sonido más pesado para luego volver a lo sutil y conectar con “Mellotron Scratch”, que se acerca a un brit pop con tintes rock de muy buen gusto y así siguen con “Open Car”, donde la banda nuevamente demuestra la habilidad para mezclar riffs cañeros con melodías más pegadizas.

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En “The Start of Something Beautiful” nos regalan momentos que hacen honor al nombre, donde destaca la belleza melódica pero también los ritmos de batería irregulares de Gavin Harrison, que hasta hoy son su sello personal, y con la balada “Glass Arm Shattering” cierra el disco sin necesidad de excesos.

Sin duda Deadwing fue un punto alto en la carrera de Porcupine Tree, tanto que actualmente los miembros siguen interpretando sus temas por separado, aunque lamentablemente el giro creativo de Steven Wilson y los compromisos del resto de los miembros hace poco probable una reunión de esta gran banda que junto a otras como Dream Theater, Spock’s Beard o Marillion trajo de vuelta el rock progresivo a comienzos de este milenio.

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Disco Inmortal: Rainbow – Rising (1976)

A mediados de los 70’s, cansado del sonido funk que adoptó Deep Purple; Ritchie Blackmore tomó sus cosas y se fue. Reclutó a Elf, que fueron teloneros de los púrpuras, despidió a su guitarrista y él mismo llenó el espacio que quedó disponible; quedando lista una nueva banda, Rainbow. Con esa austera alineación inicial sacaron su primera placa, Ritchie Blackmore’s Rainbow (1975), con que cosecharon su primer par de éxitos. Pero al año siguiente, se limpió la casa con miras de posicionarse todavía mejor. Se convocó al baterista de Jeff Beck Group, Cozy Powell; Tony Carey en teclados, Jimmy Bain en bajo y el vocalista siguió siendo el mismo: el hasta por entonces poco conocido Ronnie James Dio.

Acuartelados en los Estudios Musicland de Múnich, y supervisados por un viejo colaborador de la etapa de Deep Purple, Martin Birch, en menos de un mes quedó listo el sucesor. El mismo baterista, en una entrevista, contó lo rápido que fue el proceso; hecho en una o dos tomas, con algunas sobre grabaciones posteriores. Salido al mercado el 17 de mayo de 1976, a través del sello Polydor, Rising se volvió icónico nada más mostrando su portada: una ilustración con aire medieval, entre nubes y montañas, para dejar en primer plano un puño gigante sujetando un arcoíris.

Desde el primer minuto, con la apertura de teclado en Tarot Woman, uno pensaría que se enfila a lo progresivo; pero no demora en aparecer el riff de guitarra que le da el paso a una apabullante batería, muy en la línea de Powell. Dio a sus anchas como letrista, orientándose a temas que después lo harían célebre en Black Sabbath y como solista; con tintes épicos y ocultistas, pero por sobre todo con una lírica deliciosa. El resto del Lado A lo completan Run With the Wolf, Starstruck y Do You Close Your Eyes. Medios tiempos más ligeros, de corta duración que se mueven entre los tres y cuatro minutos, pero que no por ello baja la calidad con que venían.

El Lado B sólo cuenta con dos pistas, pero cada una se empina por sobre los ocho minutos. Primero con Stargazer, gran obra cumbre de Rainbow. Aproximándose al heavy metal neoclásico, en especial por el invitado con que se cuenta: ni más ni menos que la Orquesta Filarmónica de Múnich. No hay nada allí que no suene grandilocuente. Con una temática que roza lo etéreo, hubiese calzado perfecto dentro de una película bíblica; quizás alguna de Charlton Heston. Y es que el mismo vocalista se refirió a ello, explicando que se basó en el punto de vista de un esclavo del antiguo Egipto. Volviendo a sus palabras, allí se describe la historia de un mago obsesionado con la idea de volar. Además que, llegando hacia el final, con una sola frase es esta la canción que termina titulando al disco: “I see a rainbow rising!”. Hasta un adolescente Bruce Dickinson, de Iron Maiden, la primera vez que la escuchó lo único que pudo gesticular fue: “Cristo todopoderoso, ¡¿quién es ese?!”.

En tanto, el cierre está a cargo de A Light in the Black. Con un ritmo más acelerado, comparte un vínculo con su predecesora; como el de un pariente poco conocido. Es la conclusión del tema que ya venía trabajando Stargazer; enfocado a la pérdida de propósito de la gente, después de la muerte del mago. Es de esa forma, con un poco menos de treinta y cuatro minutos, que se mostró la cúspide compositiva entre Blackmore y Dio; antes de que la sociedad se quebrase después del próximo trabajo, que saldría el año 1978. Por ello, Rising terminó transformándose en un verdadero material de culto, que fue bien recibido en Europa y Japón; pero que el mercado estadounidense le fue esquivo. Tendrían que esperar hasta 1981, a la llegada del vocalista Joe Lynn Turner, para irrumpir con fuerza hasta la cima; pero eso ya es historia aparte. Por el momento, veamos el imponente arcoíris ascendiendo.

Disco inmortal: Melvins – “Houdini” (1993)

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Muchos músicos a lo largo de su carrera hacen referencia a influencias, pero pocos logran llegar a tener un vínculo cercano con sus referentes. El icono generacional, Kurt Cobain, nunca negó su admiración por el trabajo de Buzz Osborne, con quien mantuvo una amistad, llegando a participar en la producción y también a compartir los créditos como músico invitado en el disco más reconocido de la histórica banda Melvins.

Houdini” (1993) fue lanzado el mismo día que “In Utero” de Nirvana, dato no menor, ya que por esa época, todo lo relacionado a la escena grunge, causaba un gran interés en los fanáticos como en la prensa especializada. Este álbum, es considerado el trabajo más sencillo dentro del catálogo de Melvins, algo muy raro, ya que al escuchar la obra se puede apreciar un puñado de buenas canciones, pero muy poco accesibles.

La maquinaria pesada del Sludge.

El disco abre con la genial “Hooch”, un ejercicio de precisión en donde destacan los riffs de guitarras saturadas y profundas a cargo del pelucón Osborne y la preciosa técnica de Dale Crover en batería. Desde el primer momento, podemos oír esa exquisita mezcla de punk con el distintivo sonido Stoner de Black Sabbath, una influencia más que notoria en el sonido de la banda y un antecedente de consolidación para el estilo Sludge metal.

Night Goat” a estas alturas ya es un clásico, un verdadero combo en el hocico que nos deja viendo estrellas; es de aquellas canciones que escuchas y la reconoces enseguida por su característica introducción con ese sonido de bajo distorsionado. La pista es un himno inoxidable al paso del tiempo, una canción fresca, en donde la banda nos muestra, con mucha simpleza, su enorme técnica a la hora de tocar.

En “Lizzy” nos encontramos con una canción más amable, un tema que da cuenta de esa doble cara de la banda; por un lado está la potencia, pero también la experimentación con distintas influencias. Esto también queda en evidencia en otra de las memorables del álbum, este es el caso de “Going Blind” un cover de la famosa banda Kiss y que Melvins interpreta de buena manera. Si bien no hay grandes innovaciones con la versión original, se debe reconocer, que lo hacen mejor, logrando impregnar mayor intensidad a la calmada melodía.

La agresión se hace presente en una de las favoritas de la fanaticada “Honey Bucket“, es una canción diseñada para hacer que la energía fluya, enriquecida por el sello propio en las texturas de guitarra de Buzz y las sólidas partes de batería del máquina Dale Crover.

Al escuchar este disco, muchas de estas canciones se nos van quedando en el oído, pero esta, es una de las que más logra enganchar al oyente por su onda acelerada y espíritu punk.

La experimentación y un colaborador estelar.

A medida que avanzamos en la escucha, van apareciendo distintos experimentos, tal es el caso de los siete minutos de duración de “Hag Me” en donde Melvins nos entrega un metal lento y denso, pero siempre lleno de vitalidad. En contra parte, nos encontramos con “Set Me Straight” una canción mucho más pegadiza en cuanto a melodía, pero con el mismo trasfondo de riffs potentes.

En “Sky Pup” la agrupación vuelve a la experimentación, esta vez acompañados por Kurt Cobain, quien se hace cargo de la guitarra, en una composición desarmada con una línea de bajo inquieta y poco definida que encaja a la perfección con el sonido demente de la canción.

Otra de las imperdibles en los set de la banda es “Joan Of Arc” que, con un lento vuelo Stoner, se convierte en otro de los himnos de batalla, seguida por un ritual de locura, como “Teet” y ese desagradable acople final de guitarra que la une a la acelerada “Copache” y la rara mezcla de batería y bajo de “Pearl Bomb“, para dar paso a “Spread Eagle Beagle“, una extraña Jam session, junto a Cobain, en donde golpean las percusiones sin una estructura definida, en un cierre de vanguardia para el disco mas “comercial” de la banda.

Es indudable que acá los miembros de la agrupación, lograron realizar un trabajo, en donde quedó plasmado lo mejor de si mismos, pero también es necesario aclarar que lo de Melvins no es algo que va a quedar en la memoria de manera instantánea, si bien “Houdini” es uno de los discos más populares dentro de su carrera, las canciones resultan demasiado disonantes y ásperas, por lo cual se recomienda disfrutar este álbum de melodías infecciosas con precaución y un buen par de parlantes o audífonos de alta calidad.

Disco Inmortal: Alice in Chains, MTV Unplugged (1996)

Pese a que muchos empezamos a querer a Alice In Chains por el peso de sus guitarras y esa desgarradora forma oscura y depresiva de Layne Staley de cantarnos, nunca pensamos tal vez que pudieron hacernos sentir cosas tan gratas también con su veta acústica. Para 1996 los antecedentes estaban claros: con dos EPs donde desataban esta faceta, el “SAP” y “Jar of Flies”, pero también en el más cercano, el álbum homónimo, cosas como “Heaven Beside You” o “Over Now” patentaba cuan bien les quedaba este formato.

Justamente fue aquel álbum, el homónimo, el que les significó una popularidad inusitada, el disco “tripod” que se llamó (de la perrita con tres patas) debutó en el primer puesto en Estados Unidos y consiguió el disco de platino a las dos semanas. MTV no demoró en engolosinarse con ello y acordar con la banda que por esos días brillaba como una de las más importantes del género (luego del triste suicidio de Kurt Cobain dos años antes causando la desintegración de Nirvana) en tomar la bandera del grunge. Su experiencia previa acústica los avalaba, aunque nunca pensaron el impacto que causaría su performance.

Y es que quizá no salió todo tan bien y eso lo mejoró sin quererlo, el desenchufado de Alice In Chains tiene tintes de humor negro. Tiene muchos momentos de equivocaciones y descoordinación gentileza de un débil Layne Staley. Fue negro en todo el sentido de la palabra, había un aura depresiva, velas (al igual que en el de Nirvana) y Layne Staley lucía completamente de funeral, gafas y ropa oscura, se encontraba algo ido, olvidaba letras, pero aun así, logró dejarnos las interpretaciones más bellas que jamás pudiésemos escuchar en un concierto de estas características.

“Over Now” y “The Killer is Me” no fueron coincidencia al ser interpretadas al final. Layne Staley estaba dando uno de sus últimos show con la banda y de alguna manera sentenciando con ese par de temas que hablan de finales y de culpa que todo se debió a él. Antes, las interpretaciones de canciones como “Sludge Factory” (curiosa elección) fue notable, incluso por aquella anécdota de los empresarios de Sony Music y el nerviosismo de Layne que en algún momento te contamos en detalle. Lo mejor, para muchos, es la abrasiva y triste interpretación de “Nutshell”(que maravilloso momento para el grunge y el rock en general este tema y cómo recordamos a Layne siempre con ello).

Alice in Chains con este Unplugged dejaba de manifiesto algo importante: Las guitarras acústicas tienen la capacidad de producir un sonido mucho más hermoso que las guitarras eléctricas, cuando hay alma y pasión en ello. “Angry Chair” es una de las mejores canciones de Alice In Chains, y la razón por la que es tan genial se debe a lo molesto, enojado y deprimidos que suenan Cantrell y Stanley, y ese fue el acierto de este show, se dio la oportunidad de que estas canciones sonaran más sensibles y oscuras aún. “Down In A Hole” es otro ejemplo perfecto.  Layne Staley pese a los impasses que hablamos, en realidad suena muy bien por lo que físicamente estaba en este momento. Quizás el hecho de que probablemente había tanta heroína recorriendo en sus venas en el momento mejoró su capacidad para sonar y deprimirse, lo que a su vez le agregó más emoción a las canciones.

“Brother” y “No Excuses” fueron otras excelentes elecciones y si bien los tambores son una gran parte de la composición de estas pistas, acá se aminorizan pasando a segundo plano, transformándose en una especie de guardianes del ritmo, aunque no podemos decir que sean menos importantes, se suman al trabajo en equipo. Sin el trabajo suave y concentrado de Sean Kinney, no sería un sonido tan hermoso todo esto.

Grabado el 10 de Abril en el Majestic Theatre de Brooklyn, Nueva York, fue emitido por la cadena en Mayo de 1996 y desde ese día para muchos quedó clavado en nuestros sesos y no se nos ha olvidado nunca lo importante que fue para esta banda, y para el grunge y el rock en general. Y porque no fue tan solo un desenchufado, ha sido uno de los mejores momentos de la música de todos los tiempos.

Por Patricio Avendaño R.

Disco Inmortal: The Clash- (1977)

Qué gran año fue 1977 para Inglaterra y para el punk. Este año vio nacer dos de los discos más emblemáticos y definitivos de la primera ola de punk rock hecho y derecho que se desataría en la isla, el “Nevermind The Bollocks” de los Sex Pistols y este gran debut de The Clash, que tuvo en forma varias similitudes con aquel icónico álbum de los Pistols (con quienes giraban juntos en ese entonces), pero que en fondo hurgaba mucho más acerca de la crítica social y el análisis de lo que pasaba en UK y en el mundo.

En comparación The Clash tenía mucho más que decir acerca del descontento social y político. Mientras que Pistols invocaba a la anarquía atorándose en ello sin mayores ideas, solo furia y mugre,  The Clash eran más “correctos” y socialmente conscientes, pero no por eso bajaban unos puños en alto que abogaban por la falta de justicia y reclamaban la abundancia de pobreza por el bien de la revolución. The Clash resumió una imagen del momento, cómo era ser joven en Londres en la década de 1970. “Career Opportunities” reflejaba el desaliento y la falta de oportunidad laboral, las mentiras del estado: (“Every job they offer you is to keep you out the dock/Career opportunities, the ones that never knock”) o “Garageland” simplemente celebra estar en una banda y creer fehacientemente que tu vida es eso.

La portada icónica lo refleja, tres forajidos dispuestos a cantar sobre su mirada outsider y subversiva: Joe Strummer, Mick Jones, Paul Simonon,  y el obviado Terry Chimes (quien no aparece en la portada, por cierto al ser sustituido antes de la edición) pasaron la mayor parte del tiempo en los bares y en los rascacielos del oeste de Londres cuando grabaron este disco. Y era lo que pasaban: enfrentamientos con la policía, enfrentamientos entre blancos y negros, enfrentamientos entre sí. No solo estados Unidos vivió la segregación racial. “White Riot” ejemplifica aquello y la vivencia real de los violentos disturbios sucedidos en los carnavales de Notting Hill de 1976.

Firmaron con CBS y este debut se grabó rápidamente. La crítica abierta a EE.UU. y toda su idiosincrasia con “I’m So Bored With the USA” fue aplastante al principio, sin embargo, en las giras a la propia nación imperialista fue abrazada por los punk rockers, y la banda tuvo los cojones de abrir sus conciertos en Estados Unidos con la pista dejando momentos de antología en sus shows .

The Clash sonaba muy punk en este disco, pero también desde un inicio dio algunas pistas de lo que se convertirían: una banda con distintas influencias musicales; los ritmos rockabilly de Joe, la adulación de Mick por los Stones, Mott the Hoople o  the Faces o el reggae nacido en Brixton de Paul Simonon, es lo que obtenemos en un registro que se abre sutilmente cuando quiere hacerlo.

Canciones como la entrañable “Janie Jones”, la declaradora de principios de “Clash City Rockers” o los coros clásicos del punk como “London Burning” llenaban una especie de lista de himnos el tracklist, además cuenta con un cúmulo de riffs y forma de hacer música que ha sido emulada, plagiada y releída por cuantiosas bandas a través de la historia. El punto de referencia es claro y el inicio de una leyenda, todo un hecho.

Por Patricio Avendaño R.

Disco Inmortal: Tool- “Undertow”(1993)

Antes de las odiseas matemáticas y filosóficas de los aclamados “Aenima” y “Lateralus”, Tool ya daba una primera entrega de poder más “cavernícola” por así decirlo con respecto a esos discos más progresivos y elaborados, pero no menos oscuro y pesado. “Undertow” es el primer LP de Tool y fue parte primordial para el salto de la banda hacia nuevos niveles. Con una rica base de riffs y destreza en batería y bajo, la banda tocaba además temas fuertes como la pedofilia, la decadencia, el alcoholismo y la infame avaricia del jet set californiano.

El antecedente fue bien distante para el año en que fue lanzado: Maynard James Keenan y Adam Jones empezaron a escribir canciones juntos en 1987, y así habían acumulado una gran cantidad de material cuando Tool firmó con Zoo Entertainment en 1992. Dos canciones de Undertow, “Sober” y “Crawl Away”, aparecieron en versiones anteriores. En una cinta demo de edición limitada de 1991 llamada 72826; incluso en “Opiate”, su primer Ep, ya tenían estas canciones construidas, pero prefirieron guardárselas a pedido de las discográficas.

Keenan reveló a Loudwire en 2015 que el álbum le permitió descargar las frustraciones que sentía al tratar de ganarse la vida haciendo escenografías en Hollywood durante los primeros días de la banda. “Me estaba reventando el culo trabajando en escenarios de películas en Hollywood tratando de sobrevivir”, recordó. “La renta era alta y había mucha hipocresía extraña que sucedía tanto con la industria cinematográfica como con la musical. Había un espectáculo completo de perros y pony que me pareció muy incómodo. Entonces, muchas de esas piezas originales fueron inspiradas por ese tipo de energía. La música era emocionalmente impulsiva y muy reaccionaria”.

Mientras el importante track “Prison Sex” se encargaba de hablar de un fuerte tabú hablando desde la perspectiva de un pedófilo y su gusto por los niños y cómo se cierra el círculo completo debido al daño sicológico que aquello causa, “Intolerance”, el track de entrada habla de la paciencia que se puede tener ante un mundo de mentiras y corrupto que irrumpe como el clavo necesario para hablar de toda ese gente que apestó las vidas de los músicos en Hollywood. “Bottom” es otra de sus canciones más poderosas, que contó con el honor de Henry Rollins, en esos años muy en boga por su carrera junto a Rollins Band. En 1993 Keenan dijo a la revista Musique Plus que la presencia de Rollins no fue motivada por un sentido de parentesco artístico, sino que más bien como recompensa por una deuda de póker. “Él tenía una deuda de juego por un tiempo con nosotros”, afirmó Keenan. “Es un tipo de mal jugador de póquer. Perdió mucho dinero… como $3,000. Así que lo clavamos con esto y así es como conseguimos que participara en el álbum”.

Jones, un artista visual con talento, fue responsable de la mayoría del arte de Undertow, incluida la escultura de la caja torácica roja en la portada y las imágenes desnudas de una mujer gorda y un hombre esbelto (lo que hizo que Wal-Mart y K-Mart se negaran a distribuir el álbum) y una imagen de rayos X de una persona con un consolador insertado en su recto. “Me gusta una imagen que te hace sentir incómodo en una mano y es hermoso en la otra”, explicó Jones al Los Angeles Times en abril de 1993. “Algo un poco asqueroso, pero que lo miras de todos modos. Algo que nunca querrías ver, pero es algo hermoso”. Lo cierto es que esta temática siguió desarrollándose en la mente del guitarrista/artista para sendos videoclips de la banda en el futuro: “Schism”, “Stinkfist” y varios más.

“Sober” es otra de las maravillas. Tiene esa dulzura y agresividad que Tool tomó prestado del rock alternativo del grunge de los noventa, pero lo que propuso la banda acá era otra cosa: oscuridad, energía y un “nuevo metal” que vaya como evolucionaría más adelante. La propia “Undertow” es una abrasadora pieza llena de fuerza y vitalidad reunida con locura y delirio.

No dejan de haber algunas curiosidades disipadas por la revista Rolling Stone en algún momento: Durante la grabación de “Disgustipated”, el escalofriante corte de cierre del álbum, Massy se sumó a la pesadilla auditiva de la canción al grabar a Keenan disparando cuatro tiros desde una escopeta a un viejo piano. El guitarrista de la banda de Rollins, Chris Haskett, también rompió el piano con un martillo, ganándose un lugar en los créditos del álbum.

Fue solo el principio de un gran momento para la banda, lo que llevaría algunos años más tarde a lanzar el determinante “Aenima”, una de las mejores placas de los noventa y a alcanzar la gloria del metal alternativo con “Lateralus”. Pese a que podría haber quedado eclipsado en su discografía, al menos desde acá, seguimos respetando mucho a “Undertow” al nivel de catalogarlo como otro Disco Inmortal de la banda.

Por Patricio Avendaño R.