Don’t Go Gentle-IDLES: La vulnerabilidad como contrahegemonía a la toxicidad sistémica

Don’t Go Gentle-IDLES: La vulnerabilidad como contrahegemonía a la toxicidad sistémica

Con un Joe Talbot cansadísimo de la cámara comanda por Mark J. Acher, es que se comienza la arremetida audiovisual de IDLES. Lo que comenzó con la idea de un cortometraje que retratara la esencia de la banda bristolina, terminó siendo el documental que inmortalizó el crecimiento de una banda que se les cerraron muchas puertas en la cara.

Con un ordenamiento cronológico, es que el documental retrata de manera certera y concisa los inicios de IDLES, una banda que sin mayores pretensiones, decidió plantear como base estructural artística la lealtad a la autenticidad, lo que significó por consecuencia, también ser fieles a una idea: cuestionamiento constante al contexto social en el que están inmersos.

Con una introducción al más duro tempo de Colossus, es que se da el puntapié inicial del registro documental que muestra la fortaleza, rudeza, creatividad y crudeza de una banda que encuentra en la música, una ebullición a la vulnerabilidad que significa la existencia misma y un punto de fuga a la presión misma de la masculinidad tóxica en contexto de privilegio europeo.

Tal como se comentaba, los inicios de IDLES se caracterizaron por la complejidad misma de proponer una idea contrahegemónica ante el establishment propio de la escena indie, que por años se interpretó como sinonimia de folk, pop, post rock e incluso soft rock. No obstante, ante este contexto, es que un grupo de amigos -sin eso que llaman “innato talento musical”- se propuso reestructurar las medialidades en las que se configuraba la hegemonía genérica del indie, en palabras del vocalista, las características bandas de indie de los lejanos 2008: “They’re looked good, but sounded so boring”.

Probablemente uno de los aciertos más grandes de este registro, es la participación de Andy Stewart, quien fue el primer guitarrista ornamental de la banda, y a la fecha un gran amigo de la banda. Su salida marca un punto clave en la consolidación del quinteto, puesto que marca un hito en la configuración dinámica y discursiva de IDLES, ya que debido a la presión misma de enfrentarse a escenarios y lo vertiginoso del mundo de la música, es que Andy decidió dejar todo para poner su salud mental en primer lugar, ya que las crisis de pánico y de angustia fueron insostenibles.

Según el relato del irlandés Mark Bowen, es que Stewart comunica su salida con un tímido “We need a new guitarrist”, frase certera que no solo marcaba el fin de la primera etapa de IDLES, sino que también marcaba la importancia del cuidado y protección de la salud mental y también puntualizaba una de los mayores actos de altruismo por parte de Stewart, puesto que dar un paso al costado significaba también permitir al quinteto europeo avanzar al éxito del que hoy ostentan.

La historia de IDLES continuaba, pero ahora de la mano del histriónico y enérgico Lee Kiernan, quién luego de su paso por rehabilitación, decidió sin miedos probar suerte en la banda. La elección de trabajar con Kiernan en la segunda guitarra tiene una carga tan profesional como profesional, puesto que para Joe la presencia de Lee significó profunda admiración a una historia de vida marcada por el daño, ya que el querido minimalista de guitarra rosada logró poner fin a un ciclo de adicciones que la madre de Talbot nunca pudo superar debido al violento impacto de la división sexual del trabajo y los mandatos de género propios de una sociedad patriarcal.

La dialéctica propia de la infinita grandeza imperfecta de la banda originaria de bristol, invita a reconocer en la música una verdadera resistencia a todos los espacios de desigualdad insertos las relaciones de poder. Cada letra es declaración, cada disco es una historia y cada show, una revolución en sí misma. Son sus historias, pero también sus reflexivas las que hoy cuestionan en práctica los purismos propios de las categorizaciones como marcos de acción. Cuestionan también el autoritarismo de las categorizaciones arbitrarias de “talento”, tensionando los tradicionalismos propios del punk, del rock e incluso del metal, puesto que en efecto proyectan en cada mínimo detalle, una posibilidad creativa de sonido, una analéctica en de la emulación del sonido de las y los marginados para darle aquella visibilidad que históricamente ha sido despojada.

AF GANG: IDLES como nexo a la construcción de comunidad musical inclusivas

Durante años comunidades de fanáticos, club de fans, entre otras iniciativas; se caracterizaron por reproducir dinámicas tan republicanas como jerárquicas, tan competitivas, como tóxicas, que instauraron en estos espacios de interacción por comunes intereses, un verdadero reflejo de la burocracia institucionalizada de una sociedad sin alma.

No obstante, con el paso del tiempo la notoriedad de la banda se hizo manifiesta, logrando convocar a gente que quería seguir sus pasos, por lo que las caras en los diferentes bares de Bristol se hicieron conocidas, y las tímidas conversaciones se transformaron en contención ante el dolor. Es por esto que AF Gang, la comunidad de IDLES, nació como un espacio que reconfigura las interacciones insertas en lo digital, priorizando la contención, empatía, cordialidad y el cuidado.

La profundidad de las narrativas de IDLES edificaron en la critica social, una resistencia visibilizatoria ante la profunda crisis interaccional que hoy existe como resultado de la desigual distribución de poder; es por esto que lo que comenzó como un fanatismo, construyó una comunidad hoy cobija a miles alrededor del mundo integrando todas y cada una de las divergentes historias de vida sin violencia, sin presiones, ni represión.

Lo que comenzó como una banda de outsiders, hoy es el soundtrack de vida de muchas y muchos. Lo que inició como un anhelo, hoy para la banda es una realidad cotidiana. La historia de vida que nacía en un lejano Glastonbury donde un grupo de amigos disfrutaba de la música de uno de los festivales más icónicos de la escena musical internacional, el pasado 2019 los tuvo como protagonistas en uno de los escenarios más importantes de aquel festival, siendo este hito en sus carreras, una de las experiencias inolvidables del quinteto europeo, esto debido a que el camino para la agrupación fue largo, muchas veces violentamente discriminatorio, sin embargo, lograron dar voz y presencia a todas y todos los marginados como efecto de consecuencia política, ideológica y personal.

“For a long time, we’ve been ignored and told that we were too fat, too old, too stupid, too ugly. Now we’re being told we’re too good, too nice. This song is a celebration of just how ugly, stupid and old we are”
Joseph Talbot – Glastonbury 2019

Karin Ramirez Raunigg

De música, libros y otras cosas.

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