Dorso cerró el siglo con la clase de “Disco Blood”

Dorso cerró el siglo con la clase de “Disco Blood”

Se habían ganado un nombre desde los pesados años ‘80, y para fines del siglo XX ya tenían una buena base de fans gracias, principalmente, a sólidos discos que mostraban variedad y locura, sin salirse del metal; pero fue con “Disco Blood” cuando realmente podemos identificar una fecha de consolidación de Dorso como una escuela, donde se practicaba y se ejercitaba un estilo que los haría únicos dentro de la escena metalera nacional. A través de BMG, Dorso lanzó este álbum que les dio aún más impulso y en el que se encuentran varios de sus clásicos. “Lesbiánica”, “Disco Blood”, “Alquimia y Búsqueda”, “El Chupacabras”, dictaban una clase de producción y estilo en un momento difícil para el género, pues se notaba un relax en las propuestas y se había caído en la era del metal comercializable.

Lo más interesante de “Disco Blood” es su madurez estilística, lo que permite una experiencia sonora muy atractiva. Es un poco crossover, también tiene death, y trae de vuelta el excelente grindcore de “El espanto surge de la tumba” y que es evidente en “Los voy a agarrar a palos”, por ejemplo. También hay groove, basado en la etapa que vivía Sepultura, e incluso algunos los tildaron de  progresivos. Dorso siempre se las arregló para que sus álbumes fueran inclasificables, pero en “Disco Blood” buscan sonar heavy y más allá, y no tan experimentales como en “Romance”.

Otra  marca de casa y que volvieron a ocupar, fueron las letras. Así, cada canción varía de género y encontramos orgías de monstruos y humanos, como en “Satanica Dirty Slut”, “Disco Blood” y “Lesbianica”, o  monstruos haciendo eso que justamente los consagra como criaturas horrorosas, como en “Chupacabras” y “Abducción”. La ironía y el humor negro están presentes en cada tema de un disco de buena factura y que cierra una trilogía muy exitosa, en cuanto a apelar al relato de historias raras y basadas en violaciones, monstruos, ciencia ficción y  extraterrestres.

En lo musical, consiguieron un buen uso del  gutural, paseándose del grindcore al progresivo, y con un ensamble excelente entre sus piezas, mención aparte para la labor pulcra y detallista del gran Álvaro Soms. La historia le ha dado un lugar a Dorso como insignia del metal chileno, y este “Disco Blood” clausuraba el siglo XX brindando un rato de excelente sonido y fina producción, pero que mantenía la esencia under que la banda representa, además de destacar por su refrescante aporte a la originalidad compositiva y lírica.