Ecos: la vigencia intacta del universo Soda

Ecos: la vigencia intacta del universo Soda

Los sold out masivos que ha tenido esta gira es indicador de varias cosas que se han cruzado y, tras ver el concierto, se han complementado bien: reencuentro, curiosidad, cierto morbo, un cancionero legendario en vivo y la consolidación de la tecnología como eslabón para potenciar la nostalgia. En un Movistar Arena completamente lleno, el espectáculo Ecos volvía a poner en circulación el repertorio de Soda Stereo pero no desde una nostalgia pasiva, sino desde una reconstrucción cuidada y estudiada que tenía el objetivo de reactivar su potencia en vivo. Lo que ocurrió la noche de este viernes 27 no fue un concierto convencional ni tampoco un simple tributo: fue una experiencia que se movió en ese espacio donde la tecnología, la memoria y la música dialogan con el presente con muy buena sincronía.

Sin necesidad de replicar de forma literal a Gustavo Cerati, el show logró evocar su figura a través de recursos visuales y sonoros que funcionaron más como sugerencia que como reemplazo. Esa decisión acertada evitó la caricatura y permitió que el foco permaneciera donde realmente importa: el cancionero histórico de la banda.

Porque si algo quedó claro es que el repertorio de Soda Stereo no necesita artificios para sostenerse. Hay una solidez estructural en sus composiciones que atraviesa décadas, con temas que en su momento definieron una estética y que hoy siguen operando con la misma eficacia, generando una conexión inmediata con un público transversal que descubrió a la banda en distintos momentos. El espectáculo en sí se apoya en una ejecución musical precisa y en una puesta en escena que acompaña la narrativa visual; esta última aporta atmósfera sin eclipsar la esencia; ésta son las melodías y el pulso rítmico tan equilibrado entre sofisticación y accesibilidad, justamente aquello que convirtió a Soda en un fenómeno continental y parte de la identidad del llamado rock latino.

Más allá del despliegue técnico, lo que se vive en Ecos tiene algo de ritual. No es solo la revisión de un catálogo, sino que es la confirmación de que la obra de los argentinos sigue activa en la memoria cultural latinoamericana. En ese aspecto, el concierto funciona como un recordatorio de su impacto, el mismo que marcó una época y ayudó a definir el lenguaje del rock en español. El juego de luces es espectacular en todo momento, la pantalla gigante reproduce figuras, colores, símbolos, siluetas del pasado y, cuando había que usar los lentes 3D, nuestras manos se movían como si quisieran agarrar lo que se proyectaba desde la gran pantalla. En las laterales, Gustavo en casi todo momento; hubo un par de temas donde solo su voz se escucha, pero en la mayoría él aparece desde distintos planos, sonriendo, como era siempre su actitud sobre el escenario.

‘Ecos’, ‘Juegos de Seducción’, ‘Nada personal’, ‘El Séptimo Día’, ‘En la Ciudad de la Furia’, ‘Persiana Americana’, Prófugos’ y otros clásicos llenaron de energía la noche, la cual tuvo dos momentos inesperados y para enmarcar: el cumpleaños feliz que le cantó el público a Charly Alberti (después diría que en los 1500 shows que hizo con Soda, nunca le tocó uno en su cumpleaños) y cuando Zeta asomó en mitad de la cancha para cerrar la noche con los 3 músicos, en perfecto encuadre, al ritmo de la gran ‘De Música Ligera’.

En tiempos donde la tecnología permite reconfigurar la experiencia en vivo, Ecos plantea una pregunta interesante: ¿hasta qué punto la presencia física es indispensable cuando la música ya forma parte del colectivo? La respuesta, al menos por una noche en Santiago, parece inclinarse hacia la permanencia del legado.

Porque si algo demuestra este espectáculo es que Soda Stereo no pertenece al pasado. Sigue siendo, todavía, un sonido en movimiento.

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Macarena Polanco

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