Ed O’Brien – «Blue Morpho»: Entre pasajes ambient y guitarras acústicas

Ed O’Brien – «Blue Morpho»: Entre pasajes ambient y guitarras acústicas

Transgressive Records, 2026

Ser parte de Radiohead es ser parte de la historia moderna de la música. Al mismo tiempo, cargar con esa historia conlleva cargar con las expectativas de fans y oyentes curiosos cada vez que se aventuran a explorar su creatividad en caminos solistas. Ed O’Brien siempre se ha destacado por llevar un bajo perfil en el grupo, a pesar de tener una importancia tremenda, con sus guitarras que elaboran paisajes llenos de colores y sonidos experimentales en donde sus colegas juegan con libertad. Su voz también destaca desde la lejanía, con coros y armonías que dejan ver lo completo del artista. Por esto, cuando se anunció su debut en solitario hace algunos años con «Earth» (2020), fue el momento preciso para darse un espacio y analizar su propuesta, que hoy se expande con «Blue Morph», su segundo álbum solista que explora nuevos matices de su sonido.

El británico siempre se ha distinguido por su amplia variedad de influencias y por su abierta participación en causas sociales y medioambientales, pero aquí se percibe un enfoque más «hacia el interior» e introspectivo. El álbum tiene como centro un núcleo psych-folk donde su voz delicada se mezcla con guitarras brillantes y percusiones envolventes, marcando el tono del disco y mostrando la evolución de O’Brien como solista. Esto se percibe en «Incantations» y “Blue Morpho”, reflejando un viaje desde la oscuridad personal hacia la renovación, inspirada por la conexión del músico con la naturaleza y su proceso de sanación emocional luego de una profunda depresión.

Los sonidos de la naturaleza funcionan como una capa que une los posibles espacios vacíos del álbum, pero los ricos detalles de producción permiten que todo se sienta correctamente cohesionado. No hay excesos de reverberancia, modulaciones o similares; todo se siente en su justa medida para servir a las canciones, como ocurre con la profundidad que representa «Sweet Spot». «Teachers», eso sí, deja una cuota más progresiva con una batería que podría recordarnos a ratos ciertos pasajes de su banda madre, pero con una identidad propia que aquí se suma misterio y mayor movimiento.

«Solfeggio» deja ver el lado más electrónico del músico, con un sintetizador tipo drone que se va fundiendo entre ecos lejanos y ruidos diversos que no explotan en ruido, sino que sólo aportan color a la propuesta, funcionando como puente a otro pasaje más «rupestre» con «Thin Places» y un juego de capas de flautas. «Obrigado» da un cierre con una atmósfera más psicodélica y brasileña, que resalta la conexión de Ed con un país que ha explorado y cala hondo en sus influencias como músico, en un track extenso que se percibe como un vaivén de momentos.

Es preciso recalcar que estamos frente a un trabajo de atenta escucha, y que si bien proponer un trabajo solista, tiene todo un equipo que suma diferentes atributos al sonido final. La producción de Paul Epworth potencia la visión de O’Brien, y las colaboraciones con Dave Okumu en la guitarra, Shabaka Hutchings en los vientos y la Tallinn Chamber Orchestra en diversos aportes instrumentales, reflejan su inmersión en la música como vehículo de transformación y libertad creativa que, incluso, explora un lado audiovisual con un cortometraje que se espera sea publicado para el público dentro de las próximas semanas.

Compartir:
Share

Javier Bravo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *