El fenómeno Geese: No, no es la banda que «viene a salvar el rock», pero de que lo hacen bien, lo hacen muy bien
Hace poco, Yungblud dijo que por favor, dejaran que andar buscando críticos y fans a aquellos «salvadores del rock», como a él mismo se le ha tachado. Incluso con el «elogio» al frente de su cara, el británico dijo que la música en términos actuales está muy apasionante y más que apuntar a una especie de «mesías musical» (y la premisa de que al parecer el rock necesita ser salvado según algunos), las propuestas en distintos géneros de hoy se encuentran en un estado de constante cambio, evolución y creatividad.
Y una de ellas es Geese, la banda que desde hace una década se mueve en un territorio amplio y bien mutante del rock contemporáneo. Su música cruza el indie rock, el art rock, el post-punk y la experimentación, con una actitud inquieta potenciada por guitarras nerviosas, estructuras poco convencionales y un imaginario que oscila entre lo cerebral, la locura y lo visceral.
Nick Cave, a quien le encanta escribir y contar historias dijo: «Me puse los auriculares y puse el nuevo álbum de Geese, ‘Getting Killed'». La primera canción («Trinidad») empieza con Cameron Winter cantando, con su encantadora y lastimera voz: ‘Lo intento/lo intento/lo intento tan duro’, y siento esas sencillas palabras en el alma, porque todos lo intentamos, porque todos nos esforzamos tanto». Cuando la banda empieza el estribillo —¡Dios mío, esos tambores!— y Cameron Winter grita una y otra vez: «¡Hay una bomba en mi coche! ¡Hay una bomba en mi coche!», toda la preocupación se desvanece”, continuó Cave. “Las endorfinas fluyendo salvajemente desde el agua helada, la música recorriendo mi cuerpo, la cafeína, los malditos patos y el cielo embravecido… sin preguntas, sin peros, sin preguntas, sin reservas. Me siento feliz, y esa felicidad es completa e incontestable. Y de camino a casa, voy —con mi hermosa esposa despierta— en este, el mejor día de mi vida”
Desde la herencia neoyorquina evidente de The Velvet Underground, Television y el espíritu garage de The Strokes, hasta la ambición sonora de Radiohead («Taxes») , la psicodelia torcida de Animal Collective («100 Horses») , el groove de Funkadelic y el clasicismo rock de The Rolling Stones, Led Zeppelin y The Beatles. En ese cruce también dialogan con la escena británica más reciente, siendo comparados con nombres como Black Midi y Squid, por su enfoque arriesgado y su constante búsqueda.
El resultado es un sonido que recuerda tanto al rock guitarrero de Nueva York como al dance-punk y la new wave de los 2000, mezclado con momentos de caos artístico y guiños progresivos. Todo convive en canciones que pueden ser directas y pegajosas o densas y expansivas, ideales tanto para la escucha inmediata como para una inmersión más profunda. El máximo ejemplo de ello es lo que al parecer tenemos hoy en día como su obra culmine: «Getting Killed», posicionándose como uno de los mejores discos del año en varias listas. Sí, también en la nuestra.
Una pieza clave de esta identidad es la voz de Cameron Winter, extremadamente versátil. Puede pasar del falsete etéreo al estilo Thom Yorke, a la pose apagada pero brillante de Julian Casablancas o el desvarío de Thurston Moore, o a registros más ásperos y declamados que evocan a Mark E. Smith o Alex Turner, y todo, a veces, dentro de un mismo tema. Esa elasticidad vocal entrega la sensación de que Geese son capaces de estar autoimpuestos a la transformación, capaces de adaptar su sonido y su narrativa a cada idea que se proponga explorar.

