El MTV Unplugged de Korn: el día que el estandarte del numetal desenchufó las guitarras

El MTV Unplugged de Korn: el día que el estandarte del numetal desenchufó las guitarras

Fue una etapa de capa caída de MTV (de la que nunca pudo salir, por cierto) y la cadena trataba de apelar a las glorias pasadas de sus aclamados Unplugged noventeros para llegar a una especie de reflote, pero falló bastante en el intento, arrastrando, a su vez, a una de las bandas más preciadas de la generación del nu metal y otras del emergente rock alternativo y post grunge. En esta etapa Incubus, Staind y, la más robusta e influyente de todas, Korn, llegaban a este formato, y era muy difícil que las canciones que brillaban con esa potencia posicionada en guitarras de siete cuerdas, riffs todopoderosos, tornamesas y slaps de bajo magistrales, pudiera realizar tamaña hazaña. Hubiese sido un verdadero milagro. No lo hizo, pero quizás por la misma historia de Korn y sus caídas, es que es un show de culto al mismo tiempo.

El 9 de diciembre de 2006 se lanzaron al vacío con algo de esperanza. Parece que Korn creía que todas sus canciones sonarían muy bien con un toque tribal y acústico, algo que rara vez funciona estilísticamente y rápidamente se vuelve tedioso en la práctica para una banda de su estirpe. “Got the Life” y “Hollow Life” suenan simplemente apagadas sin el peso que da el enchufe que los respalde, y el gemido nasal de Jonathan Davis es doloroso de escuchar cuando no está rodeado por un telón de fondo apropiadamente difuso ni puede apelar a sus guturales. También aparece el discurso anti-bullying histórico de la banda. Cuando lanzan una versión de “Creep” de Radiohead dedicada a todos los niños que fueron molestados y habla de cuánto lo ayudó a superar los momentos de pena. Hay un dejo de incomodidad, porque ya no es una banda de adolescentes, aunque se entiende el mensaje transversal a las décadas de crecimiento del grupo.

El primer sencillo, “Freak on a Leash” es un dueto con Amy Lee de Evanescence. Si bien la combinación de la amable voz de la cantante puede haber sonado bien en teoría para alguien, combinar esto con una canción que contiene la línea, “A cheap fuck for me to lay” nunca, nunca podría funcionar con ella. Sorprendentemente, lo más destacado del álbum aparece cuando Robert Smith de The Cure se acerca al micrófono; haciendo un dueto en un híbrido de temas de las dos bandas (Korn y The Cure): “Make Me Bad / Inbetween Days” y lo hacen funcionar bastante bien. Desafortunadamente, el resto del disco varía de desigual y no encaja mucho que digamos. No sólo es suave, sino que la música de Korn simplemente no funciona en este entorno, y punto. Korn es una banda agresiva y llena de rabia y angustia, con una energía agitadora, por eso el experimento poco funcionaría. No se puede traducir esto a piano, violín y guitarra acústica. Por más que se intentara, y que tuviera cuidadosos detalles en arreglos orquestales, no hizo historia por calidad, aunque su fanaticada y el propio Chester Bennington de Linkin Park los apoyara desde la audiencia.

Es algo duro ver a Korn cuando tropiezan, pero la verdad es que han tropezado tantas veces a lo largo de su carrera que esto encaja perfectamente con su historia, lo curioso es que los queremos igual, aunque esta vez fracasaron en un nivel más extremo y comprensible porque no era para nada su zona de confort. Ni siquiera Robert Smith, deidad musical a estas alturas, los podría salvar de este barco que ya empezaba a hundirse desde el puerto, o más bien desde su anuncio.

Por Patricio Avendaño R.