Videografía Rock: “Smack My Bitch Up”- The Prodigy

¿Qué tiene que ver la BBC, MTV, una organización feminista y Moby con Prodigy? Es fácil asociar a los dos primeros, pero los demás pueden dejar ciertas dudas.  “Smack My Bitch Up” fue un tema de discusión en el Reino Unido por todo lo que decían sus líricas, poniendo en la palestra la censura y la discusión por su polémico video.

La British Broadcasting Corporation, mejor conocida por sus siglas en inglés BBC fue uno de los primeros medios de comunicación en censurar la obra de los oriundos del condado de Essex. La polémica estaba desatada. El video era controversial y se mostraba una especie de Trainspotting condensado en una secuencia de más de cuatro minutos de duración. Las imágenes golpeaban igual de fuerte que su letra y la cadena de noticias no se quiso prestar para un show que empezaba a tomar forma y fondo. “Change my pitch up / Smack My Bitch Up” (“Cambia mi tono / golpea a mi perra”), dice parte de la escritura de los ingleses y eso ya era demasiado.

Andy Warhol dijo algo así como no hay mejor publicidad que la mala publicidad y eso lo tenían muy claro Maxim Reality, Liam Howlett y Keith Flint. Más de 12 millones de discos vendidos y dos discos de platino solo en Estados Unidos le daban la razón a Prodigy y al padre del Pop Art. Desde el nombre del disco (The Fat Of The Land) que es una frase del político y líder nazi, Hermann Göring y que significa “la grasa de la tierra” que ya daba para polémico este larga duración, pero a la BBC no les importó si eran un éxito en las ventas. Sus fanáticos alegaron censura, pero eso generó más ventas, pero a la vez más y más polémicas.

Moby y unos one hit wonder como fueron los Chumbawamba (“Thubthumping”) destrozaron la canción por su alto contenido de violencia y para qué hablar del clip. Pero eso no fue todo, cuando el video fue estrenado, las grandes cadenas musicales como MTV se negaron a rotarlo en horario estelar (solo en horario am y de forma acotada). El trabajo dirigido por Jonas Ákerlund y que fue protagonizado por Teresa May (no la primera ministra de Inglaterra sino que la actriz) tenía un contenido catalogado como categoría R (adultos), pues se muestra, en primera persona, la vida de un personaje llevada al extremo en la bohemia: drogas, inmoralidad, perversión, alcohol y sexo, son solo un ápice de todo lo que se plasma en cada fotograma.

Kool & The Gang también tiene que ver en esto, pero no por alguna opinión o por salir en el trabajo de Ákerlund y Prodigy, sino que el cerebro beat de Howlett aplicó varios sampleos de la agrupación para sacar la canción y ser posicionada como una de las mejores de la electrónica. Lo anterior solo un matiz para lo que viene. La Organización Nacional Pro Mujeres Now se refirió al nombre del tercer sencillo de “The Fat Of The Land” como una clara agresión a las mujeres y exigió respuestas a sus creadores. “Esta canción es probablemente la más inútil que he escrito. Pero en directo funciona muy bien. A veces las cosas pueden ser tan jodidamente simples que las letras no necesitan una explicación. ¿Para qué explicarlas? O funcionan o no funcionan. Y para nosotros funciona muy bien. Es un tema realmente emocionante”, dijo Howlett, a Addicted To Noise. Y en otra entrevista agregó escuétamente que el título simboliza la “energía extrema”.

El video a lo largo de toda su historia ha sido censurado una y otra vez a pesar de ser premiado. ¿Adivinen quién premió el video de Ákerlund? Sí. MTV, los mismos que lo rotaban en un horario casi irrisorio los galardonó con las estatuillas a mejor video dance y artista revelación en 1998. Pero no paró ahí, pues el reconocimiento va más allá, ya que en una encuesta lo posicionó como el número 1 de los más polémicos de la historia y la asociación que rige para los derechos de autor como es la PRS Music de Inglaterra también le dio el sitial de la controversia, pero 12 años después.

Las muchas teorías conspirativas y filosóficas de la canción y el video son extensas. Encontrar el video en alta resolución y original es difícil, pero siempre hay algún caritativo usuario que lo sube a las redes para que se deleite el público de Prodigy. Y darle vuelta a lo que quisieron mostrar tanto en las letras como en el video es materia hasta de estudio, pero quedémonos con las palabras de Keith Flint: “la gente debe encontrar la ironía a esta canción” y al video.

Conciertos que hicieron historia: AC/DC en River Plate

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Es raro que un crítico escriba sobre AC/DC sin recurrir a las palabras “majestuoso” y “lo más grande”, y es inevitable más aún cuando revisamos un show en vivo frente a 200,000 argentinos

“No hablamos muy bien español”, dijo Brian a la multitud argentina, “¡pero hablamos rock and roll bastante bien!!” y esa noche del 4 de diciembre de 2009 en Buenos Aires se escuchó fuerte y claro, tanto como para dejar registrado, después de 20 años sin sacar un disco en vivo, un espectacular momento para la posteridad y con un renovado material para disfrutar del show a gran escala que llevaron los monstruos del hard rock australiano a Sudamérica ese año.

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Angus Young y Brian Johnson en el Estadio Monumental de Buenos Aires.

AC / DC Live en River Plate eleva el voltaje al cosmos y entrega todo lo que un fanático esperaría de AC/DC: distorsión intensa, voces agudas, cachos de diablo y sí, un Angus Young en gran forma y fondo, el escolar más viejo de la historia siendo sin duda uno de los protagonistas de la noche.

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El set comienza con un montaje en video del avatar de la banda que llega con “Rock N’ Roll Train” y que nos atrapa a través de su gratificante estridencia característica para varias canciones emblemáticas de la banda, incluida la favorita del público: “Back in Black”.

Mientras temas como “Big Jack” ofrecen un descanso refrescante de la sección de ritmo de monstruos del alto voltaje proporcionada por Angus y Malcolm Young, Cliff Williams y Phil Rudd. El espíritu de blues apuesta a los ahora clásicos impulsos hormonales de Johnson y al strip tease de Angus, quienes no dejan de tener una seductora marca en conjunto pese a pasar el medio siglo de vida en aquel entonces.

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3 noches de puro rock vivieron 200.000 personas en el estadio de River

Clásicos tan populares como “Dirty Deeds” y “Thunderstruck” impresionan tanto que cortaban en dos el mar de cabezas de rockeros en una ola de armonías distorsionadas que recuerda totalmente a un juego de fútbol (pues vaya que en este estadio ha sucedido y se han dado grandes historiasde la pasión de multitudes), algo que sirve para demostrar que estas canciones fueron hechas para ser himnos de rock de estadio. Las nuevas canciones aparecen como creaciones nostálgicas actualizadas de su colección de grandes éxitos, sin embargo, ofrecen el mismo nivel aplastante. Johnson continúa constantemente sacando un arsenal aparentemente interminable de chillidos a sus letras machistas imbuidas de sexo, alcohol y fiesta rocanrolera sin fin.

En el momento en que Johnson canta “Hells Bells” al colgarse sobre el péndulo, la admirable energía de Angus se ve maximizada por el moshpit de una multitud. Diez canciones en el concierto y no hay señales de detener a la congregación de hard rockers y menos a estos Big Bosses del rock. Y no es de extrañar que en la multitud encontremos muchos fans metaleros que sonríen a grandes volúmenes y una gran variedad de Milfs que reviven las fantasías de los ochenta en torno a tamaños himnos. La noche era única, especial y un verdadero viaje en el tiempo y el espacio.

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Angus canaliza su rabia usando su guitarra como una ametralladora (increíble, a sus 56 años) a través de un solo de 20 minutos mientras desfila alegremente por el escenario en su famoso paso de pato heredado del gran Chuck Berry. Su hermano, Malcolm, canaliza lo mismo pero muy en su interior, mientras que un “He has the devil in his fingers and blues in his soul!” (“¡Tiene al diablo en sus dedos y blues en su alma!”), suena en la proclama de Johnson mientras se pavonean juntos en el frente. Los ánimos y escenario literalmente se incendian durante “For a Those About to Rock” y los fuegos artificiales señalan el final de una noche llena de poder.

Es raro que un crítico escriba sobre AC/DC sin recurrir a las palabras “majestuoso” y “lo más grande”, y es inevitable más aún cuando revisamos un show en vivo frente a 200,000 argentinos, el cual fue filmado en diciembre de 2009, cuando la banda estaba de gira por su álbum Black Ice, y que en este registro nos llena de inmensidad y nos alegra el corazón de tanta energía y vida reunida.

Con los valores de una producción de una película de Hollywood el film fue dirigido por David Mallet, el concierto fue filmado completamente en HD por 32 cámaras. La impresionante fiesta de guitarras en distorsión continua de 110 minutos muestra el histórico regreso de la banda australiana a Buenos Aires luego de 13 años de ausencia de Argentina, donde atacaron su catálogo de cuatro décadas frente a casi 200,000 fanáticos.

Por Patricio Avendaño

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Conciertos que hicieron historia: Moscow Music Peace Festival (1989)

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Hablar de rock en la Unión Soviética era algo muy difícil, todavía más referirse a los conciertos internacionales; que no llegaban como consecuencia lógica de la Guerra Fría. Pero ya hacia fines de los 80’s el ambiente se hizo más flexible, gracias a Mijaíl Gorbachov que ya daba de qué hablar con la Perestroika y la Glásnot.

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Con aquella situación más favorable, Scorpions dio el primer paso en abril de 1988: diez conciertos consecutivos en Leningrado (actual San Petersburgo), sumando alrededor de 350.000 personas que incluso llegaron desde Siberia. Le siguió una quincena de Status Quo en Moscú (agosto de 1988), una veintena de Yngwie Malmsteen entre Leningrado y Moscú (enero y febrero de 1989) y cinco de Pink Floyd en Moscú (junio de 1989). Aunque se veía abultada la cartelera a primera vista, se trataba de apenas un puñado de bandas (exclusivamente europeas); que aprovecharon la oportunidad que se les dio de llegar hasta allá, y tocaron la mayor cantidad que pudieron. Todo lo demás seguía estando en pañales.

Pero de repente, casi como por arte de magia, apareció en el mapa algo sin precedentes: el Moscow Music Peace Festival, pactado por la fundación Make a Difference para el 12 y 13 de agosto de 1989. Promovida como una cita anti-drogas para la juventud soviética, tomando el peor ejemplo como imagen: estrellas de rock. Por aquel entonces si le preguntaban a la persona tras la idea, el mánager Doc McGhee, respondería que su deseo era entregarle a los rusos su propio Woodstock. Pero por más noble que sonase, hubo mano negra detrás: el hecho fue que estuvo envuelto en un escándalo de drogas; y para evitar la sentencia de cárcel montó este espectáculo, con más de la mitad de los artistas representados por él mismo, para compensarlo.

Pero si había que hacer algo, había que hacerlo en grande. El lugar elegido fue el Estadio Central de Lenin (actual Estadio Luzhnikí), que en 1980 recibió los Juegos Olímpicos, y que en 2018 fue el recinto principal del Mundial de Rusia. En tanto, parte de la logística llegó desde Reino Unido, mientras que MTV se encargó de la transmisión completa del evento con el formato pague-por-ver; además de ser lanzado de manera oficial el VHS/DVD con las presentaciones recortadas.

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Bajo el lema East meets West, y con el pebetero olímpico encendido, se dio el vamos. Una gigantografía roja a cada costado, y el escenario giratorio adornado con estrellas blancas y fondo azul, se recibieron a siete bandas el día sábado, para todas repetir la misma función el día domingo. Y como broche de cada jornada, todos juntos hicieron algunos covers que incluían Hound Dog, Long Tall Sally y Give Peace a Chance; como también Rock and Roll teniendo de invitado especial al hijo de Bonzo, Jason Bonham. Con un estimado combinado de 200.000 asistentes, el festival se aseguró un lugar dentro de la categoría de culto, nunca vuelto a repetir y el único de su especie mientras todavía hondeaba la bandera del martillo y la hoz; más aún si de quienes se habla son nombres inmortales.

Como número de apertura se encontraba Skid Row, que sólo contaba con su disco homónimo lanzado siete meses antes. Desde el primer momento, entró como carta segura el histrionismo de Sebastian Bach; el elemento más destacable de un grupo que recién daba sus primeros pasos, todavía alejado de su gran Slave to the Grind, pero que para la fecha ya tenía sus hits iniciales para defenderse: Piece of Me, Big Guns, 18 and Life y Youth Gone Wild.

Continuando, Gorky Park eran los únicos locales de la parrilla. Formados en 1987, algunos meses antes publicaron su disco debut homónimo (co-producido por Jon Bon Jovi y Richie Sambora). Bang fue su single más exitoso y lo que más se escuchó de ellos en occidente, seguido de Try to Find Me. El resto de su carrera, y el par de placas que continuaron en los 90’s, rozó lo intrascendental; pero este show, que rondó la media hora, fue la mejor tarjeta de presentación en su mejor momento.

Cinderella fue un caso particular: tenían la imagen glam de la época, pero eran un verdadero cañonazo blues que presentaba Long Cold Winter. Y lo dieron a entender enseguida poniendo por parlantes Bad Seamstress Blues, para salir hambrientos a comerse el escenario con Fallin’ Apart at the Seams. Tom Keifer, con su micrófono, como el centro de las miradas; que a punta de agudos se guardó en el bolsillo al estadio completo.

Ozzy Osbourne llegó con No Rest for the Wicked bajo el brazo, y con una banda fresca y renovada: el recién descubierto Zakk Wylde en guitarra, Randy Castillo en batería y el veterano Geezer Butler en bajo. La introducción con O Fortuna, como de costumbre, y el “let the madness begin!” para no dar tregua. Baldazos de agua, material solista, material de Black Sabbath; en una clave un poco más melódica por los teclados de John Sinclair.

Mötley Crüe ya tenía grabado Dr. Feelgood, pero sería lanzado recién un mes después. Por ende hicieron de cuentas como que todavía estaban girando con Girls, Girls, Girls; número que incluía a las coristas vestidas de motoqueras. Quizás la mejor vez que se le escuchó a Vince Neil, que siempre fue el eslabón más débil. Un show sin sutilezas y con la banda a mil por hora, que se afirmó en su repertorio más pesado. Además que, antes de la última reverencia, le tomaron prestada una página al libro de The Who y desbarataron los instrumentos.

Scorpions, en tanto y siempre en gran forma, ya eran superestrellas que volvían de nuevo con Savage Amusement. Saldaron así una deuda, por los conciertos cancelados que no pudieron dar en Moscú un año antes; y de paso quedaron lo suficientemente inspirados para luego escribir Wind of Change, musicalizando de esa manera el final de la Guerra Fría.

Como cabeza de cartel estaba Bon Jovi, que alcanzó la cresta de la ola con Slippery When Wet, ya se encontraba en el Syndicate Tour presentando New Jersey. Jon Bon Jovi tomándose su tiempo, con abrigo y gorra del Ejército Rojo, para entrar desde la pasarela en medio de la cancha mientras sonaba la base rítmica de Lay Your Hands on Me. Muchas veces referido por ellos mismos como el concierto más potente de la gira; destacando la versión de Wanted Dead or Alive, condimentada con una guitarra acústica de tres mástiles cortesía de Richie Sambora.

Por Gonzalo Valdés

Remastered: Víctor Jara. Masacre en el Estadio

El género se hace llamar “rockumental”, pero siempre es mucho más que música. Las historias que de ellos se desprenden, son la banda sonora de episodios divertidos o trágicos, con la bisagra que deja entrar tanto la luz como la oscuridad que cada uno alberga; pero si estos rockumentales tienen un denominador común, este es que todos están siempre envueltos en la fuerza inagotable de la música.

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New York, New York: Las bandas y artistas que se han inspirado en “La Gran Manzana” norteamericana

“I wanna wake up in a city / That never sleeps / And find I’m king of the hill / Top of the heap…” (“Quiero despertarme en una ciudad / Que nunca duerme / Y darme cuenta que soy el rey / En la cima de todo…”).

El extracto recién expuesto es de la canción New York, New York, considerada una de las composiciones más valoradas en la historia de la música y que representa, para muchos, a la ciudad más poblada de los Estados Unidos. Si bien, Frank Sinatra la popularizó, esta pieza fue realizada por John Kander y Fred Ebb para la película “New York, New York” de Martin Scorsese en 1977 la cual fue interpretada por Liza Minnelli.

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Nación Rock Awards 2018: Los 25 mejores discos internacionales de 2018, del 25 al 12, Primera Parte

2018 fue un año algo extraño musicalmente y sobretodo no del todo contundente en cuanto a lanzamientos de rock se refiere, pues no hubo ni siquiera uno o varios discos que nos hayan hecho determinar que fue un año particularmente bueno e innovador, ni menos revolucionario, sino que todo lo contrario, nos costó decidir qué discos fueron realmente dignos para incluir en esta lista, sin embargo, la productividad sí estuvo presente, con muchos discos lanzados  en varios estilos y donde no dejaron de haber algunos más que interesantes.

Sin duda, es la lista más floja de los últimos cinco años. ¿Señal de los tiempos? Hoy en día cada vez nos cuesta ver cosas realmente voladoras de cabeza. El rock actual existe, pero sigue siendo una juguera de estilos que entretiene, pero no haya en gran medida nuevas formas ni propone cambios sustanciales.

Como sea, te dejamos nuestros 25 favoritos. Muchos de estos discos quizá no te volarán la cabeza, pero no dejan de ser interesantes.

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Nación Rock Awards 2018: Los 25 mejores discos internacionales de 2018 – Segunda parte, del 12 al 1

Continuamos con nuestro recuento de lo mejor del año, los Nación Rock Awards. revisa los primeros lugares del ranking.

Por si te lo perdiste acá esta la primera parte de la lista.

Nación Rock Awards 2018: Los 25 mejores discos internacionales del año, del 25 al 12, Primera Parte

12) Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun. – The Smashing Pumpkins

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Cuando nos enteramos de la reunión de tres cuartas partes de la formación clásica de The Smashing Pumpkins, lo primero que se nos vino a la cabeza fueron guitarras y más guitarras. Una nítida vuelta a los sonidos clásicos de la banda anunciada por el single ‘Solara’. No fue así, y lo que recibimos fue un álbum proclive a la canción pop, los teclados, sintetizadores y el gusto por melodías más luminosas de lo que estábamos acostumbrados (¿Qué parte de “Shiny and oh so bright” no captamos?). No nos apuremos, estamos aún frente a un grupo en proceso de re-ensamblaje, que de a poco va recuperando la memoria, y que despacha un LP suficientemente digno para justificar su retorno, pero que aún no supera un gran disco de la era autárquica de Corgan con las calabazas, como fue el tremendo Zeitgeist (2007). Por ahora nos alcanza para hacernos ilusiones, aunque los oriundos de Chicago nos estén diciendo -desde el título y con mayúsculas- que no habrá ningún futuro.

11) Wrong Creatures – Black Rebel Motorcycle Club

Es un poco engañoso este regreso. A primera instancia no te mueve mucho la cabeza, pero a la segunda escucha va por la hipófisis de tu cerebro directamente. Un poco de paciencia y ya está: el rocanrol lisérgico te atrapa, te llena de humo bohemio y te hace volar un rato. Hay una magia en lo de BRMC que no deja de seducir, aun así sea ralentizado o con un pequeño acelerómetro.  También hay grandes coros y ribetes Velvet Undergroundianos increíbles. Quizá lo mejor después de “Howl”.

10) Resistance Is Futile – Manic Street Preachers

Los MSP deben ser una de las bandas más subvaloradas en el mundo. No hay disco en que no encontremos amor por las canciones. Su entrega 2018 rectifica eso y hace honor a su historia. La diversidad y el constante movimiento queda patentado en ese primer track “People Give In”,  donde todo es retro-modernoso con esa fuerza Springsteeniana para agarrarte en sus propios modos y métodos.  Este puesto es un premio a la constancia en que todo suena a clásico estancado y trae a nuestros tiempos esa intención tan The Carpenters con aires genuinos.

9) Queen of Time – Amorphis

La banda repite la fórmula que le ha dado el éxito, pero así y todo, “Queen of Time” se siente como un trabajo que se empinará en el top 5 de su impresionante discografía. Riff ganadores desde el inicio, alternancia entre guturales y voces claras, folk, estribillos elaborados y armoniosos que refinan y mejoran su estilo, señalando la que podría ser una nueva etapa en su carrera, dada esta propuesta más compleja en los arreglos. Con un equilibrado juego de estilos y una línea melódica que fusiona todo, suena novedoso y versátil. “Queen Of Time” tiene la esencia death y deja su huella no solo por su calidad, sino que también por su elegancia y reinvención.

8) The Wake – Voivod

La portada es un llamativo rojo furioso que te señala confusión y caos, una invitación a sumergirte a todo aquello al darle play. En “The Wake”, la guitarra muestra una melodía más clásica de lo normal en Voivod, dejándole el trabajo armónico al bajo, mientras que Snake interpreta en excelente estado y sobresale de anteriores discos. Away le da la guía a cada canción y logra un desempeño de buenas proporciones. En general, el sonido de “The Wake” es limpio, rítmico y se pone encima los cimientos de casi cuarenta años de carrera, pero siendo al mismo tiempo un paso adelante que podría transformarse en un clásico de la banda. Este álbum se sale con la suya y encumbra el nombre de Voivod entre los mejores lanzamientos metal del año.

7) The Blue Hour – Suede

El octavo disco de Suede es un trabajo lleno guitarras ácidas y melancolía. El pop de “Beautiful Ones” o “Positivity” se ha ido y ha dado paso a un sonido orquestal y extravagante. “The Blue Hour” destila imágenes dolorosas, romanticismo y pérdida, todo empaquetado en un gran trabajo compositivo. Gracias a la Orquesta Filarmónica de Praga y al gran Craig Armstrong, más la producción de Alan Moulder (Depeche Mode, Editors, Smashing Pumpkins), la banda se conduce por territorios inexplorados en su discografía y ejemplifica en temas como “Wastelands”, “Life is Golden” y “Don’t be Afraid If Nobody Loves You”, el inicio de un nuevo capítulo.

6) Eat The Elephant – A Perfect Circle

14 años tuvieron que pasar para que Billy Howerdel y Maynard James Keenan dejaran ese estado de animación suspendida en el que se encontraban para traernos material que nos sacara de esa espera infinita por nueva música. En “Eat The Elephant” hay canciones para encontrar al viejo A Perfect Circle y otras para conocer a una banda con algo nuevo que mostrar, pero que mantiene la química como rasgo distintivo, aunque esa química se traduzca en un registro melancólico con melodías y ritmos relajados a diferencia del metal cargado de emociones de sus trabajos anteriores. El regreso discográfico que cualquier grupo desearía, pero no precisamente todos sus fans.

5) Firepower – Judas Priest

Hay que partir porque es increíble que Judas Priest lance un disco a estas alturas de su carrera. Pero no fue un lanzamiento por cumplir nada más. En “Firepower” hay nuevos clásicos, como bien lo dice su nombre hay fuego en todo. “Lightning Strike” es un heavy clásico poderoso que nos remonta al estilo de “Point Of Entry”, la escuela que ellos mismos cimentaron y que ha servido en bandeja a bandas como Death, Slayer o Megadeth. “Never The Heroes” o “No Surrender” nos entregan nuevas glorias llenas de poder y heavy metal sin síntomas de claudicar. Es absolutamente increíble para músicos que promedian los 65 años. Un nuevo regalo de los dioses del metal.

4) Ordinary Corrupt Human Love – Deafheaven

Lo que parecía todavía una fórmula en desarrollo, esta vez parece asentarse con comodidad. El tránsito audaz entre el shoegaze, el pop y el black metal de Deafheaven se abrió paso en los charts con New bermuda, su placa anterior, pero faltaba el paso siguiente, el de la consolidación. La diversidad de sonidos que encontramos en el cuarto disco de la joven banda de San Francisco nos hace estar constantemente preguntándonos: ¿En qué momento viene el despliegue de brutalidad? ¿Ahora viene la calma luego de la tormenta de gritos guturales y guitarras ruidosas? Ordinary corrupt human love es probablemente el disco de rock más entretenido de la temporada, nos mantiene constantemente atentos a lo que va a pasar.  Y eso, en tiempos que se han encargado de poner en tela de juicio el futuro del rock pesado, se agradece con más entusiasmo que nunca.

3) Tranquility Base Hotel & Casino – Arctic Monkeys

Cuando David Bowie se sentó en un piano las cosas en la música cambiaron para siempre. Guardando ciertas proporciones para Alex Turner fue similar. Los demás monos del ártico le siguieron la pista y todo resultó ser un nuevo y gran paso para una banda que en sí, decepcionó a su público purista de los primeros discos, pero que también supo mostrar una veta arriesgada y certera. Si en “AM” habían ciertos guiños de soul solemne y elegancia bohemia, acá eso fue plasmado al cien por ciento, y les salió increíble.

2) Bad Witch – Nine Inch Nails

Una interesante mezcla entre sonidos lo-fi y máquinas por doquier. Bad witch es una nueva prueba de que la exuberante productividad de Trent Reznor en los últimos años no entra en conflicto con la calidad. En seis canciones se pasea por múltiples referencias a las diversas facetas de su catálogo, y algunas visitas al sonido de sus mentores. Momentos iniciales de punk industrial vertiginoso, van cediendo lugar a los clásicos paisajes sonoros de tensa calma, pasando por referencias a Gary Numan y -cómo no- al último David Bowie, el de Blackstar, pero también al trabajo que desarrollaron sinérgicamente a mediados de los 90. Luego de un irregular disco como Hesitation marks, algunos pensamos que el poder de las canciones de un tipo acostumbrado a componer desde el resentimiento y la desgracia comenzaba a declinar.  Hoy Trent Reznor sigue mostrando que lo suyo era más que eso, y que habiendo salido hace años del hoyo negro emocional en el que se encontraba hace 25 años, sigue entregando creaciones en estado de gracia.

1) Egypt Station – Paul McCartney

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La mejor muestra de que Paul McCartney existe es él mismo. Pese a que su último disco apareció en 2013 Macca siempre está en prensa, en nuestras vidas, en el aire. Sea como eterno beatle, como con colaboraciones varias o como en un Carpool karaoke en la TV. Y siempre es bienvenido. Las canciones de “Egypt Station” tienen alegría, payaseo, emoción  y desesperanza, ese ADN disperso de parte del que quizá es el mejor compositor de canciones melódicas de todos los tiempos. Hay remembranza Beatlesca, por supuesto, Wings, guiños setenteros, amor, desamor, es decir VIDA,  por sobre todas las cosas. Alucinante en un veterano que entrega más energía que un treintañero. Quizá no sea el mejor disco 2018, pero es Macca en una esencia con cara antologizada. “Despite Repeated Warning” vuelve a esos cambios bruscos entrañables del “Band On The Run”, pues el disco suena a moderno pero inevitablemente es retro. ¡Es su disco número 17! Hay guitarras medias ácidas, sonidos sesenteros y ese pop adorable de siempre que fue su marca registrada en la banda de Liverpool que engendró música para siempre y de su extensa y productiva carrera solista  (Greg Kurstin, el involucrado que grabó a Foo Fighters hace poco también hizo lo suyo en el álbum), pero siempre guardando la distancia. No sabemos si MacCa volverá a hacerla. Este es un humilde premio a su tremenda trayectoria, pero tampoco es un regalo de fans encaprichados, es un gran disco lleno de buenas canciones y sin duda el mejor del año.