“Fear Inoculum”: La obra maestra de Tool que nos hizo esperar 13 años

“Fear Inoculum”: La obra maestra de Tool que nos hizo esperar 13 años

Finalmente esta ansiedad que nos corrompía el alma ha llegado a su fin. Fueron largos 13 años en que la banda dejó de entregarnos nuevo material, pero al final fueron 13 años importantes, de aprendizaje, en que quizás nos dieron el tiempo necesario de prepararnos mejor ante esto, de indagar en los misterios y enigmas escondidos en sus discos previos, de apreciar su sublime musicalidad, aquellas estructuras matemáticas basadas en conexiones con espirales y la magia mística y artística que los diferencia abismalmente del resto de sus símiles, los mismos años que nos hicieron añorar aún más algo nuevo de la banda, y en que, por cierto, tras el resultado se transmite y perpetúa y con creces en esta nueva entrega. Como se ha dicho por ahí y lo replicamos al cien por ciento: “cada puto día de estos 13 años ha valido la pena”. Tool ha vuelto con una nueva obra maestra, con otro disco que trascenderá a los años, décadas, gracias a su contenido, mensaje y música que se mantiene más viva que nunca y con un sentido de urgencia a los tiempos que vivimos esta vez de forma honesta e intacta.

Con un proceso previo que se hizo más intenso aún hace alrededor de tres años, la banda empezó a flirtear con los fans y la prensa acerca del disco, aunque también la situación llegó a ser algo tensa y cómica: memes, burlas y hasta amenazas de muerte de parte de fans coloreaban de varios tonos esta previa. “Descending” fue lo primero que escuchamos en vivo, entre medio de otras jams de temas que dejaban con angustia a sus fans. La banda finalmente reveló el single “Fear Inoculum” a principios de agosto adelantando la sutileza y maestría en que se contiene primitivamente su regreso, y que sin ser un track demoledor, es un track “Tool” en todo el sentido estricto de la palabra hablando de la decadencia humana, del “veneno” y esa piel escamosa de serpiente que adorna la portada, y vaya que sino el resto del disco no es más que la consecuencia de aquello, de la prestancia de un sonido único en su especie (que no es encasillable en metal alternativo, neo progresivo, rock vanguardista, aunque a la vez todas esas etiquetas son las que se le cuelgan inevitablemente para los necesitados de ello) pero que tantea el espíritu de no andar con “sorpresas” (en el sentido musical de su ADN más que nada), pues Tool sorprende con cada nota que hace, y prácticamente nos vuelca al reencantamiento una y otra vez.

En “Lateralus” nos dejaban un fuerte mensaje de unidad, planteando que todos somos una propia consciencia que debe tratar de respirar en conjunto, acá el mensaje es más urgente y ecológico pero se conecta con aquello: el llamado a despertar ya que nos estamos hundiendo en una crisis humanitaria y de calentamiento global víctima de la avaricia, el consumismo y el alejamiento cada vez más aterrador de nosotros mismos como personas, como humanidad.

Las olas de “Descending”, el sonido de la naturaleza, nos deja tristes notas y la interpretación de Maynard, con aquel dejo de melancolía y angustia por el evento actual mencionado, pero también con llamado a conciencia de que aún estamos a tiempo de hacer algo. La canción está precedida por el sintetizador al estilo Blade Runner de Legion Inoculant y yuxtapone el ruido industrial con el sonido del agua al comienzo, y que es, por atmósfera y despliegue, uno de los temas más progresivos para un disco que, sin duda, llegará a estar entre los mejores de la historia del estilo que hoy en día está destilando muy fuerte, porque su mismo legado sigue siendo replicado, con poca y pseudoaceptable imitación, aunque nunca con la misma calidez y potencia global que lo hacen los genios aquí presentes.

En ‘Pneuma’ tenemos una de las mejores canciones, que va tomando luz y forma a medida que la vamos escuchando: riffs hipnóticos y una estructura muy completa de estos cuatro ases hacen de ello un más que digno track para adentrarse en el disco. “Todos nacemos de una sola respiración”, replica Maynard de quien se ha dicho que no está a un nivel tan protagónico en este disco, pero acá al menos se piensa que sí; si bien no tiene tantas explosiones vocales como en Aenima o Lateralus, canta con alma, pasión y sintiendo fuerte cada palabra que escribe. Pese a que hay un sonido que es muy característico de la banda, hay solos de guitarra en capas mezcladas con teclados que es algo que curiosamente no se ha visto tanto en Tool. Las recaídas de escalas de guitarras son lo más digno de “ver” y por supuesto de escuchar. (Qué lindo escuchar como Joe Barresi forma el disco con un sonido pulcro y justo en medida, escuchar Tool es calidad desde muchos puntos de vista y acá el productor se merece una gran mención).

“Chocolate Chip Trip” te destapa el cerebro, es un viaje a través de sintetizadores, tablas indias y percusiones africanas que nos muestra a Danny Carey como tratando de comunicarse con extraterrestres o algo por el estilo, pero esta vez la tribalidad/espacial lisergicaliza todo en un dulce viaje que sirve de puente entre dos canciones monstruosas. Danny es un tremendo responsable de lo absolutamente grande que es esta banda, su lugar está TAN merecido que destaque, que este trip que nos evoca esas deliciosas galletitas sea tan exquisito como cuando sentimos que las comemos. Monstruo de la batería en la historia del rock.

Hay pequeñas cosas, guiños, conexiones con otras letras que podemos evidenciar y que en un análisis más exhaustivo podremos ir atando cabos, el concepto de Eat The Elephant de A Perfect Circle está latente diciéndonos que la omnipresencia del mensaje de Maynard está en el disco, en Jambi del 10.000 Days también hay otra referencia en “Legion Inoculum”. Definitivamente hay un patrón, un tejido cósmico a través de todo que seguiremos descubriendo. El guiño a Faaip De Oiad, esa extraña base de ruidos ufológicos de Lateralus es evidente, en aquel interludiazo.

“Invincible” es, por mucho, lo que dice su nombre, un tema invencible, con garra y fuerza. Esta canción se convierte en un gran grito de guerra de Tool y propicia para el lucimiento de Justin Chancellor en el bajo y las guitarras ralentizadas, donde luego entra para dejarte alucinado con el clímax de la canción. Justo cuando crees que la canción ha terminado tras esa marcha en trance de riffs de uno de los héroes de la placa como Adam Jones, regresan con otros dos minutos de absoluta pesadez y densidad.

Hay cosas de Aenima, sin duda, de Lateralus, también, ¿Una continuación de 10.000 Days? para nada. Es Tool y por eso nos suena a mucho de ello. Decir autoplagio sería una aberración, pues coexisten estos efectos “mantra” en su género tan único. “Culling Voices” tiene una entrada de misterio, notas estremecedoras, una marca mucho más cansina que tiende a intensificarse y en que Maynard pasa del dulce canto de cisne a esa rabia en que su respiración lo domina todo. Los latigazos de poder de Jones y la normalidad perturbadora es deliciosa.

“7empest” es la gran obra épica de este disco, sin menospreciar las demás. Si nos fijamos todas se mantuvieron en los diez minutos, este tema se tomó la libertad de sobrepasar los 15 justificadamente, es uno de los temas más pesados de la banda, donde la majestuosidad consensuada del cuarteto es el ángel que la mueve, aquellas percusiones magistrales y la sinergia densa como equipo digna de un “Master Of Puppets” de Metallica nos vuela la cabeza. Cuando hablamos que perdurará este disco en el tiempo es 7empest el equilibrio perfecto que de alguna manera domina la placa.

Si de verdad captamos el mensaje, cuidamos nuestro medio ambiente físico, sicológico y humano, este disco estará presente en el tiempo para un final que cada vez es más incierto de la vida de la tierra. Hay muchas opiniones sobre la banda que han creado una cierta odiosidad, sobre que Tool es una banda para seres pensantes e intelectuales, pero la verdad es que siempre, pero SIEMPRE, ha habido mucho corazón en todo lo que hacen. Los postulados de los elementos de la psicología siempre han chocado sobre el hecho de que algunos desarrollamos más el intelecto y otros más el corazón y en eso basan diagnósticos y teorías desde que se empezó a estudiar este campo (que no es mucho tiempo, por cierto, en que las fuerzas cerebrales revolucionarias de personajes como Sigmund Freud o Carl Jung fueron bien ignoradas). Acá la intuición es otro elemento que trata de unir los cabos del concepto de la banda haciendo todo uno.  “Fear Inoculum” es quizás el álbum en que estos cuatro maestros músicos se encuentran en su fase mas intuitiva, los vemos llenos de ganas y energías en que han confiado más en sus corazones que en sus cabezas. Quizá ahora el mensaje es definitivo, urgente y hay que escucharlo sí o sí. Gracias por esta nueva obra maestra, Tool.

Por Patricio Avendaño R.

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