Gorillaz – «The Mountain»: La India y la pérdida como una expansión del interior
Kong, 2026
A veces, la constancia discográfica que ha mostrado Gorillaz en los últimos años, parece esconder la relevancia innovadora que se ha ganado el proyecto al presentar uno de los formatos que le torció la mano a la industria musical a comienzos de los 2000. Por consecuencia, sus últimos lanzamientos no necesariamente han sido bien recibidos entre los fanáticos y la prensa, por lo que las expectativas para el que sería el sucesor de «Cracker Island» (2023) no eran necesariamente altas. Sin embargo, tras las informaciones que comenzaron a circular acerca del concepto que rodearía su nueva obra (teniendo a la muerte y un viaje a la India como fuentes de inspiración), las especulaciones respecto a que la banda traería un trabajo de peso no tardaron en aparecer. Y no se equivocaron. La banda liderada por el siempre inquieto Damon Albarn (responsable de crear un universo lleno de sonidos futuristas para 2D, Murdoc, Noodle y Russel) y el visionario Jamie Hewlett (artista visual que llevó a la vida a estos cuatro icónicos personajes) llega con uno de los discos más completos de su carrera, pero hay que tener presente que «completo» no necesariamente es sinónimo de hits como en antaño; aquí, «completo» puede funcionar como sinónimo para un trabajo bien cohesionado, atrevido en su búsqueda de identidad sonora y, por sobre todo, respetuoso con el camino recorrido.
La muerte de familiares cercanos para ambos artistas se tradujo en viajes a la India. Por consecuencia, la música típica de ese territorio se hace notar desde el principio, con una apertura de track homónimo extenso, y se mantienen a lo largo de todo el álbum, de la mano de distintos colaboradores que hacen resaltar instrumentos que se destacan por su diversidad. La mezcla de sitares, sarods, bansuris (flautas tradicionales de este territorio), tamburas, junto con sintetizadores y beats, crea texturas únicas que van más allá de lo hecho anteriormente por el proyecto. Hay figuras claves en las canciones y que se repiten en más de una pista, como Johnny Marr (figura clásica de The Smiths) y Anoushka Shankar (hija de Ravi Shankar, quien fuera central en el desarrollo espiritual y musical en la era psicodélica de The Beatles). Pero también, la tendencia de la banda que dio forma a colaboraciones estelares en sus discos anteriores con músicos jóvenes o en tendencia, se mantiene y se renueva. Sin embargo, uno de los aspectos más poderosos y llamativos del disco, es el uso de colaboraciones postumas que se registraron hace años. Proof, miembro de D12, quien aporta su voz poderosa en una de las piezas más intensas del álbum, por ejemplo. De la misma forma, Mark E. Smith de The Fall aporta su caractetístico tono lleno de melancolía y se siente con una vigencia poderosa. Pero hay más sorpresas en el álbum para que cada oyente las descubra.
Es preciso recalcar que «The Mountain» es un disco que funciona mejor si se escucha de manera íntegra, con una predisposición a descubrir la amplia gama de detalles que la banda dispone a través del trabajo de producción. Aún así, hay canciones que en sí mismas se destacan y que perfectamente podrían pasar a ser infaltables en sus conciertos, e infaltables para sus fans. «The Happy Dictator» tiene esa vibra a Gary Numan que tanto resaltaba en los primeros discos de la banda, con una contribución precisa de Sparks. Luego de unos minutos, llegaría la que quizás es la canción que condensa de mejor manera la esencia renovada de Gorillaz, con «Orange County», un track sencillo y que a ratos se siente hasta ingenuo o curioso, pero los años de ruedo permiten una cantidad de arreglos fugaces que colorean el track, además de la bien lograda participación de Bizarrap. Lo mismo sucede con «The God of Lying», donde el tono calmo de Joe Talbot de IDLES y la atmósfera reggae cargada a sinterizadores densos, da forma a una canción oscura que no cuesta sentirla parecida a la vibra de «Demon Days».
Las letras en «The Mountain» abarcan temáticas espirituales y cuestionamientos acerca del futuro, la vida, el amor y la muerte. No es menor, si se considera que Albarn y Hewlett ya no son los veinteñeros aventureros de hace algunos años, pues no están exentos a la pérdida en cualquiera de sus distintas formas, y a cómo eso puede ser un detonante creativo. Estas visiones se condensan de buena forma en «The Manifesto», donde Trueno elabora versos introspectivos con un aire esperanzador, pero que sufren un vuelco inesperado hacia un ambiente más sombrío. «Damascus» es otro buen ejemplo de lo anterior y de cómo se fusionan distintas etapas de la banda en algo nuevo, con un track movido, electrónico y donde se deja brillar a Yassin Bey y Omar Souleyman con todo el esplendor que lo ha posicionado cómo figura emblemática de la música árabe.
En adelante, la música típica de la India toma un rol más contemplativo en la ruta del disco, pero en su cierre con «The Sad God» se dejan percibir elementos electrónicos de todo el álbum en general, además de hacer guiños a la apertura de «The Mountain», y enfatizando la idea de ser un trabajo que se puede apreciar mejor si se escucha en su totalidad, con una apertura y deseo de apreciar los distintos detalles presentes.
Cuesta posicionar a «The Mountain» en alguna especie de podio dentro de la carrera de Gorillaz, y no por ser un álbum fresco aún, sino que por las distintas características que lo hacen ser un trabajo totalmente diferente a lo hecho antes por el dúo, pero que funciona. Aún así, es tranquilizante y esperanzador que una de las bandas más innovadoras de los últimos años en términos de propuesta, no pierda su curiosidad ni la chispa que los caracteriza.

