Halestorm en Chile: descarga de rock puro en tiempos agitados

Halestorm en Chile: descarga de rock puro en tiempos agitados

Por Andrés Capilla 

Fotos: Cristian Calderón 

La noche del viernes partió con complicaciones para empezar. Frente al Palacio de La Moneda había manifestaciones y el perímetro estaba cerrado por las fuerzas policiales: rejas, controles y acceso limitado solo para residentes o quienes mostraran su entrada. El Teatro Coliseo, justo en ese punto donde la Plaza de la Ciudadanía suele convertirse en ruido y contingencia, exigía paciencia antes de cualquier acorde. Cruzar el umbral era, literalmente, cambiar de mundo. Afuera tensión; adentro, un refugio de rock.

A las 20:00 abrió la banda chilena Force, que atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. Hace poco ganaron la final sudamericana del Wacken Metal Battle 2026 en Lima, asegurando su lugar para representar a la región en Alemania. En media hora dejaron claro por qué. Glam metal directo, actitud ochentera sin nostalgia forzada y una puesta en escena energética que conectó rápido con el público. Hubo interacción constante, riffs veloces y un cierre con su single “Shine Like Me B*tch!”, suficiente para dejar la sensación de un telón corto, pero convincente.

A las 21:00 fue el turno de Halestorm. Lo primero que golpea es que los discos no preparan para lo que ocurre en vivo. El sonido del Coliseo arrancó algo difuso —una masa compacta donde costaba separar capas—, pero sobre ese bloque estaba la voz de Lzzy Hale, y eso resolvía cualquier problema inicial. Con el correr de las canciones la mezcla mejoró notablemente, pero desde el primer momento quedó claro algo: en estudio Halestorm funciona; en vivo la banda juega en otra dimensión.

La voz de Lzzy es brutal. Desgarradora, potente, con un control que le permite pasar de la furia al matiz sin perder intensidad. Canta, toca guitarra, se mueve al piano y conversa con el público con frases en español que suenan naturales, lejos de la formalidad típica del artista extranjero. Incluso se dio tiempo para firmar agendas de fanáticas entre canciones. No se percibe esfuerzo; todo parece fluir con una comodidad que pocas frontwomen tienen en ese nivel de escenario.

“I Miss the Misery” y “Mz. Hyde” fueron los momentos donde esa potencia vocal se sintió con mayor claridad, aunque el setlist completo mantuvo un ritmo sólido. En guitarra, Joe Hottinger aportó técnica y precisión sin buscar protagonismo excesivo, lanzando uñetas al público junto al bajista en varios pasajes. En batería, Arejay Hale fue puro carácter: energía constante y un solo que terminó con sus ya clásicas baquetas gigantes, un gesto que podría parecer exagerado en otro contexto, pero que aquí funciona porque el tipo lo respalda con presencia.

El Coliseo estaba a media capacidad. En otro concierto eso podría sentirse como una derrota logística, pero Halestorm consiguió algo distinto: llenar el espacio igual. La conexión con el público fue genuina y constante, recordando que la banda lleva más de veinte años de carrera sosteniendo una identidad clara dentro del hard rock contemporáneo.

El show terminó cerca de las 22:30, tras una hora y media sin pausas innecesarias ni discursos largos. El cierre fue simple: un brindis de toda la banda hacia el público. Nada más. Suficiente para salir con la sensación de que hay cosas que el streaming todavía no logra replicar. Un concierto de Halestorm es una de ellas.

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