«House of Cards»: El renacimiento de Amity Affliction se siente con dolor, rabia y apertura hacia una nueva era
Pocas veces un título había descrito tan bien el momento de una banda. House Of Cards o la metáfora de un frágil castillo de naipes que está apunto de desmoronarse habla por sí sola ante la llegada del nuevo disco de The Amity Affliction, después de uno de los periodos más complejos en la historia del grupo: la salida de Ahren Stringer, miembro fundador y voz limpia fundamental de su identidad, sumado al duelo personal de Joel Birch tras la muerte de su madre y la pérdida de un amigo cercano. Incluso el propio Birch reconoció que pensó seriamente en abandonar la banda en 2024. Desde ese lugar nace un álbum guíado por el desgaste emocional real, pero también por la necesidad urgente de seguir adelante.
Musicalmente, el disco intenta abrir una nueva etapa. La incorporación oficial de Jonny Reeves en voces limpias amplía el rango melódico del grupo, mientras Dan Brown empuja la producción hacia un terreno más moderno, aplicando riffs con tintes djent, sintetizadores más presentes y estructuras pensadas para el impacto inmediato. La apertura con “Vida Nueva” y “Kickboxer” funciona precisamente porque muestra a una banda «renovada», agresiva, directa y con hambre, mientras “Reap What You Sow” y el cierre con “Eternal War” recuperan esa violencia emocional que históricamente mejor le ha sentado a Amity.
Por otro lado “House Of Cards” y “Heaven Sent” tienen coros diseñados para quedarse rápido, pero por momentos caen en lo que se ha manifestado desde hace varios años en el metal alternativo/core: recursos demasiado previsibles. “Bleed” y “Speaking In Tongues” intentan empujar el sonido hacia un metalcore más electrónico y contemporáneo, con ecos evidentes de bandas como Bring Me the Horizon, Bad Omens o Architects, pero no siempre encuentran una identidad completamente propia. Ahí el disco pierde parte de su impacto inicial y varias canciones terminan mezclándose entre sí.
Donde el álbum sí mantiene su peso es en las letras de Joel Birch. Su escritura sigue siendo brutalmente honesta al abordar trauma familiar, salud mental, adicción y duelo; el núcleo de The Amity Affliction, y acá vuelve a sentirse todo muy genuino. Incluso en sus momentos más irregulares, el disco transmite que detrás de estas canciones hay heridas reales y no una fórmula prefabricada para sonar “emocional”.


