“Judgement”-Anathema: el último adiós a la época oscura

“Judgement”-Anathema: el último adiós a la época oscura

Music for Nations, 1999

A mediados del año 99 y con el nuevo milenio a la vuelta de la esquina, se lanza el disco que viene a reafirmar la idea que ya se tenía por los trabajos anteriores de Anathema, en el sentido que parecían no seguir una línea definida en cada producción. Que lo único constante en la banda es el cambio; desmarcarse de lo anterior y alejarse paulatinamente de su sonido original, donde todo era más crudo, lúgubre y pesado. Ahora, si pones atención te darás cuenta que ese sonido no iba a durar para siempre, de hecho, siempre había nuevos elementos que dotaban de belleza cada nuevo álbum hasta dejar muy atrás la sombría esencia del doom que los caracterizó en sus inicios.

Hoy nos toca revisar el Judgement, quinto disco oficial de los de Liverpool y pieza definitiva en su lenta metamorfosis, acompáñame.

Para la época del Judgement, la banda pasaba por algunos cambios de alineación que parecían ser la tónica conocida hasta entonces, lo cual es lógico teniendo en cuenta que cuando algunos miembros del grupo querían avanzar a territorio desconocido, otros no estaban muy dispuestos a dejar el sonido que llevaban hasta ahora; además,  hubo varios enroques entre miembros de las bandas que conformaban la escena de esos momentos, como Cradle of Filth o My Dying Bride.

Este disco marca la separación definitiva del sonido de la época clásica de Anathema, denotando esa diferencia incluso más que su predecesor: Alternative 4 (1998). Es cosa de escuchar la apertura del disco. “Deep” comienza con una energía desbordante y una estructura musical muy definida, compacta, e incluso pegajosa que la hace fácil de seguir y difícil de olvidar; sin embargo, no debemos dejar que su ritmo nos engañe. En la parte conceptual, las letras siguen siendo pesadas, abstractas y cayendo muy a menudo en la desesperanza y esa sensación de abandono que si te encuentra volando bajo puede llevarte a una oscuridad que no muestras ante el mundo. Siguiendo con la estructura del disco, es preciso destacar que los primero 4 tracks están conectados entre sí como si se tratase de una sola pieza, en esta primera parte destacan momentos de mucha fuerza seguidos de otros más tranquilos y reflexivos con un bajo poderoso que en alianza con la batería de John Douglas crean la carretera perfecta para que transiten las maniáticas  guitarras de los hermanos Cavanagh, que a ratos dejan el espacio preciso para la oscura voz de Vincent.

Luego, aparece tímidamente “Make It Right”, un poco más oscura, con un sonido más gótico que toma el control a medida que avanza y desemboca en un sintetizador que pierde los estribos, para llegar al final del tema, que lentamente se va apagando para dar paso a una de las canciones mas emotivas que se hayan escrito: “One Last Goodbye”. Aquí hay que detenerse un poco para apreciar la esencia de esta canción que es realmente desgarradora. Dedicada a la señora Cavanagh, madre  de los hermanos Cavanagh, que había fallecido hace poco tiempo y escrita por ambos hermanos. La canción nos habla de la tristeza, soledad y frustración que nos deja la muerte, además de una añoranza que se sabe no podrá ser cumplida. Impactante. Tanto en lo lírico como en lo musical, revela una expresión de sentimiento muy poderosa y conmovedora que va dirigido hacia un ser querido que parte para siempre, dejando un vacío que no se puede volver a llenar. Todo esto queda precisamente plasmado en la última frase de la canción, tan sincera como dolorosa: “I Wish You Could Have Stayed” (desearía que te hubieras quedado).

Bueno, el disco continúa con un tema suave, muy romántico, un piano sólido y un juego de voces que cae perfecto para la canción y que concluye más rápido de lo que uno quisiera, con la participación de Lee Douglas, quien pasaría a la nómina permanente del grupo en el año 2010. De todas formas, el breve descanso llamado “Parisienne Moonlight” abre paso a “Judgement”, vertiginosa y ascendente, sumando elementos poco a poco, dejando espacio al momento más rockero y pesado del álbum, que se extiende con gran energía hasta encontrar un final súbito, como si se hubiera dañado el disco.

“Don’t Look Too Far” abre la parte final, con una melodía melancólica y una lamentada voz que pareciera haber perdido toda esperanza, apoyados nuevamente por la oportuna intervención de Lee Douglas. Con “Emotional Winter” es imposible no pensar en la guitarra de David Gilmour y la influencia que tiene Pink Floyd en Anathema, aunque han sabido manejar esa inspiración para crear algo propio. Las similitudes son más como un discreto homenaje que les permite destacar su propia creación con el particular ritmo de la canción y un toque de oscuridad característico. “Wings of God” aparece como la pieza más larga del disco, tiene una letra que también pareciera tener influencia de los Floyd: “…nadie puede encontrarme aquí, dentro de mi alma”; sin duda, se podría percibir algo de “The Wall”. Finaliza con un prolongado e inspirador solo de guitarra que da paso a “Anyone, Anywhere”, que lanza frases incómodas sobre lo solos que estamos, hasta que deja ver que la pérdida es nuevamente el motivo central de la canción. “2000 & Gone” la pieza final, sin voz y con un renovado sentido de esperanza que no se había visto en el disco, tal vez como una sana resignación y asimilación del dolor que está presente durante todo el viaje, que inspira a mirar hacia adelante, venga lo que venga.

El Judgement es, sin duda, una pieza clave en la transición de estilo de Anathema, plasmando de lleno la conceptualización que se convertiría en algo habitual en las siguientes producciones, es decir, contar una gran historia durante todo el disco. Mirándolo en perspectiva, claro que fue innovador en su momento, pero al comparar con los trabajos que le siguieron es imposible no notar que el crecimiento de la banda ha sido gigantesco en todos los elementos que involucra, dejando al Judgement algunos peldaños más abajo, sin embargo, no se puede ignorar que tiene tremendos temas, que logran emocionar y transmitir ese sentimiento de desamparo que caracteriza al álbum.

La invitación es a no dejar de escucharlo, dejarse llevar por la melancolía que está implícita de forma muy sincera en cada canción, a conocer el contexto histórico para entender la transición que atravesaba la banda y a llamar a tu madre lo más seguido que puedas.

Por Cristóbal Fernández