“Kid A”, aquel difícil e incomprendido niño de Radiohead

“Kid A”, aquel difícil e incomprendido niño de Radiohead

“Kid A” fue el niño incomprendido de Radiohead, salido de difíciles y extenuantes sesiones, luego de una marea de situaciones que dejó el abrumador éxito de “Ok Computer”. Con la banda ya mirando en el horizonte hacia nuevas y distintas direcciones musicales (y cada integrante en una distinta por su cuenta), lo que venía en el futuro de Radiohead era incierto, sobre todo con un errático y depresivo (sí, nuevamente) Thom Yorke, lo cual llegó a causarle un bloqueo creativo atentando seriamente ante el siguiente paso que daría la aclamada banda de Oxford de cara a este nuevo milenio, el mismo período pareado con la incertidumbre mundial del terror del avance tecnológico y la paranoica crisis generalizada de fin del mundo. “Kid A” es un disco absorbente de todo ello y a la vez un ente catalizador.

Por suerte, pese a todo eso, habían ganas de salir adelante. La manera y el foco eran lo difícil. El diario on line de Ed O’Brien es un documento perfecto para conocer los bloqueos con que tuvo que lidiar la banda todo ese verano de 1999 que se extendió hasta la temporada de la misma estación del 2000, presionada por la discográfica y con corto aliento para producir un disco que necesitaba llegar imperiosamente. “Kid A” al principio fue renegado, pero el tiempo y su adolescencia le ha dado la razón completamente y de paso, marcaba la pauta para que la banda terminara de desprenderse de un estilo, pues acá, como nunca, los experimentos electrónicos, la vanguardia, las secuencias, “la música sin música”, fueron parte vital del giro que provocó de forma indolente a sus fans más puristas rockeros, pero que también fue un golpe en nuestras cabezas como diciéndonos “oye, todavía podemos crear grandes y desesperanzadores ambientes y sonidos sin usar guitarras”.

El disco es mucha atmósfera y esa claustrofóbica forma de ver las cosas no iba a ser segregada de estos nuevos tiempos. Si bien suena distinto, el elemento de la desesperación y angustia del OK Computer está del todo dispuesto en cosas como ‘Morning Bell’, ‘How to Disappear Completely’, ‘Motion Picture Soundtrack’ y varias más.

La banda a mitad de camino, mientras unía trozos de temas, discutía bastante: “Hemos estado trabajando en eso desde enero y nada sustancial ha resultado de ello” decía O’Brien en su diario el 4 de agosto del ’99-`, “excepto, tal vez algunas duras lecciones sobre cómo no hacer las cosas. Es como volver a empezar, cuando hicimos nuestros últimos tres álbumes, hubo restricciones de tiempo, pero ya no tenemos estos. ¿Vamos a bajar al territorio de los Stone Roses? el resultado de esta discusión algo franca es que necesitamos un plan y algo para apuntar…” decía el preocupado guitarrista en ese período.

La respuesta al desorden humano y temático que tuvo Radiohead ante su primer disco más “experimental” la tendría Nigel Godrich, productor que ordenó las cosas de algún modo creando métodos: La grabación se trasladó de París a Copenhague, de ahí a Gloucestershire, en Inglaterra, y por último a Oxford, al estudio del grupo, donde ejercicios como separarlos en dos grupos, y que uno de ellos construyera una secuencia básica, sin ayuda de instrumentos acústicos, y se la pasara al resto para que la continuara hizo de Kid A no tan solo todo un invento musical, sino también en cuanto a dinámicas de trabajo, a aprender “a participar en una canción sin tocar ningún instrumento”. Aprendido esto, las canciones, que estaban ahí en la nebulosa de las consolas, computadoras y de sus cabezas, sin pulir ni condimentadas con su aderezo final, empezaron a salir como pan caliente.

Por ahí la cosa fue trepidante en avance, ‘Idioteque’ (quizá el tema más electrónico alguna vez compuesto por la banda) salía a flote, se terminaron las brillantes ‘Optymistic’, ‘The National Anthem’, y ‘Everything in The Right Place’ y todo esa disyuntiva del disco de tres guitarristas haciendo música sin guitarras vio un claro amanecer. La historia la dictó en tinta digital Ed con ese extraordinario diario, y ya con 18 años, tanto canciones como testimonios, cobran un significado mayor, dejándo a “Kid A” como un esencial, junto a su hermano ‘Amnesiac’ (que por cierto se nutrió con un proceso de selección de más de 40 temas facturados en esta difícil cosecha) como dos discos esenciales en su discografía.


Por Patricio Avendaño R.

 

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