Korn en Chile: Santiago ardió bajo la rabia de toda una generación
Una jornada marcada por el frío que sería completamente reemplazado por el calor de las cerca de 55 mil almas furiosas que llenaron el Parque Estadio Nacional.
Fotos: Lotus
A las 17:00 se encendía el escenario de mano de los nacionales Chances, seguidos por Seven Hours After Violet y Spiritbox, cada uno de ellos con su estilo propio y esencia que formaron los primeros moshpits entre el público, preparándolos para la explosión que se vivió a las 21:00.
Con las primeras notas distorsionadas de “Blind”, la locura de esa adolescencia rebelde de antaño comienza a llenar a cada uno de los asistentes que esperaron 9 años para dar un grito colectivo: Estaban listos para el caos de Korn. Las bengalas no tardaron en iluminar general como antesala de un setlist imparable.
“Twist”, “Here to stay” y “Got the life” continuaron con el despliegue atómico de Jonathan, Ray, Head y Munky como las bestias musicales que son en lo suyo. Pero la nota escénica le corresponde al chileno detrás del bajo: Ra Díaz, cuya emoción y alegría por estar jugando de local se transmitía más allá de las notas y las pantallas.
“Clown” coronó la cancha frontal con un fuego artificial, la esperada gaita de “Shoots and Ladders” entra al escenario, Jonathan sorprende cantando “One” de Metallica, el cielo del Parque Estadio Nacional se tiñe de verde con “Coming Undone” y el frío capitalino ya estaba enterrado bajo el calor de las bengalas y aquel aroma entre humo y pólvora que indican adrenalina y que para muchos, es la noche de su vida y una deuda saldada con el “yo” adolescente.
El escenario se enciende en un excelente trabajo de luces con “Reward the Scars”, la reciente novedad de la banda que continuaba con esta fiesta furiosa, pasando por éxitos como “Twisted Transistor”, “Dirty”, “Y’all want a single”, para dar paso a un destructivo encore que hizo a los fans agarrarse más fuerte a las rejas, concentrar las últimas energías en las piernas, dar una mirada de despedida a los compañeros de campo porque todos tenían una certeza: esto iba a explotar.
“4U”, “Falling away from me”, “A.D.I.D.A.S” revivieron la rebeldía noventera, trajeron de vuelta a los ya conocidos lanzallamas de cancha general, para cerrar con el clásico indiscutido: “Freak on a Leash”, con una lluvia de cintas rojas y blancas cayendo sobre un público satisfecho, adolorido, que volvería a sus casas quizás más ligeros, quizás menos enojados, con las molestias de un cuerpo menos joven al día siguiente, pero con la satisfacción de que formaron parte de una jornada histórica.




