La fuerza, la lucidez y la historia de Iron Maiden sellan el brillo de Senjutsu

La fuerza, la lucidez y la historia de Iron Maiden sellan el brillo de Senjutsu

EMI, 2021

El ADN de Iron Maiden se disemina en estas 10 canciones, cada una con distintos guiños al pasado y contando nuevas epopeyas. Tras 5 años de espera, la eximia banda británica ha lanzado un nuevo disco, y solo por aquello, el planeta rock giraba en círculos hacía meses. Y ya con Senjutsu liberado en distintas plataformas, es claro que Iron Maiden no se aleja un ápice de lo que ha sido, creativamente, en el siglo XXI. Desarrollos extendidos, intros acústicas y temas largos han sido el sello desde The X Factor, y más de alguien seguirá extrañando aquellos temas rápidos. Y comprendiendo que ambos tipos de canciones son protagonistas en etapas  diferentes, igual nos planteamos ante este trabajo con las ganas de escuchar un inicio con batería, a lo ‘Be Quick or Be Dead’, pero tras la escucha de Senjutsu, lo que menos podemos decir es que el álbum no emociona ni pone los pelos de punta en varios momentos.

Ni más ni menos que el álbum número 17 de la doncella, producido por el clásico Kevin Shirley, tiene a Steve Harris dirigiendo cuál será el sonido de la banda. Bruce Dickinson, a pesar de los achaques que ha sufrido, corona su trabajo con un gran nivel, demostrando porque fue, es y será uno de los mejores en su arte. Pero el disco no funcionaría sin la solidez del enorme Nicko McBrain y el pack Murray/Smith, a quienes se les unió Janick Gers. Muchos pensarán que tras 40 años de carrera, Iron Maiden puede hacer lo que quiera, pero el dilema entre los deseos comerciales del artista y su necesidad de expresión creativa, es una pregunta que uno se hace antes de disponerse a la música. ¿Senjutsu responde ese conflicto?, veamos.

El tema de apertura tiene un medio tempo ajeno a lo que ha hecho Maiden. Todo viene marcado al son de los tambores japoneses que sirven como introducción, los que muestran el compás del desarrollo del tema. Buen puente y estribillo épico, gracias a un Bruce muy interpretativo. Es una buena canción y se siente en la medida justa para entrar con energía al resto. ‘Stratego’ es muy vieja escuela y recuerda a ‘Ghost in the Navigator’ por la forma en que juega con el preestribillo, estribillo y post. Sigue ‘The Writing on the Wall’ con un aire western gracias a las guitarras country de Adrian Smith y la altura de un Dickinson pletórico. El toque country es bastante nuevo en la banda, aunque recuerda ligeramente al ambiente de ‘El Dorado’. El tema es enérgico y destila gloria, y debiera ser una patada en vivo. Te aseguro que a la segunda o tercera escucha, será tu favorita.

Llegamos a la primera de las cuatro composiciones que firma Steve Harris. ‘Lost in a Lost World’  sorprende por ese inicio de balada, con Bruce cantando muy dulce pero que luego se torna rockero, con un riff simple, que podría ser hasta reciclado; hay fans que nunca aceptarán que aquí es donde Steve Harris quiere estar, y por muy típicas que sean las intros acústicas en canciones de esta duración, estas épicas no se van a quedar estancadas, siempre variarán en distintas direcciones, e intentar diferenciarlas no tiene sentido.

‘Days of Future Past’ tiene el sello de Adrian, desde ese característico riff principal, hasta el ritmo para las estrofas. Es un corte más duro, un grito del Maiden clásico, con el estribillo arraigado en la época moderna de la banda y con Bruce ofreciendo una inmensa interpretación. ‘The Time Machine’ está llena de sorpresas en las seis cuerdas. Riffs, melodías, duelos…aquí, los guitarristas se van a deleitar al máximo. ‘Darkest Hour’ encapsula de gran manera, el enorme dinamismo de Bruce Dickinson, de hecho, encajaría perfectamente en sus álbumes como solista. Es un tema muy atípico de Maiden pero, emocionalmente, estremecedor. Es raro escuchar a Bruce tomar el protagonismo, sin mucha instrumentación compitiendo por la atención. Hay que tomarse el tiempo para digerirlo y ojalá triunfe en el escenario.

Podríamos asegurar que el éxito de Senjutsu será juzgado por sus tres últimos temas, compuestos por Harris en totalidad. Casi 35 minutos se hecha al hombro el eximio bajista y, perfectamente, pueden representar el cenit del disco. ‘Death of the Celts’ parece una secuela de la gran ‘The Clansman’. Tras romper la tensión, se vuelve una canción de dos partes distintas, la última marcada por elevadas pausas melódicas, del tipo ‘The Red and the Black’. Está claro que Steve es feliz componiendo este tipo de épicas y que en directo son importantes, porque obligan a pensar los elementos para representarlas. Sigue ‘The Parchment’, la que guarda un ambiente como sacado de Powerslave , con mucho de The Book of Souls . El medio tiempo se mantiene constante casi toda la canción, mientras Nicko traza cada golpe magníficamente, a la par de enigmáticas melodías y sintetizadores orquestales. Una pieza repleta de detalles, hay que escucharla mucho para captar sus matices.

‘Hell On Earth’ podría ser el mejor corte del álbum; Harris ha firmado una de sus mejores canciones de los últimos 25 años, destacando sus preciosas melodías y como Bruce la hace crecer. Por supuesto que le hace guiños al pasado, porque Maiden se inspira en ellos mismos. Posee algunas de las mejores pausas melódicas de Steve, las que se utilizan de diferentes maneras a medida que la canción avanza en sus 11 minutos. Vocalmente, es otro punto álgido de Senjutsu, con el dramático gruñido de Dickinson que se luce de forma visceral, siendo una interpretación muy apasionada. Quizá no haya novedad, pero sí hay perfección en la ejecución, tanto así que si éste fuera el último disco (que el diablo se haga el sordo) y ésta fuera la última canción registrada en un álbum original, sería una magnífica medalla a su carrera.

Senjutsu es un disco para escuchar con tranquilidad, para degustar y disfrutar de su cantidad de matices ocultos. Difícil que salga un himno y que muchos cortes se agreguen al setlist en vivo; pero eso no es que lo que busca la banda hoy en día, porque la velocidad hace tiempo que dio paso al buen gusto y a la calidad, más aún si el protagonismo está centrado en Steve Harris, quien hace una labor soberbia. Smith, siempre correcto y aportando algunas novedades, y Bruce suena como un mago sabio, muy de la mano con la imagen que nos delata esa cabellera plateada que hoy luce. Tras 40 años defendiendo su bandera, muchos encontrarán cansancio en esta escucha, pero eso es justamente el mejor aliciente para Iron Maiden, porque lo asumen como un desafío para seguir creando, dentro de lo que quieren seguir haciendo y con el mensaje que quieren entregar, el cual hoy refiere a la energía que emerge de la naturaleza y que alimenta el espíritu de ese Eddie samurai. ¿Podemos responder la pregunta que hicimos al inicio?, creo que es mejor esperar que esa pugna se dilucide en un próximo capítulo (disco) de esta espectacular historia de la doncella.