Liam Gallagher: Un rockstar para todos los tiempos

Liam Gallagher: Un rockstar para todos los tiempos

La nostalgia volvió a tomarse otra noche de concierto. Un público de edad acotada y representante absoluto de lo que fue vivir la adolescencia y juventud en los ’90, se dio cita en un Movistar Arena lleno de tope a tope, lo cual podría ser una sorpresa ya que Liam Gallagher tiene una carrera solista corta y acarrea aún el mal sabor de boca de Lollapalooza 2018. Entonces ¿Por qué estaba repleta la arena?: porque es un Gallagher y eso es suficiente para que los noventeros no quisieran perderse la posibilidad de, ahora sí, ver su show completo. 

La vida después de Oasis no ha sido fácil para él. Es cierto que la tóxica relación que tiene con su hermano ha captado la atención de los fanáticos por años y nos ha distraído de sus respectivas propuestas solistas, incluso, el rumor del regreso de Oasis es uno de los más insistentes del planeta rock y Liam es su principal impulsor. Por eso estaba lleno, pero no solamente porque sabíamos que el setlist estaría poblado de Oasis, sino que también porque él, como figura irreverente, en momentos en que el rock/pop ya no genera ese tipo de artista, llama poderosamente la atención.

Liam Gallagher llegó a Chile iniciando su gira por Sudamérica y luego de editar un muy buen disco, C’mon You Know, con un éxito formidable que quedó constatado con dos conciertos multitudinarios en Knebworth Park, el parque más grande de Inglaterra y donde Oasis  había convocado 250.000 personas en inolvidables jornadas de 1996.

Absolutamente puntual, a la hora programada, empezó a sonar el cántico de los campeones de Manchester, mientras una pantalla gigante reproducía un vistoso video con todo tipo de imágenes del artista mezcladas con-imaginamos- adjetivos que él mismo considera como propios: leyenda, majestuoso, zen, jedi, ícono. El cantautor inglés, que ha sido muy bien tratado por la crítica, desplegó simpatía, comunicación, mucha actitud y conexión con la gente, adornando su presentación con simplicidad, sin sus típicos lentes oscuros pero con su pelo a lo John Lennon, sus manos tras la espalda y un sonido despampanante.

Realmente se hace acompañar por músicos de excepción. El público se entregó desde el inicio e hizo el coro junto a ‘Wonderwall’, ‘Supersonic’, ‘Rock n Roll Star’, la inmensa ‘Slide Away’, una apertura espectacular con ‘Morning Glory’, ‘Stand by Me’, mientras que las más nuevas se hicieron notar como propuestas radiables pero cargadas de ritmo: ‘Wall of Glass’, ‘Soul Love’ (de Beady Eye), ‘More Power’, ‘Everything’s Electric’, del nuevo disco, junto a ‘The River’ y ‘Once’, de su disco anterior, también de muy buena crítica. El setlist ratificó que es un artista con trayectoria y que sus shows pueden ser excelentes; en este caso, el aura noventera replicó lo que ha sido esta gira, un repaso de su trayectoria como solista pero también poniendo fuerte énfasis en el extinto conjunto que tuvo con su hermano, haciendo un cierre glorioso con ‘Champagne Supernova’, no sin antes pasar por ‘Live Forever’, la cual tuvo que empezar de nuevo en el único ‘momento Liam cuático’ de la noche. Toda la época dorada del What’s The Story (Morning Glory) y Definitely Maybe se hizo presente en su voz reposada, que recuerda al niño malo que se destacó por sus travesuras, el cual no ha abandonado a este hombre de 50 años recién cumplidos, pero que se nota relajado, simple, sin tomar ninguna pose para ninguna foto.

El gran desafío para un artista de la generación de Liam Gallagher es no vivir de la nostalgia, no depender de sus viejos fans y de los hijos que se suman a la herencia respetando la tradición. En este show había pocas poleras de Oasis y casi ningún padre/madre junto al hijo traspasando la posta de un ritmo que se fue hace rato y que se quedó en discos a los que Gallagher dio voz y fama. Este show de 17 canciones (la gira europea fue de 20 temas) lo mostró afirmado en su estilo de canto único, de propia impronta y confiado en su perfil provocador.

Liam todavía seduce porque aún cobija al joven de los ‘90 en forma y fondo, aunque ya cuenta 50; él es una estrella de rock para todos los tiempos, lo fue en su gran pasado y lo va a seguir siendo en su esplendoroso y creativo presente, y aunque sabemos perfectamente cuál es su legado, ahora se sitúa en una etapa nueva que le permite demostrar todas las condiciones que tiene para seguir pisando los primeros lugares de los rankings y seguir presentándose en los sitios más importantes. Vale repetir la muletilla de aquello de saldar la deuda, porque fue un show acotado pero brillante, cautivador, de calidad, que refleja las etapas que aún le quedan por cumplir y a veces da la sensación de que recién está empezando, pues su enorme presencia necesita estar adornando el presente y con As you Where y C’mon You Know como punto de partida, solo va a seguir floreciendo.

Macarena Polanco

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