Living Colour en Chile: Culto a la maestría

Fue casi una década que los separó de aquel notable concierto en el Teatro Teletón, donde su visita estuvo marcada por un regreso discográfico (“The Chair in the Doorway”) luego de muchos años y donde, pudimos ver, con una edad mucho más madura, a estos cuatro cracks del poder instrumental y la puesta en escena neoyorquinos en un show que sin duda nos quedó en la retina.

Es por ello que las expectativas estaban altas, también esta vez regresaban con un nuevo disco bajo el brazo, “Shade”, un disco que sigue la senda del poder emanado de las brillantes guitarras del capo Vernon Reid, algo de lírica contestataria y sobre todo, bastante empuje y actitud en sus canciones. Y Qué mejor forma de demostrar su placa y su vigencia que ese impresionante show de anoche.

Con “Running with the Devil” de Van Halen de intro, como aleonando a este “big four” de músicos de color, hacían su aparición con todo el estilo del mundo en un Teatro La Cúpula que sirvió lo justo y preciso para crear un acalorado ambiente con las estupendas interpretaciones de los músicos, que por cierto, se ven en una forma asombrosa pese a su edad. Importante detalle es el de Corey Glover, quien nos deslumbró con una voz sublime, con esta especie de verdadero don que tiene, gritando, realizando juegos vocales muy exigidos, cantando en clave góspel y no fallando en ninguna. Doug Wimbish, el sólido bajista pareciera no envejecer; Will Calhoun en batería nos demostró una fuerza intempestiva en los tarros y Vernon Reid, el profesor, qué decir, él es un maestro de la guitarra y esos sonidos que le sacó a la suya y los solos imposibles sólo podían venir de parte de un hombre que no ha hecho más que enriquecerse de conocimiento en el dominio de las cuerdas con el paso de los años.

Con un arranque blusero, el show nos decía mucho de lo que sería: lo experimentados que son y el alma que pusieron en cada momento. ‘Preaching Blues’ sonaba para dar el paso a un concierto que trató de equilibrar con un set que varió entre las nuevas canciones y lo clásico, pero que también vino a celebrar los 30 años de su gran debut “Times Up”, que tanto en su arranque como en el tramo final tuvo su momento de clímax tremendo. ‘Middle Man’, ‘Funny Vibe’, ‘Desperate’, ‘Memories’ sonaron en su alucinante arranque, todo tocado con tal destreza que cada músico entretenía demasiado con sus talentos y sobre todo, porque el sonido fue arrollador, desde un inicio hasta las poderosas notas de la despedida.

Cosas como ‘Freedom of Choice’ o la pendenciera ‘Who Shot Ya’ del nuevo disco fueron interpretadas de forma brillante con la solidez vocal de Corey Glover, un verdadero maestro, que se dio el tiempo para interactuar bastante con el público, llevándose todos los elogios en los comentarios post show. Doug Wimbish tuvo un brillante momento cuando interpretó su solo de bajo (que parecía de guitarra) reverenciado por el propio Glover como uno de los mejores del mundo, a lo que sonreía con humildad total el hombre de las cuatro cuerdas y Will Calhoun, al final, como diríamos en nuestro coloquial “se fue en volada” casi destruyendo su batería por extensos minutos y ponerse a jugar con percusiones secuenciadas y sus propios juguetes de percusión alucinantes.

El set elegido para el final fue maravilloso: ‘Wall’ nos dejó medios pegados al techo, llena de efectos, la insana y repetitiva frase “The walls between us all must fall” hipnotizándonos a todos, mientras instrumentalmente desvariaba todo. ‘Ignorance is Bliss’ fue una delicia del “Stain” desempolvada y de ahí en más cosas como la muy funky versión de ‘Glamour Boys’, una que no podía faltar, nos sacudía e invitaba a bailar como lo hacía el propio Glover en el escenario. ‘Love Rears Its Ugly Head’, otro gran clásico y la rápida y furiosa versión de ‘Type’ con un arranque reggae metido empezaban a rematar con clase un show asombroso. ‘Elvis is Dead’ gritada a todo pulmón por la audiencia, ese tema poderoso del debut era unido con ‘Hound Dog’ del mismísimo Elvis para patentar aún más un show para no olvidar.

El final llegaba y no podìa quedar fuera ‘Cult of Personality’, con Corey bajando a mezclarse con el público, saludando y mostrándose totalmente abierto y afectuoso, un hombre lleno de alma y cariño, al igual que sus compañeros para entregar música. Luego del alucinante solo de Calhoun la banda regresa para abrochar con Rock’n Roll de Led Zeppelin, un cover como dejando claros los principios de “Rock” en todo el sentido de la palabra de la banda. Un show lleno de sangre y pasión y la banda demostrando que no hace más que crecer con el paso de los años. Simplemente inolvidable.

Por Patricio Avendaño R.

Fotos: Christian Hernández

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