Mark Lanegan en Chile: El peso de la trayectoria

Con un final vibrante y un invitado de lujo como Alain Johannes el crooner demostró, nuevamente,  su calidad en vivo en  Club Subterráneo

El regreso de un artista que tiene muy bien ganada su fama de rey de los conciertos íntimos, de la atmósfera provocada en reductos pequeños, de clubes y bares o este espacio en el Club Subterráneo como lo fue en este caso, que normalmente funciona como Discotheque ahí en Orrego Luco, pleno corazón de Providencia.

Y sí, también tiene esa capacidad de convocatoria ganada con los años y el peso de una tremenda trayectoria y trabajo sin descanso, lo de llenar sus recintos y transmitir una vibra impresionante que en simbiosis con el ambiente del “club chico lleno” actúan produciendo algo muy especial, potenciado todo sin duda por esa voz absoluta, carrasposa y fúnebre que no expira con el paso de los años. Si bien las visitas en estos últimos años han sido constantes, con su nuevo álbum “Gargoyle” se presentó esta nueva oportunidad y el público nuevamente respondió, pese a que esta vez, no todos los que estaban ahí se preocuparon mucho de lo que estaba pasando adelante, pero es un mal menor que suele suceder en ciertos recintos capitalinos.

Un show solemne como siempre, esta vez en formato trío junto con el guitarrista Jeff Fielder, músico de sesión que lo ha acompañado también en algunos de los últimos discos de su carrera (Imitations, Phantom Radio) y Shelley Brienne, encargada de los teclados y baterías secuenciadas y que acompañaba en coros y voces en ciertos temas (jugando el rol de PJ Harvey en ‘Hit The City’, por ejemplo) y que lograba darle esta cuota de sensualidad a un show que ya lo es por sí solo, con esta especie de electro blues gótico en que nos sumerge Lanegan, sobretodo, en esta pasada, donde se podían vislumbrar arreglos interesantes (como ocurrió, efectivamente, con canciones como ‘Come to me’, o ‘When your number isn’t up’), aunque fue algo que también se le pudo haber sacado más provecho, el trabajo de sintes a veces era algo plano, al igual que las guitarras. Faltaron más matices.

Hubo grandes momentos, “joyas”, las preciadas canciones de “Bubblegum” nos emocionaron como la siempre poderosa ‘One Hundred Days’, la mencionada ‘Come to Me’ o la intensidad de ‘Strange Religion’ (finalmente sonaron cinco de aquel disco, como concediéndole el lugar de fundamental dentro de su discografía, sin duda).


¿Sería el momento de escuchar en Chile ‘Hangin Tree’ con Lanegan al micrófono? Era ahora o nunca. Y la hicieron, y fue maravilloso.


Pero también hubo sorpresas, variedad, y es que el show de Lanegan, pese a ser de una sola línea en que se mantiene el tono sombrío, que es y será siempre su factor diferencial, se dio el tiempo para deleitarnos con interpretaciones sublimes de temas de Nancy Sinatra (‘You Only Live Twice’) o ‘On Jesus’ Program’ de O.V. Weight. Los tonos subían, sus expresiones vocales se volcaban apasionadamente a ratos y a la multitud no le quedaba más que dejarse impresionar por su talento.

Hacia el final quizá no nos vimos venir que pasaría lo mejor:  ¿Sería el momento de escuchar en Chile ‘Hangin Tree’ con Lanegan al micrófono? Era ahora o nunca. Y la hicieron, y fue maravilloso. Resultante de aquello es la versión más intensa y con más mística de esa canción, de todas las versiones que hemos escuchado en Chile (con QOTSA, con Johannes tocándola solo, y con Johannes tocándola como trío). El componente Lanegan fue magistral. E irrepetible. Y tan solo tener al frente junto a tales monstruos de la música y la composición, y con TANTAS historias y vivencias detrás se tornó algo casi surreal. Johannes, un experto en arpegios de guitarra, hizo gala de aquello además para una inolvidable versión de ‘I Am The Wolf’.

Lo que pasó anoche fue una muestra clara de cuando una colaboración es más que una colaboración improvisada, cuando la colaboración adquiere todo el sentido en la canción interpretada. Cuando Johannes entró a escena el concierto cambió por completo, la música empezó a sonar con un peso impresionante, se notaba demasiado la simbiosis de ambos músicos, el trabajo de tantos años.

Quizá este extraordinario final nos deja lo mejor, que sin desmerecer lo entregado en toda la jornada, puede quedarnos en la retina como uno de los mejores momentos vividos por el maestro en vivo, que ha llegado a un nivel de productividad y creatividad único en los últimos años y da la impresión que lo seguirá haciendo por muchos más.

Por Patricio Avendaño
Agradecimientos:  Felipe Godoy

Fotos: Carlos Müller-Lotus

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