Mikael Åkerfeldt y la regla de dejar de escuchar música para «parecer cool», sino solo porque simplemente te gusta la buena música
Entre los muchos nombres que suele mencionar cuando habla de música, Mikael Åkerfeldt no siempre apunta al metal. El líder de Opeth tiene fama de ser un oyente obsesivo —coleccionista de miles de vinilos y curioso permanente— y dentro de ese abanico de posibilidades apareció hace poco un nombre inesperado para muchos de sus seguidores o del género progresivo más duro: Skator.
Pero primero: ¿Qué es Skator? Es el proyecto de la compositora sueca Lina Högström, una propuesta que se mueve en coordenadas muy distintas al metal progresivo. Su música se apoya en piano, guitarras acústicas y arreglos mínimos, con una fuerte carga melancólica y letras introspectivas. Discos como År desarrollan un folk atmosférico que avanza con calma, muy ligado a la tradición escandinava de canción íntima. Si tuviéramos que compararla con algunos artistas más conocidos, sería la desnudez más folk de Sharon Van Etten o José González, pero en clave mística nórdica. En esta vereda más amplia otros nombres que ha citado como influencias han sido Nick Drake, Scott Walker, Fairport Convention, Comus, Abba, Stevie Wonder y The Beatles.
Aun así, ese contraste es lo que ha cautivado a Åkerfeldt. En varias entrevistas ha explicado que su relación con la música nunca ha estado delimitada por estilos y que hace tiempo le importa poco jactarse de su «sabiduría musical» ni para complacer a sus circulos mas cercanos al metal. “Para mí solo hay dos tipos de música: buena música y mala música”.
Y aquella frase, que ha repetido en distintas conversaciones a lo largo de los años, resume bastante bien por qué un artista asociado al metal extremo puede sentirse atraído por un proyecto folk como Skator. Åkerfeldt también ha hablado muchas veces de su costumbre de escuchar música fuera del circuito metalero, especialmente rock clásico, psicodelia, folk europeo o pop de los años 60 y 70. A lo largo de su discografía, ha combinado momentos de death metal con largos pasajes acústicos, influencias del rock progresivo setentero y arreglos cercanos, efectivamente, al folk. Y sin ir más lejos, algunos guiños de ello podemos escuchar en ciertos discos de Opeth como en «Heritage» o «Sorceress».
“Ya no escucho música para parecer cool… Simplemente me porque me parece buena música.” dijo a Music Radar en 2010.
“Escucho de todo. Mucha gente cree que solo oigo metal, pero en realidad escucho mucho rock antiguo, folk, progresivo… muchas cosas diferentes”. Si algo me emociona o me parece interesante, no importa el género”.
Ese parece ser su manifiesto con respecto a la música, quizá algo de lo que todos deberíamos aprender.


