Muse en Chile: Volviendo al futuro

Muse en Chile: Volviendo al futuro

Pocas bandas pueden echar mano a sus fantasías y desarrollos conceptuales y plasmarlo en la cancha (y en este caso en el escenario) tan bien como lo hace Muse. Es casi un capricho, una obsesiva ambición. Tal cual como las obras de Roger Waters, Jean Michel Jarre o quizá a menos escala los perturbadores—pero no menos impactantes—relatos visuales de Steven Wilson, para Muse la puesta en escena en vivo es sumamente importante y desde hace varios años se plantearon como desafío instaurarse como uno de los números más espectaculares del planeta, proponiendo las ideas Orwellianas, las distopías y los escenarios retro futuristas que tanto los apasionan.

Pero, ¿Qué necesita un alucinante concepto para que se pueda desarrollar bien en vivo, posando toda su gama de recursos sin que sea un acto banal o que se quede solo en las luces? Tres músicos aplicados y dispuestos a todo como Matt Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard, tres jinetes del apocalipsis espacial que llevan sus instrumentos a un grado superlativo, pasando de técnica progresiva a una disco llena de synth pop, new wave y sci-fi con claras reminiscencias ochenteras y dotando al show de una energía y movilidad dignas de admiración. No fue Bellamy el único protagonista —claramente sí en gran parte con sus apariciones desde la plataforma del fondo de la pasarela, el segundo escenario, haciendo sus aplaudidos solos de guitarra escuela Brian May—, pero también vimos al baterista desplazándose mucho ejecutando percusiones en bombos gigantescos y al sólido Wolstenholme, moviéndose y entregándonos las efectivas líneas de bajo que el sonido de Muse requiere.

La gira de Drones fue la pionera en la potencia inmersiva de la banda, y fue solo cuestión de tiempo, nuevas ideas y tecnología para ya volverse completamente virtuales. Simulation Theory, el disco y tour nos impacta con las temáticas de las realidades virtuales como una película, como dijimos, retro-futurista, que fue el concierto en sí y donde estas nuevas melodías pop, suaves y electrónicas interactuaron a la perfección con cosas como Madness (con las letras de la canción proyectadas en los lentes de Matt Bellamy), la siempre motivadora Uprising, Supermassive Black Hole y Psycho, pistas que siempre sonaron con aquella pomposidad. El show, mientras se complementaba con bailarines/trompetistas disfrazados de una especie de escuadrón post apocalíptico que visitaron el escenario y la protagónica pasarela frecuentemente (trajes anti radiactivos, máscaras luminosas, armas de humo y hasta algunos percusionistas en las alas laterales del escenario se vieron) iban desfilando al ritmo de clásicos como la desatada e infalible Hysteria, la adorablemente estridente Plug in Baby, la inspirada Time Is Running Out (sonó impecable) y la magia de Starlight seguida con las palmas de un público fiel y ya muy satisfecho a esas alturas.

En su punto culminante, un enorme borg alienígena gigante irrumpe desde el escenario, agitándose en el aire, abriendo y cerrando su hocico xenomórfico cada vez más enojado a medida que llega el denominado Metal Medley, que entrega una gama de canciones de artillería pesada como Stockholm Sindrome, Asassin, Reapers, New Born y The Handler. Acá llegaba el momento en que simplemente no podíamos creer lo que estábamos viendo. Como si eso fuera poco la épica de Knights of Cydonia abrochaba con su cabalgata farwest espacial, cantada por toda la audiencia en una jornada llena de impacto, mucho rock y emociones.

La experiencia Simulation Theory de Muse es fascinante. El espectáculo se va tornando tan trepidante como estar viviendo en un mundo de realidades virtuales al mejor estilo Spielbergiano, nuestro propio Ready Player One; eso, sin dejar la música, el complemento con que muchos de los que estuvimos tuvimos una razón de fondo para verlos y que estuvo realmente a la altura y servicio del grandilocuente espectáculo.

Por Patricio Avendaño R.

Fotos: Jerrol Salas 

Patricio Avendaño

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