Nickelback: «Feed the Machine» (2017)

Nickelback: «Feed the Machine» (2017)

BMG, 2017

Anda con el cuero duro, las aguantan todas. Porque si hay un nombre en la escena rock que siempre está siendo blanco de críticas y de raros estudios que en nada ayudan a su popularidad, esta es Nickelback. Este 2017 decidieron alejarse de la polémica y editaron su noveno trabajo de estudio, con el que están haciendo noticia gracias a una propuesta basada en buenos riffs y las típicas baladas- sello de los canadienses.

“Feed the Machine” tiene mucho de la fórmula que utilizaron en los ‘90 y 2000 para alcanzar notoriedad y, sin ser completamente novedoso, se saca el polvo de encima y resurge de las dudas que dejan algunos temas. Fue escrito por Nickelback y coproducido con Chris Baseford (colaborador de Slash y Rob Zombie) y se inicia con el ritmo de “Feed the Machine” un tema desafiante y guitarras apresuradas. Tiene el tono agresivo y la estructura radiable de varios tracks ya escuchados en el exitoso “Silver Side Up”, por lo que los fans amarán este comienzo. “Coin for the Ferryman” sigue la misma línea poderosa y se encarga de hacer menear tu cabeza.

Luego, la parada obligada: la power ballad. “Song of fire” baja revoluciones y se encasilla bien dentro del tratamiento que la banda le ha dado a los temas más lentos. “Must be Nice” retoma la velocidad de la mano de un groove interesante y una batería rápida y muy protagónica; el coro es súper preciso y ayuda a la canción a no perder fuerza. “After the rain” es otra balada típica, pareciera que la hemos escuchado mil veces y pasa más inadvertida. “For the River” vuelve a tomar los riffs por asalto y muestra una estructura melódica parecida a lo que traía el “Dark Horse” (2008): inicio rápido, riff glam, fraseo entrecortado y súper pegajoso al oído. Y por esto mismo, de repetir una ecuación, te sorprendes de que sea disfrutable. “Home” y otra balada, de la cual rescatamos el coro y la voz impecable de Chad Kroeger, el cual se desempeña de excelente forma frente al micrófono. En la recta final del disco, no resulta tan beneficiosa para el análisis esta propuesta de intercalar baladas con temas rápidos, ya que los veloces tienen mejor producción, mientras que los lentos se quedaron atrás en novedad y pierden fuerza.

“The Betrayal Act III” es un track más complejo porque busca sonar diferente; finalmente, se acoge a una línea más metalera, al son del tambor de la batería que resuena con suma potencia. Tiene fuerza. Y el cierre es con “The Betrayal Act I”, el que brinda un deguste instrumental. Es un tema exploratorio, una cara distinta y acústica que busca dejar la sensación de que el álbum ofreció una variedad dentro de la clásica estructura de los canadienses.

Si lo comparamos con sus placas previas, “Feed the Machine” deja una huella más pesada y energética, pero si el objetivo era refrescar el sonido y acallar las críticas, esto se logra a medias. Si bien la voz sigue desplegando poder y los riffs desatan una buena dosis de vértigo, el aporte más novedoso vendría por el lado de la lírica, la que trata de inclinarse a la crítica social y a despertar la conciencia acerca de la politización de la sociedad, eso es lo que se podría señalar como novedad, porque así y todo, el disco brinda momentos desiguales.

Macarena Polanco

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