“Opus Eponymous”: el ritual de iniciación de Ghost

“Opus Eponymous”: el ritual de iniciación de Ghost

Una banda revelación, de la reciente década pasada, fueron los suecos Ghost. Formados en 2006, recién cuatro años después hicieron gala de su ópera prima: Opus Eponymous —“Trabajo auto titulado” en latín; llegado a estanterías el 18 de octubre de 2010. Desde ya mostraban su mejor carta de presentación: el magnético vocalista Papa Emeritus, que con cada siguiente producción encarnaría diferentes secuelas del personaje. Allí ya predominaba en la siniestra portada de tono verdoso, que usó de influencia un afiche de la mini serie de televisión Salem’s Lot (1979) —adaptación de la novela homónima de Stephen King (1975).

Pese a lo visceral de la entrega, había muchos elementos que llamaban la atención. Partiendo por el hecho que todos mantenían ocultas sus identidades, como antiguamente lo hizo Kiss: los instrumentistas, encapuchados, haciéndose llamar Nameless Ghouls —cuya única información que se maneja es que no siempre han sido los mismos; en tanto el líder, apostado tras el micrófono, recién reveló su identidad en 2017 —y no por propia voluntad, debido a que fue demandado por ex-integrantes. Él respondiendo al nombre de Tobias Forge —que además cumplió la labor de productor; con anterioridad participó en efímeros proyectos del norte de Europa, lo más destacable siendo un pequeñísimo paso por Crashdïet.

La imagen desde el primer momento fue importante: un llamativo shock rock de la escuela de Alice Cooper o King Diamond, cuyos shows eran ambientados como una misa negra. La música en tanto, pese a tener inclinación satanista, siempre gozó de mucha melodía radial; pudiendo recordar a Blue Öyster Cult. Nada más basta escuchar la apertura instrumental, apoyada sólo en el órgano, de Deus Culpa que desemboca a Con Clavi Con Dio; áspero inicio con el bajo, pero que ya muestra las eficientes armonías del cantante —pese a que, por aquel entonces, tuviese la costumbre de encajar algunos versos de guturales.

Ritual, que por estas latitudes el riff se le asocia a Paramar de Los Prisioneros, fue un punto sólido que hasta la fecha es la mejor canción explotada en vivo. Elizabeth, en tanto, figuró como el único single promocional; rescató la figura de Erzsébet Báthory (1560-1614). Conocida también como la Condesa sangrienta, una aristócrata húngara descendiente de Vlad Tepes —del que nace el mito de Drácula; ella adjudicándose la cifra más alta de asesinatos de la que se tenga registro, 650 personas, obsesionada con la belleza y usando sangre humana como método de rejuvenecimiento.

El lado profano asoma con Stand by Him, la primera en ser compuesta cuyo primer bosquejo fue en sueco, y Satan Prayer. Tras el bajo perfil de Death Knell, sube la estridencia con Prime Mover y se baja el telón con el vals acelerado de Genesis —cierre que lo sindican como el nacimiento del Anticristo, y que fue el gancho de partida para su siguiente disco: Infestissumam (2013).

Una sobria placa que cronometró poco menos de 35 minutos, pero que se trató de un acertado primer paso —en especial para una agrupación que en los años venideros sólo apuntó hacia arriba. La primera versión fue auto producida, tras ser grabada durante unas pocas semanas la ciudad de Linköping —de donde son originarios; para luego ser distribuida en el extranjero por un par de casas disqueras. Puro empuje escandinavo.