Poppy: “No tengo interés en demostrar qué tan ‘metal’ soy”
Poppy acaba de lanzar Empty Hands, un álbum rabioso y con un enfoque más directo, mientras sigue enfrentando cuestionamientos sobre su lugar dentro de la música pesada, parece despreocuparle la opinión crítica sobre su forma de abordar el metal, género donde ha ido amoldando su estilo con más frecuencia en los últimos años. Desde sus inicios virales hasta el giro industrial y agresivo que redefinió su proyecto que ha ido evolucionandocon los años, la desconfianza externa, el descrédito o «troleo» del ala más conservadora del metal ha sido una constante. Su respuesta hoy es frontal y al mismo tiempo, se preocupa de dejar claro que los prejuicios musicales es algo con lo que siempre ha estado en contra.
Sobre las exigencias de “credenciales” dentro del metal, es clara en la reciente entrevista con Dork Magazine: no le interesa probar nada ante nadie. Y cuando la discusión se reduce a pasar un examen básico —como enumerar canciones de Metallica— lo descarta sin rodeos: “No me interesa demostrar lo metalera que soy”, continúa. “¿Qué canciones de Metallica me gustan? Ni siquiera escucho a Metallica”.
El disco llega tan solo 15 meses después del fulgurante rock de estadios de «Negative Spaces». «Tenía más que decir, así que seguimos adelante», explica Poppy, con el disco creado entre apariciones en el Knotfest itinerante de Slipknot, una gira europea como teloneros de Bad Omens y su propia gira como cabeza de cartel en el Reino Unido y hasta su paso por Chile como apertura de Linkin Park. «No creo que haya ningún secreto [en mi productividad]. La vida que llevo es muy dinámica y siento que debo documentarla. La fuerza que me impulsa siempre es la misma; tengo algo que desahogarme». A pesar de la purga visceral que supone «Empty Hands», Poppy no se siente agotada. «Siempre tengo algo que decir».
El disco, nuevamente trabajado junto a Jordan Fish, transita entre hardcore, grunge, metal y pop alternativo, con una interpretación vocal más expuesta y menos filtrada. «Empty Hands» es en sí un trabajo encendido, que responde a la crítica fácil y al juicio automático, pero que evita dar explicaciones cerradas sobre cada canción. Para Poppy, el significado es personal y no necesita interponerse en la experiencia de quien escucha.

