Recomendamos: Renatto Olivares: «Aguas Raras» (2026)

Recomendamos: Renatto Olivares: «Aguas Raras» (2026)

Con Renatto Olivares hace tiempo que da la sensación que estamos ante un nuevo hijo ilustre de la canción chilena, Y, de hecho, es por que talvez lo es.  No es un rapero, pero dispara palabras y rimas a mil por hora, y en su lírica hay calle, sexo, drogas, poesía y Chile, mucho Chile, puro Chile. 

Sumemos a esto que musicalmente no se rodea de cualquier cosa: para sostener esa forma intensa de narrar —entre desvaríos, romances, fracasos y bohemia— hay una instrumentación rica que sacude, cual Geordie Greep criollo, con guitarras abrasivas heredadas del post rock, ritmos latinos y orientales, algo de jazz progresivo y esa cuota de locura y catarsis que ya conocimos muy bien en Hesse Kassel.

Y es bueno que sea un EP, es un disco rápido, divertido, bien pensado y que pese a tener trazos poco convencionales o «lentos», se disfruta igual. Desde las flautas traversas de «Pieles» hasta el saxo contemplativo antes del caos en  «Trabajo del Tiempo», donde Olivares bajo trata de inspirarse a narrar más o viceversa, la música funciona como soundtrack esperando atentamente lo que tiene por decirnos. 

 

“Me hierven en aguas raras para tratar el tema que vamos a conversar”, canta, abriendo un relato, con algo por escupir, un confesionario: canta sobre piscolas, chelas, cagazos y una sinceridad tan brutal, que dan ganas de abrazarlo. En el camino hay guiños claros al rock chileno clásico —si en La Brea con Hesse Kassel aparecía el fantasma de “Corazones” en “Postparto”, acá se asoma ese espíritu en pequeños fraseos como «amiga mia»— junto a un aire ochentero que cruza Electrodomésticos y Emociones Clandestinas, especialmente en la vocalización de la intensa “Viroca”, donde un ritmo funky y tenso convive con gritos que cortan la canción: “¡No me hueveen, por favor, por la chucha!”. Por su parte «Miel», el chileno arroja todo por la ventana mientras un punteo de guitarra cosecha Gato Alquinta en esteroides, acompaña. 

La experiencia en solitario de Olivares no puede ser mejor jugada, en un momento que hay atención gracias a HK, se lanza con un disco extravagante, volador de cabeza, muy narrativo y sincero. Y ya destaca como uno de los mejores de la primera temporada chilena.

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