Reseña del documental “Montage of Heck”: Viaje directo al alma de Cobain

Reseña del documental “Montage of Heck”: Viaje directo al alma de Cobain

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85% de material nunca antes visto. Eso es lo que hace rato nos venía vendiendo HBO y todos los que están detrás de “Kurt Cobain: Montage of heck” el primer documental sobre el mítico músico, líder la banda Nirvana, la que revolucionó a toda la juventud noventera.

Luego de haber comentado para Nación Rock casi todos los documentales que Martin Scorsese hizo sobre sus ídolos del rock (algunos muy buenos y otros no tanto), concluyo que embarcarse en un “documental biográfico autorizado” es un trabajo pesado y que requiere de varios concursantes para salir airoso, principalmente si nos referimos al proceso creativo y la libertad de pensamiento que debiera tener el director. Porque cuando detrás de estos proyectos están involucrados  la viuda y los hijos, con un centenar de material inédito, se presupone cierto acuerdo para dirigir el mensaje y así evitar los aspectos escabrosos de la vida del personaje. Y es eso lo que quería descubrir en “Montage of heck”…hasta qué punto Brett Morgen hizo concesiones con tal de dirigir este barco.

Frances Bean, la hija de Cobain, le entregó la llave para abrir la puerta y entrar al mundo de Kurt, específicamente a su mente. Y es ahí donde Morgen se lanzó para bucear por muchos archivos acústicos, poemas, vídeos, pinturas…en fin, material que le hablaba de momentos claves que moldearon el pensamiento del artista. Su labor era empaparse, y la duda es si efectivamente logra hacerlo o sólo se queda en la pomada de mostrar material inédito, pero sin respirar a su protagonista.

Así, la película parte con Nirvana en la cima del éxito pero con un Cobain ya enfermo. En este punto, retrocede hasta la infancia y juventud del músico en la ciudad de Aberdeen. Morgen decide enfocarse con precisión y detalle en esos primeros años descubriendo hechos que marcarán el tono del documental: una familia sin estructura, un divorcio que marca al joven profundamente, quien al mismo tiempo necesita y busca ser feliz, pero sin aportar mucho a la consecución de este logro. No se ocultan episodios que lo vinculan a las drogas, pero éstos se narran con distancia, aunque sin ningún ánimo de dejarlo como una pobre víctima. Esas escenas se intercalan con otras en las que la creatividad desbordante de Kurt va quedando en evidencia, y en las que la música se perfila como la única salvación del joven. En este momento el documental ya ha sentado con claridad la personalidad de Cobain: rabioso y perdido, encontrando en el punk y en la escena under un lugar donde encajar. Y aquí, el director nos sorprende con un gran aporte: utilizar la animación para ejemplificar la introspección del músico. Gracias a los dibujos de Hisko Hulsing, el director pudo navegar en diarios y grabaciones; éstas son pura sensibilidad y permiten que el documental, que dura 2 horas y media, vaya teniendo transiciones necesarias que son sumamente aportativas, pues de a poco vamos dejando esta primera parte, para entrar en la segunda columna del documental, la que refiere a Nirvana, pero más que a Nirvana al proceso en el cual Kurt se convierte en el gran músico que conocimos.

Esta segunda parte muestra a un Cobain contradictorio. Mientras más explota su genialidad musical, más odia el mundo que lo rodea, y más también se odia a él mismo. No logra adaptarse a lo que su figura genera en la prensa y le causa pánico que los jóvenes lo identifiquen como algo más grande que él mismo. Las entrevistas a los padres, hermana, ex novia, a Krist Novoselic, a su mujer, están muy guionizadas pero funcionan como apoyo a la narrativa. El montaje es estimulante en esta parte aunque en ocasiones se vuelve muy reiterativo. Sin embargo, hubo dos entrevistas que se extrañan: la de Frances Bean y la de Dave Grohl. Pienso que habrían sido puntos altos del relato y se echan de menos.

Pero más que las entrevistas, son las significativas imágenes las que nos hacen comprender la figura de Kurt Cobain, donde finalmente entendemos que para conocer sus fracturas, dolores y deseos, sólo hay escuchar sus letras y su música.

Sin duda que Brett Morgen la tenía difícil pero en conclusión logra sacarse de encima el fanatismo, la adoración a un ícono, para ir tras la verdadera esencia sin ser zalamero ni falso. Deja de lado todo morbo; no se centra en el fenómeno Courtney Love ni menciona siquiera las especulaciones sobre la muerte del artista. También concluyo que “Montage of Heck” no es un documental musical. Morgen sacrifica a Nirvana, y su influencia cultural, para centrarse en el joven fracturado y en el músico suspendido constantemente en un hilo. El documental asegura los temas de su discografía, de algunos inéditos y de algunos videos, pero éstos quedan huérfanos de contexto musical.

Mi recomendación es que no vayas a ver “Montage of Heck” si lo que quieres es escarbar sobre el suicidio de Cobain. No vayas a verlo si sigues pensado que Courtney fue lo peor que le pasó (de hecho sale muy bien parada). No vayas a verlo si quieres sentirte en un recital de Nirvana. Si quieres viajar a la mente del genio, a través de cuadernos, diarios, dibujos o vídeos hermosamente animados te vas a sentir contento, porque la belleza del material mostrado es de calidad única. “Montage of Heck” , la recreación de la mente de un genio atrapado en sí mismo, donde quizás el único detalle de adoración que Brett Morgen se permite, es aquel final que le da al film, y que muestra ese día con el que fantaseaba Cobain, ese en el cual no existía un mañana.

Por Macarena Polanco G. 

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