«Si no es en esta vida, quizá sea en otra»: “Perfect” , The Smashing Pumpkins, la idealización del amor, y un clásico noventero para abrazar
Hoy en día, Billy Corgan puede que se nos aparezca una y otra vez hablando de muchos temas: Ozzy, Black Sabbath, el rock en general y su opinión (y figura) sigue siendo muy relevante en la música. Hasta tiene su propio show. Pero antes de convertirse en el personaje del rock-con todas sus letras- que es, Corgan escribió algunas de las canciones más intensas, melancólicas y hasta vulnerables de los 90. Entre ellas está Perfect, incluida en Adore (1998), un disco distinto, más introspectivo y menos abrasivo que sus trabajos anteriores.
La canción trata sobre aquel difícil momento en que dos amigos que tuvieron una relación terminaron y cómo eso cambia las cosas para siempre. Aún se quieren, pero saben que no pueden estar juntos. El protagonista espera que en el futuro sean perfectos desconocidos que se encuentren por casualidad y tengan gratos recuerdos del pasado.
El tema aborda el paso del tiempo, las rupturas y la idea de segundas oportunidades, incluso en otra vida. El verso “Next time I promise we’ll be perfect” sugiere una fe en la reencarnación del amor, de partir todo de nuevo, mientras que los puentes hablan de ex parejas convertidas en extraños, aunque todavía presentes en la memoria y los sueños. De la idea de aquella persona con la que estuviste en algún momento, por más lejano que fuera, siempre será parte de ti y viceversa.
El momento más desgarrador llega con “So far, I still know who you are / But now I wonder who I was”, un retrato de cómo el amor puede llevarnos a perder nuestra identidad al intentar ser “perfectos” (de ahí el nombre del tema) o la mentada «idealizacion» hacia el otro. Sin embargo, hacia el final, el cambio de “you” a “we” marca la aceptación: no se trata de culpa individual, sino de la necesidad de liberarse mutuamente.
Perfect tiene algunas vueltas interesantes sobre el amor, las emociones, la amistad y no es solo una canción triste sobre el final de una relación que tenemos que aceptar, sino de cómo aprendemos- a veces a través de las heridas- y sobre la transformación personal y la posibilidad de que, quizá en otra vida (aunque suene dura la metáfora), el amor encuentre su lugar.
El videoclip, dirigido por Jonathan Dayton y Valerie Faris, retoma personajes de 1979, un dato no menor.

