“Slanted and Enchanted”: la desencantada perfección del debut de Pavement

“Slanted and Enchanted”: la desencantada perfección del debut de Pavement

Ha sido considerado con el tiempo como el álbum fundamental del Indie Rock y como la influencia central para muchas bandas a lo largo de la década, pues contiene todos los elementos clave en el sonido alterado, distorsionado, y en una conjunción extraña de letras crípticas con melodías bellas,  secciones incompresibles de psicodelia y con mucho ruido, a veces demasiado y abrasador ruido. “Slanted and Enchanted”, es  el primer álbum de Pavement, lanzado en abril de 1992. Lleno de una energía irrepetible, cada canción oscila permanentemente entre una mezcla estentórea de afinación y de desgaste. “Slanted and Enchanted” ha sido descrito por la crítica a comienzos de los 90 como un álbum casi perfecto, como la influencia oculta que estaría detrás de las variaciones o progresiones en el sonido de la música alternativa, y como la pieza definitiva y esencial del indie en su veta más rock.

Pero el álbum, en una palabra, es indefinible, sin elementos concretos. No solo las letras incluyen un conjunto de complejas referencias a paisajes que tal vez solo los miembros de la banda conozcan, metáforas, símbolos y superposiciones aleatorias de palabras que ni siquiera vale la pena tomarse el tiempo para encontrarles un sentido. En “Summer Babe”, la canción que abre el álbum, hay una frase que dice: “Vi a tu novia, y ella se estaba comiendo las uñas como si fueran otra comida más”. Pero en general las letras comunican símbolos y no intenciones; expresan imágenes, no a través de la narración de hechos o de situaciones, sino por medio de una sola palabra que crea toda una escena. Por ejemplo, la canción “Cheleys’s Little Writs” (Las pequeñas muñecas de Cheley), tienen una sola línea que se repite varias veces, no a través de una melodía sino más bien de unos gritos agónicos de Stephen Malkmus: “Estoy Empantanado”… “ESTOY EMPANTANADO”… ¿Tal vez empantanado de la sangre que emana de esas muñecas?… Pero esta es solo una interpretación más.

En una época en la cual el crecimiento de la escena independiente era clave para asegurar el desarrollo de la industria musical, Pavement crea en su primer álbum canciones que no buscan generar ningún sentido y, lo más importante de todo, que tampoco tienen como finalidad producir algún tipo de sensación. Carencia en la comunicación de emociones. Lo mejor de esta banda es precisamente esa apatía, indolencia, profunda inactividad. La desidia como horizonte expresivo. La proyección continua de una opaca tonalidad gris entre el ruido. En general, las canciones más lentas del álbum “In the Mouth a Desert” o “Our Singer” están despojadas de cualquier pretensión de perdurabilidad o de trascendencia: sonidos totalmente desnudos y puros. Siempre, cada vez, la voz de Malkmus se arrastra entre las notas sin mayor esfuerzo, como si no quisiera estar ahí, o como si le diera igual. Es ese completo abandono, ese desinterés, esa actitud de levantar los hombros ante cualquier situación o adversidad, mirar hacia el piso, meterse las manos en los bolsillos y seguir caminando, como si nada pasara, como si ni el estallido más violento pudiera alterar de alguna manera la impasibilidad: es eso  lo que hace absolutamente grande a este álbum.

Tal vez el mejor ejemplo en el cual Pavement logra combinar la belleza con el tedio, el aburrimiento con una hermosa melodía —de igual forma demasiado conspicua y letárgica como para producir algo—, es en la novena canción del álbum: “Here”. Es una de las pocas baladas de la banda, y es lamentable que no hayan hecho muchas más, porque son perfectas— “Strings of Nashville” es otro buen ejemplo-. “Here”, con su letra oscura que hace referencias a los azares del éxito pero también, posiblemente, a un sentimiento nostálgico de una relación del pasado: -“Soy el único que se ríe de tus chistes cuando son tan malos”- ha sido utilizada en la banda sonora de varias películas de amor adolescente. Una de ellas es la película del 2011 dirigida por Gavin Weasen: “The Art of Getting By”. Desde el momento en que comienza a sonar la canción tiene un efecto sumamente envolvente: “Estaba vestido para el éxito, pero el éxito nunca llegó”… Y mientras tanto la película va llegando a su desenlace final: a pesar de sus problemas de ansiedad y depresión, George Zinavoy (Freddie Highmore) logra graduarse de la escuela gracias a su talento pintando. El trabajo final en la clase de arte sería el retrato de una compañera de la cual se ha enamorado, Sally, interpretada por Emma Roberts. Mientras él se gradúa Sally contempla en la ventana de un aeropuerto a los aviones despegando. Está a punto de marcharse con un fotógrafo, pero al final decide cancelar el viaje y quedarse con George, absorta ante la irreversible decisión que implicaría abrirse paso entre las nubes al interior de un avión. Mientras todo esto ocurre los versos de “Here” se deslizan pesadamente, ambientando las escenas con unos sonidos delgados, intrincados y vacilantes.

Las canciones generan una atracción inevitable, como si la inercia se apoderara del espacio vacío que existe entre la conciencia y la recepción del sonido en el cerebro, llevando a cualquier  persona a querer más, a buscar más de eso. Y es algo que logra casi cada canción de “Slanted and Enchanted”, una proximidad demasiado cercana a la perfección, casi  que susurrándole al oído, cada nota vaciando su aliento en lo infinito, pero al mismo tiempo logrando pasar desapercibida.

Por Alberto Aldana

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