The Devils Put Dinosaurs Here: la solidez de la nueva etapa de Alice in Chains

The Devils Put Dinosaurs Here: la solidez de la nueva etapa de Alice in Chains

Era 2013. 26 años de carrera y seis discos oficiales coronaban un año que marcaba el regreso de un ícono del rock noventero, acuñado por periodistas y músicos como grunge, definición que quizás no le hace total justicia a las lúgubres y cautivantes melodías que parieron Cantrell y sus compañeros en un periodo en que el rock se tiñó de negro oscuro al son de Alice in Chains, sin duda el lado mas doom y crudo de las bandas grunge que reinaron en los lejanos años 90’.

Tras su regreso discográfico con el intimo y heavy Black Gives Way to Blue (2009), la banda de Seattle consagró un regreso de altísima calidad en composiciones que hicieron honor y justicia al tremendo legado sónico que construyeron en aquella mencionada década con el desaparecido Layne Staley, con discos esenciales como Facelift (1990) o Dirt (1995),  que le otorgaron la masividad y el reconocimiento a una banda que, incluso en algún momento, fue espejo de creatividad e inspiración para bandas consagradas que comenzaban a buscar una vuelta de tuerca y frescura en sus composiciones (Anthrax y Metallica entre muchas otras).

Alice in Chains no se quedo en la lógica de un  glorioso retorno, de tour-álbum-tour. Lo de Cantrell, Inez, Kinney y Duvall  ya huele a legado e institución, ellos adornan y transan su vuelta en sus propios términos, sin siquiera mirar de reojo lo que pasa actualmente en el rock del siglo XXI para buscar inspiración o justificaciones. No necesitan de colaboraciones de músicos contemporáneos ni adornos pseudo comerciales para mantener una obligada vigencia. Recordando lo que dijo Slayer alguna vez, “somos los AC/DC del metal” es así como suena y se entiende la nueva entrega de Alice; The Devil Put Dinosaurs Here suena al  más puro y absoluto Alice in Chains, bien podríamos encontrar similitudes al Black Gives en sus riffs más musculosos y densos, pero si lo enfocamos en esa mirada, no hay banda que pueda seguir sacando nuevos discos; Hollow es el primer track, la primera probada de ese rock seco e hipnótico. Los minutos corren y escuchamos al AIC de siempre, pero que a estas alturas ya sabe de filtros y de cómo lograr melodías explosivas y recordables, clara muestra de ello el épico coro del primer single; blue sky / Silence so loud, silence / I can’t tell my up from down / Silence so loud, Silence / I can’t tell my u from down.

Pretty done (parecida a Check my brain, pero menos melosa) y Stone –segundo single del disco- continúan con el matiz de un AIC, “pegado” en  riffs de la escuela Sabbath a más no poder, siendo Cantrell uno de los alumnos más aventajados  de esa cátedra fundamental y magistral que impartieran los de Birmingham en los años 70’. Ya con estas tres pasadas podríamos asentir, que William Duvall (voz y guitarra) consolida su rol en el nuevo formato de AIC y sus inquietantes pero efectivos juegos vocales, hacen lucir su capacidad vocal mas la del jefe Jerry. Si bien, en ningún momento podríamos llamarlo el reemplazo de Layne (ya pensarlo es un error), su papel en la banda es conjugar y consolidar las creaciones de la banda, hecho que se logra y convence. Voices, fiel ejemplo de ello, donde otra vez AIC retoma y logra una cándida pero ondera balada en la onda de No Excuses, o Your Decision.

The Devil Put Dinosaurs Here  canción que da nombre al disco, pone los pelos de punta, así de simple. Tiene todos los elementos del mejor AIC, canción de termino acústico pero heavy, coro épico, desolador y el juego de voces de Duvall y Cantrell, consagran una de las quizás, mejores canciones del disco. Breath Window le devuelve el pulso y el sentido más dinámico al disco, tras ese viaje lisérgico en que se convierte escuchar y digerir la mencionada The Devil Put Dinosaurs Here y cosas como Lab Monkey. Scalpel y Phantom Limb se desenvuelven en el marco de lo que ofrece AIC en 2013, un  rock pedregoso a ratos melódico y digerible, pero que no escatima en fuerzas al momento de tocar duros riffs entrecortados, densos; acá Phantom se viste de gigante, se desmarca incluso de entregas pasadas, otra de las destacables, novedosa en su ritmo e intención. Hung on a Hook y  Choke, las última pruebas que pone AIC en nuestros oídos de que el Diablo puso a los dinosaurios aquí, consagra la ya costumbre de Cantrell de cerrar los  discos con canciones emotivas y solemnes, dos piezas tremendamente emotivas que a la vez bajan el volumen de la abrumadora densidad oída en su sexta entrega oficial.

A estas alturas poco importan las discusiones en torno a Staley y Duvall o si la continuación de AIC obedece a la testarudez de su líder en continuar con sus trabajos solistas bajo el nombre de AIC. Hoy Alice in Chains es sinónimo de escuela, de lucha a pesar de cualquier adversidad, y por sobre todo del más denso y críptico rock de los últimos 25 años.

Por Nelson Silva A. 

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