The Man Who Sold The World: el réquiem de Kurt Cobain

The Man Who Sold The World: el réquiem de Kurt Cobain

A estas alturas todos sabemos que el gran réquiem de Kurt Cobain fue aquel unplugged en Nueva York para MTV lanzado en noviembre de 1994, recordado desde un inicio para la ocasión: muchos lirios y velas, ambiente sobrio, recato en su forma y hasta vestimentas de luto, un verdadero funeral en vida que fue grabado solo meses antes de su verdadera muerte, por suicidio, en abril de 1994.

Cobain sufría de abstinencia de drogas y mucho nerviosismo en ese momento; un asistente dijo: “No hubo bromas, ni sonrisas, ni mucha diversión viniendo de él … Por lo tanto, todos estaban más que un poco preocupados por su desempeño”. Hubo muchos problemas en los ensayos para coordinar esto, por cierto, la banda no quería hacer un show “standard”, sino más bien marcar la diferencia. “Pensaban que invitaríamos a Eddie Vedder o Tori Amos” dijo Grohl, pero no, la banda obtuvo más bien ideas del compañero y amigo de Cobain Mark Lanegan y su disco The Winding Sheet e invitando a miembros desconocidos como los hermanos Kirkwood de Meat Puppets e incluyendo covers en que había un denominador común que no podía ser otro: la muerte.

The Man Who Sold The World—original de David Bowie—habla de ello en una especie de espiral descendiente: En su juventud, un hombre era feliz, ambicioso, ansioso por abrazar el mundo que lo rodeaba. Tenía ganas de comerse el mundo. A medida que crecía, cayó en la depresión, las drogas, etc. La vida se le fue escapando. Su mundo ha terminado y está atrapado en su propia desesperación. Una profunda depresión que es increíblemente difícil de romper y ante eso el decide “vender su mundo”, es decir, dejarlo ir junto con su vida.

Dicho hombre es el protagonista de la historia de la canción y de quien la canta. Es él hablándole a un espejo en la pared o viendo una foto suya de niño. Se detiene y mira su propio rostro y de repente se siente sorprendido por el dolor y la pena de darse cuenta de que ha dejado que su vida se deslice por el desagüe. Está confundido por estos sentimientos y recuerdos repentinos, mientras piensa para sí mismo: “I thought you died alone, a long long time ago.” (“Pensé que moriste solo, hace mucho, mucho tiempo”). Refiriéndose a su yo más joven hundiéndose en la depresión. Ni siquiera está seguro de dónde salieron las cosas. “”Who knows? Not me. I never lost control” ( ¿Quién sabe? Yo No. Nunca perdí el control”)

Experimentando estos viejos sentimientos, decide embarcarse en un viaje hacia la recuperación, pero no es fácil y lleva años. “I searched for form and land. For years and years I roamed” (“Busqué la forma y la tierra para hacerlo. Durante años y años estuve vagando”) A lo largo de este viaje, comienza a notar cuántos otros se sienten de la misma manera que él y lo golpea con un profundo dolor. “I gazed a gazely stare at all of the millions here” (“Miré fijamente a todos los millones aquí”).  Le duele que este mundo pueda ser tan triste y todo irrevocable, y al final de la canción no se considera más capaz que todos los que lo rodean. Todos han vendido su propio mundo (al igual que él vendió el suyo) y él ha vuelto a caer en su propio infierno como todos los demás, en aquella parte que parece hablarles a los muertos por suicidio debido a la frustración, depresión y una eterna oscuridad. “We must have died alone, a long long time ago”. (“Debimos haber muerto solos, hace mucho, mucho tiempo”), sentencia en una de las frases más fuertes del tema.

Es brutal y al mismo tiempo genial y que no pudo haber sido escrita mejor que por un iluminado artísticamente como David Bowie, fueron estas líricas las que inspiraron a Cobain sin duda por todo lo que estaba pasando, y de alguna manera nos estaba profetizando lo peor. El contraste de todo esto es su sublime interpretación, una de las grandes maravillas que dejó este desenchufado y uno de los mejores covers de la historia.

Por Patricio Avendaño R. 

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