Disco Inmortal: The Prodigy – The Fat Of The Land (1997)

Disco Inmortal: The Prodigy – The Fat Of The Land (1997)

“Aquí estamos, tómalo o déjalo. Si es punk, entonces somos punk”, decía Liam Howlett, en 1997 acerca de la tercera placa de Prodigy. Las palabras de uno de los miembros fundadores de la banda inglesa son la premisa de lo que siempre han demostrado en cuanto a actitud, música y potencia.

1997 fue un año normal. Se publicaba Harry Potter y la piedra filosofal por parte de J.K. Rowling y José Saramago lanzó su novela Todos los hombres. Nada que podría hacer explotar a un mundo lúcido, excepto la Nintendo 64 a través de sus juegos. Sin embargo, en Inglaterra, algo estaba gestándose para hacer polémica y generar un ruido en todo el orbe. “The Fat Of The Land” se publicó y de inmediato se cambió el paradigma. ¿Por qué? La traducción literal del disco es “la grasa de la tierra” y es una cita del nazi Hermann Goering, que les trajo muchos fans pero también demasiadas críticas que tampoco los amedrentaron en seguir con lo suyo: táctica de choque. Por si fuera poco, llamar a realizar incendios fue una de las primeras polémicas del primer sencillo del LP, que además, incitaba a fastidiar a los niños. Una estrategia poco convencional, pero que a los europeos les resultó a la perfección con el video de “Firestarter”.

El éxito del primer single fue lo que catapultó a The Prodigy a conseguir dos discos de platino solo en los Estados Unidos. No obstante, la pista número 9 del disco tiene mucho más que contarnos, pues es la primera aparición en voces de Keith Flint. El mítico bailarín tuvo su posibilidad de participar en el disco y lo dio todo. Flint se convertiría en la voz de algunos de los más grandes momentos de la banda y le daría otro look a la agrupación. Keith tomó lo mejor de los años de apogeo del punk y eso lo hizo parte la estética de su atuendo y también de la actitud que tendría la banda. Fue el Johnny Lydon de la electrónica más dura y un símbolo único de la escena alternativa del condado de Essex.

La tercera placa de estudio era una obra maestra hecha casi en su totalidad por el cerebro de la banda: Liam Howlett. En este disco mezcló todos los sonidos que le causaban armonía y placer. Cada sampleo y montaje de guitarras lo hizo sentir en cada pista, agregando sonidos del hip hop como en “Diesel Power” o dando un nombre a una de las canciones como es “Funky shit”, que fue tomada desde las líricas de “Root Down” de los neoyorkinos Beastie Boys.

En cada pista se nota lo que a la banda le atrajo de las diferentes escenas gestadas en los suburbios de las ciudades más grandes. Todo lo anteriormente mencionado, se distribuye en un setlist que contiene colaboraciones de artistas tan variado como el de Crispian Mills de los Kula Shaker, quien aporta en “Narayan” o el del rapero surrealista Kool Keith quien demostró su poderío en la anteriormente mencionada “Diesel Power”. Asimismo, nos encontramos con versiones sampleadas por el cerebro beat de Howlett en “Fuel My Fire” de la banda californiana de punk L7, en la cual le agregaron pedazos de “Lost Causes” de los Cosmic Psychos.

Canciones fuertes e incendiarias las anteriormente descritas, pero en nada comparables -en muchos aspectos- a los dos sencillos más potentes del disco: “Breathe” y “Smack My Bitch Up”. Singles con la energía necesaria para la polémica. La primera se convirtió en el segundo número 1 de la banda rápidamente por el excelso Howlett quien fusionó y combinó a los raperos Wu-Tang Clan (“Da Mystery of Chessboxin”) con los rockeros de Thin Lizzy (“Johnny the Fox Meets Jimmy the Weed”) para crear un cuento psicodélico que fue plasmado por el director Walter Stern y con Flint y Maxim representando los fenómenos auditivos y visuales del sampleo en un edificio decadente parecido a los que dejaron los bombardeos de la OTAN a la ciudad Serbia en 1999. Sin ir más lejos, una de las primeras muestras de la canción fue precisamente en Belgrado, pero en 1995, así que las teorías conspirativas no sirven acá.

“Smack My Bitch Up” contiene un video grabado en primera persona que nos muestra un desparpajo de vida extrema en la bohemia más dura. El corto que fue censurado en varios países generó tanta discusión que MTV solo lo rotaba en horario nocturno (desde las 02:00) por el nivel de cada fotograma el cual es determinante verlo con altura de miras y con mucho, pero mucho volumen, pues se darán cuenta que tiene sampleos de Kool & The Gang en ciertos pasajes. Además, aunque resulte irrisorio, la cadena de videos lo premió como uno de los mejores en su categoría dance y artista revelación.

The Prodigy – Smack my bitch up from ArtOfficial Agency CPH on Vimeo.

Pero eso no es todo, pues el feminismo también se hizo presente en contra de las letras del sencillo, ya que la Organización Nacional Pro Mujeres argumentó que la primera pista del disco fomentaba la violencia machista. Si hasta Chumbawamba y Moby criticaron las letras, acompañando a todas aquellas mujeres que se sintieron agredidas por el éxito el cual se forjó aún más en el trabajo audiovisual dirigido por Jonas Ákerlund y que fue protagonizado por Teresa May (la actriz no la Premiere inglesa).

¿Se nota la diferencia?

Esta pieza musical es una de las más apetecidas por el público de la electrónica y el rock. Es una provocación al disturbio y demuestra la energía de la banda figurada en la polémica sin límites de sus composiciones. “The Fat Of The Land” tiene todos los condimentos de la discusión y los malentendidos para hacerlos propio de una táctica de conflicto que se pone a prueba en cada pasaje del LP para conectarnos con la diversidad en la cual vivimos. Aunque parezca brutal, este disco puede ser considerado como una heroína o villano, según el pensamiento de cada ser. Son 56 minutos que nos sumergen en esos golpes de la realidad misma, en los cuales el cólera y la ofensa se objetan para ser ocultados y censurados por algunos dueños de la moral.

Siempre ha existido ese índice que nos señala que hay palabras y acciones prohibidas, porque no debemos tocar ciertos estereotipos de la sociedad, pues serán vedados, ya que hay segmentos de la población a los cuales está prohibido exponer en cualquier forma, aunque sea artística, por el solo hecho de ser indebido.  Para The Prodigy, todos estos argumentos fueron la misma mierda y dejaron que la reflexión crítica de la negación misma fuera su quimera. Simplemente unos instigadores del odio (I’m the trouble starter, fuckin’ instigator”).

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