TOMORA: El proyecto entre Tom Rowlands (The Chemical Brothers) y Aurora ya tiene vida propia y gravita por distintas galaxias
Cuando apareció el nombre TOMORA en carteles de festivales, muchos no supieron a ciencia cierta de qué diablos se trataba, aunque la incógnita duró poco: detrás estaban Tom Rowlands y AURORA. Dos nombres ya consagrados dentro de sus géneros musicales, por lo que la gran duda era qué iban a hacer juntos. Come Closer, su debut, ya está respondiendo a las expectativas y despejando las «X» musicales, entre estos dos grandes talentos.
Es ineludible la escuela que se respira en el disco de los maestros del big beat, pero también nos da pasajes ambientales, sombras de trip hop y momentos cercanos al IDM más expansivo, pero nada se instala demasiado tiempo, todo se va difuminando y a la vez volviendo a cobrar sentido.
“Come Closer” o “A Boy Like You” suenan demasiado intensas y aletargadas para un festín rave; Rowlands aparece más contenido de lo habitual, mientras la voz de AURORA deja de ser centro gravitante para convertirse en parte de una estética mejorada. Se fragmenta, se repite, se diluye en la mezcla. En “I Drink the Light” se filtra entre capas psicodélicas la Aurora con reminiscencias Björkianas; pero en “Wavelengths” va más por lo abstracto. La noruega no se impone, trata de mimetizarse con lo que la rodea. Lo pasa bien.
Come Closer no suena a un disco de The Chemical Brothers con una invitada, ni a un álbum de AURORA con producción más electrónica, sino más bien se siente como un territorio compartido donde ambos conservan su identidad y además, proponen.
“My Baby” amaga con algo más clásico antes de torcerse hacia terrenos más densos; “Have You Seen Me Dance” aligera el paso; “Somewhere Else” encuentra un eje melódico más claro sin dejar de mutar por debajo. Incluso la percepción del tiempo se altera: hay temas largos que se sienten breves y otros que se cortan justo cuando parecían abrirse. Hay especie de miniportales que se abren y cierran de acuerdo a la animosidad de los polos.
Come Closer no entrega una síntesis total entre ambos artistas. Lo que ofrece es algo menos estable y más interesante: un espacio donde dos lenguajes coexisten sin resolverse del todo, sostenidos por el mero hecho de tratar de hacer buena música, sin que nadie brille por sobre otro.

