XCLNT- Los Tres: Cuando la química no falla, 25 años después
En recientes entrevistas, tanto Álvaro Henríquez como Pancho Molina han bromeado con el nombre del nuevo álbum, diciendo que se han sentido «XCLNT» al poder respirar y vivir lo que es su reencuentro discográfico. Por lo cual no es raro que el nombre de este álbum —que por lo demás sí es «excelente»— se condiga con todo: la energía, la nostalgia, las canciones que son su base, la oscuridad intrínseca, el cariño e identidad y una química que parece haber sido recuperada al instante, desde el primer minuto en que emprendieron La Revuelta.
Los Tres es una banda que ha plagado a Chile de buenas canciones durante décadas, sea con este jazz rock, rockabilly, la cueca chora o sus guiños al brit o al jangle pop. Nada de su nuevo álbum (grabado en el mismo Abbey Road Studios de The Beatles o Pink Floyd) está exento de lo que siempre les conocimos, hasta esas frases tan clavadas en el inconsciente colectivo. Solo que, en vez de «las mismas diez lucas, la caña infernal», nos animan a cantar con pasión «Me aburriré de todo menos de cantar y de amar», mientras unas líneas de bajo —escuela de las sombras de The Cure— pasan, en un tema que entra de sopetón con Álvaro cantando (nuevamente, quizá un guiño al «Déjate Caer» de La Espada y la Pared) para darle el vamos a un disco querible y entretenido.
Y claro, no sería Los Tres sin un repaso a la música popular. Incluso a la canción cebolla o al bolero en el cruel desamor de «La vida al revés», o el combo folclórico de «Como llegaste te vas», con un entrañable video homenaje a su mentor Roberto Parra; y en «Perro Muerto», una cueca más directa aún: un repaso por las fondas, la chilenidad, peñas y cánticos dieciocheros, con acordeón y zapateo incluido. Recordemos que Los Tres fue una de las bandas que siempre subrayó esto, incluso cuando las miradas internacionales estaban sobre ellos, como fue el caso de su aplaudido MTV Unplugged, donde un segmento cuequero apareció para el mundo con tres interpretaciones ya históricas. «Queríamos que se notara que éramos chilenos» recalca Henríquez una y otra vez.
Con «INRI», Los Tres van dejando todo más arriba con un rock and roll puro, sin adornos ni mayores riesgos, contando historias abstractas de especies robadas donde «Un crucifijo marca INRI» está en el centro de todo. Por su lado, «Empelota» o «Que Vuele», el rock de guitarras cálidas con firma noventera —que es su sello— aparece nuevamente. Sí, ese mismo que ha cautivado a propuestas nuevas chilenas como Anttonias o FloresAlegría. «Vendaval de Otoño», la favorita de Henríquez del álbum, muestra justamente que la inspiración de la banda no pierde un ápice de calidad y convive con cierto aire renovado en la guitarra que solo Ángel Parra suele hacer sonar tan bien y cuadrada con las canciones.
Solo queda una reflexión al terminar de repasar el disco:el gusto y cariño por el oficio de estos cuatro tremendos músicos chilenos, que han pasado de todo en sus vidas. Divorcios, quiebres, enfermedades y cuestionamientos artísticos, pero que ahí están, de pie, con mucho amor por su legado y en una parada que ya se la querrían muchos músicos de su generación: todo XCLNT.


