Disco Inmortal: Ozzy Osbourne – Diary of a Madman (1981)

Disco Inmortal: Ozzy Osbourne – Diary of a Madman (1981)

Jet Records, 1981

Ozzy Osbourne es un personaje fundamental para el rock y el metal. Todos le admiramos por su carisma y, sobre todo, por la carrera que ha construido en 5 décadas, la cual se inició estampando un sello indeleble a través de un montón de clásicos como cantante principal de la insuperable Black Sabbath. Pero luego de la salida de la banda madre del metal, su carrera se le ponía cuesta arriba, logrando igualmente reunir solo talento para dar forma a Blizzard Of Ozz (1980), un debut solista categórico y que hacía elevar las apuestas a cómo podría superarlo en una siguiente placa. Y es cierto que ‘Crazy Train’ y ‘Mr. Crowley’ son temas irrepetibles, pero abordando el conjunto, Diary Of A Madman podría definirse como un trabajo mejor acabado y que terminó de dar forma a ese heavy metal más moderno. Diary Of A Madman reunía una pasión incontenible y el carisma desbordante de Osbourne, más el genio indiscutible de Randy Rhoads y su capacidad inagotable para fusionar el hard con la influencia neoclásica de su guitarra.

Este fue el último álbum grabado por Rhoads, y aunque el bajista Rudy Sarzo y el baterista Tommy Aldridge son acreditados en las notas y aparecen en una fotografía en la edición en CD, fueron Bob Daisley y Lee Kerslake quienes interpretaron todas las partes de bajo y batería en el lanzamiento original. Pero si algo define a Diary Of A Madman es la capitanía que asume el inolvidable Randy. Este es su disco.

Y cuando uno empieza con una avalancha como ‘Over the Mountain’, nada puede fallar. Te machaca y para cuando abre el riff, tu cuello ya está sufriendo. ‘You Can’t Kill Rock & Roll’ y ‘Believer’ inician lento, pero van creciendo a medida que transcurren. La primera se camufló de balada, pero se arranca con un coro sensacional, mientras que el medio tiempo de ‘Believer’ brilla con el talento que le imprime Rhoads justo encima del estribillo. Excelente canción. ‘Little Dolls’ es otro gran tema porque la rítmica de Rhoads y el bajo de Bob Daisley suenan pegadizos y más modernos. ‘Tonight’ es otra muestra de porqué Ozzy es un gigante. Muy pocos pueden tocar e interpretar un tema tan dulzón y equilibrar aquello con un buen balance entre armonía y potencia de Rhoads; el riff final es simplemente poesía.  ‘S.A.T.O.’ conjuga una de las mejores performances de Rhoads en el disco y en cuanto a la interpretación, Ozzy descolló de forma convincente; de golpe ataca con un misil sonoro para, después, cambiar de ritmo de forma no escuchada en esos albores de lo que sería una década prolífica para el rock y el metal y que se inaugura con este potente trabajo. ‘Diary Of A Madman’ resume bien el álbum. Inquietante, mezcla dosis de melancolía y angustia, elementos que dieron como resultado una canción muy hermosa, con acordes alocados y un riff super pesado que se acopla bien con la letra, la cual subyace a una falsa sensación de esperanza.

 

La reedición del álbum, de 2002, no fue bien recibida por los fans debido a la eliminación de las pistas de bajo y batería originales (de Daisley y Kerslake). Se decía que la medida fue una especie de venganza, ya que Daisley y Kerslake habían demandado exitosamente a Osbourne y a Sharon, logrando créditos de composición y regalías por sus contribuciones al disco. Tiempo después, Sharon declaró que Ozzy tomó esa decisión de volver a grabar las pistas. Sin embargo, Osbourne contradijo esta afirmación en su autobiografía de 2009, afirmando que su esposa había decidido volver a grabar las partes originales de bajo y batería.

Más allá de esas polémicas, muy propias de toda la vida de Ozzy, nos quedamos con las atmósferas hermosas y aterradoras que conforman Diary Of A Madman , como un producto heavy poderoso y que le abrió la puerta a la inmortalidad a uno de los mejores. La revista Rolling Stone sintetizó bien el sentimiento que hubo hacia las canciones, definiéndolas como riffs con una línea vocal superpuesta, y refiriéndose a Rhoads como un Eddie Van Halen de la nueva liga, lleno de trucos e imaginación. Tres décadas después, la misma revista lo ubicaría en el puesto no. 15 en su lista de los «100 mejores álbumes metal de todos los tiempos». ​Este es un disco ineludible en la colección de cualquier metalero y otro ejemplo de que los años pasan, y si bien el metal se vuelve viejo, a la vez lo hace de inmortal.

Macarena Polanco

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