Desde Elvis a L7: Festival de documentales In-Edit libera cartelera completa

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Del 25 al 30 de abril, el festival internacional especializado en cine y documental musical, volverá a concitar el interés de todos quienes disfrutan de las grandes historias que se relacionan con la música popular. Desde su nacimiento, en 2004, IN-EDIT ha ofrecido un espacio de encuentro para el sonido y la imagen, estando ad portas de vivir su 15ª edición con estrenos, proyecciones, charlas y encuentros en vivo en torno a interesantes historias de música y músicos.

Acá puedes ver la venta los abonos y pases

Acá la programación nacional completa

Destacamos algunos nombres nacionales e internacionales:

Gepe y Margot Loyola: Folclor Imaginario

Documental que pone frente a la cámara las razones, búsquedas y asociaciones que llevaron al cantautor pop a cruzarse con la tradición. Hablan Gepe, su banda y colaboradores cercanos.

Álvaro: Rockstars don’t wet the bed

Un inmenso registro de la controversial obra del músico Álvaro Peña, quien a sus 75 años continúa editando discos bajo su propio sello, engrosando así una discografía iniciada en los ’70 y que es del todo inclasificable. Peña ha tenido numerosos reportajes centrados en su peculiar biografía, incluso desde su período de trabajo junto a The 101ers, la banda de Joe Strummer previa a The Clash.

Bon voyage: Mi vida junto a Holden.

Armelle Pioline, cantante francesa de la banda indie-rock Holden, narra su viaje personal junto al grupo y recuerda su experiencia tocando en clubes y bares de Chile hace una década.

Y acá dejamos la programación completa

Destacamos los siguientes títulos de la selección internacional:

The King

Elvis Presley como metáfora definitiva del sueño americano y de sus engaños. Músicos, analistas y la gente que creció con su voz, comparan la historia y el alma de una nación. El documental reflexiona sobre la identidad, las luchas y las ilusiones de la clase trabajadora de Estados Unidos, a través de la simbólica biografía de ascenso del hijo de Memphis, paradigma a la vez de gloria y de tragedia.

Joan Jett: Bad Reputation.

«Dime que no puedo hacer algo y lo haré». La gloria de Joan Jett hasta hoy, desde The Runaways y Black Hearts, en sus palabras y las de sus admiradores. Una pionera del rock hecho por mujeres, un símbolo de rebeldía y coraje que no se adaptó a clasificaciones y siguió por su rumbo desde que tomó una guitarra eléctrica a los 13 años, y se hizo grande en un ambiente musical diseñado para los hombres.

Here to be Heard: The story of The Slits.

The Slits no sólo libraron la batalla del feminismo dentro del movimiento punk de Londres, sino que además supieron hacer trascender su sonido furioso, en una búsqueda interracial, atrevida y repleta de creatividad.

Milford Graves: Full Mantis

Milford Graves, uno de los percusionistas más audaces del planeta, se traduce aquí a imágenes y a palabras inspiradoras: biología, artes marciales, latidos de corazón y free-jazz arrollador. Dos de sus discípulos acometen, de una forma nada convencional, la tarea de explicar el mundo patafísico del maestro.

L7: Pretend we’re dead

Representantes del rugido de la era grunge. Sus integrantes (todas mujeres), repasan, en este documental, su auge y caída en los ’90 (y luego su regreso en 2014, por demanda popular). Gran cantidad de material de archivo sostiene el relato en torno a una banda de avanzada feminista, que sufrió los efectos desquiciantes del estrellato repentino.

PJ Harvey: A Dog Called Money.

Celebrada como una de las rockeras más creativas de esta época, Polly Jean Harvey recorre barrios de Afganistán, Kosovo y Washington buscando experiencias, de primera fuente, sobre la vida cotidiana bajo tensión y amenaza. Junto a un fotógrafo van recogiendo imágenes y palabras.

Más información en inedit.cl

Iron Maiden y su historia con Chile: A los pies de la doncella

Que a los chilenos y chilenas nos gusta el metal, está claro. Privados en los ‘80 de gozar, en vivo, de la música que azotaba al mundo con sus riffs largos y letras destructivas, la llegada de estas bandas en los ‘90, con discos ya memorables y con esa característica de brindarse por entero, lograron calar en el fan con una fuerza que solo el amor por los grandes símbolos (como lo puede ser la familia o el equipo de fútbol) puede representar. Han pasado los años y Chile es una sociedad diferente. Tanto así, que se ha convertido en destino obligado para un sinfín de grupos cuando planean giras sudamericanas. Pero para llegar a esto, el camino recorrido ha debido de ser largo y no siempre fácil, por eso, la historia de Iron Maiden con Chile está construida a base de saltar obstáculos religiosos y políticos, para ir decantando en una relación basada en la madurez y la confianza. Ante el anuncio de su novena visita, con dos shows agotados, hemos querido repasar esta historia que, ante la luz de los hechos, nos permite ser autorreferentes y señalar que somos el público sudamericano que más amor le demuestra a la doncella.

1992:  No paran de decepcionarnos

Fue la Iglesia católica la que frustró el que debería haber sido el primer recital de Maiden en el país. El veto y otros contratiempos frenaron la llegada de los europeos a Chile, pero agigantaron su leyenda. Lo que comenzó como un debate valórico finalizó con el propio subsecretario de Interior, Belisario Velasco, haciéndose eco del argumento que señalaba como peligrosa la cercanía de las letras de Iron Maiden a temáticas ocultistas y de adoración a Satanás. Este tropiezo no pasó inadvertido para la banda, la que recordó el episodio en su documental “Flight 666”. El concierto programado para el 23 de julio de ese año, debería haber cargado con el rótulo del primer recital metal después de la dictadura.

1996: con el pie izquierdo

Pasaron 4 años para que los fanáticos pudieran sacarse de encima el polvo de la censura anterior. Pero como si el destino quisiera jugarnos siempre una mala pasada, Iron Maiden anunciaba su debut sin Bruce Dickinson en la voz, quien había sido reemplazado por Blaze Bayley. Fue el jueves 29 de agosto de 1996, en el Teatro Monumental, cuando la fanaticada se hizo presente con absoluto descontrol, siendo implacables con los teloneros Héroes del Silencio, quienes realizaron, seguramente, el show más corto de sus vidas. Así lo recordó Enrique Bunbury, años después. ”Al medio minuto de estar en el escenario yo era todo un escupitajo, pero además empezaron a tirar de todo y le dieron con algo a Pedro en la cabeza. Se cayó con la cabeza abierta y se lo llevaron al hospital. Fin del concierto”. Cuando Maiden salió a escena, Bayley también fue víctima del desatino y desorden, tanto así, que el propio Steve Harris amenazó con terminar el show. “Fortunes of War”, “Blood on the World’s Hands”, “Afraid to Shoot Strangers”, “The Evil That Men Do”, “The Aftermath”, “Sign of the Cross”, “Sanctuary” y otras lograron calmar los ánimos tras la molestia de Harris, sin embargo, todos estaban insatisfechos de estar ahí. Sin duda que la primera cita de esta pareja, terminó con pocas ganas de volver a verse.

1998: otro balde de agua fría

Tras el mal inicio de hacía dos años, los ingleses nuevamente anunciaron visita al país. El show se programó para el 10 de diciembre en la pista atlética del Estadio Nacional y en el marco del Monster of Rock, donde compartirían cartel con grandes bandas como Slayer, Helloween, Criminal y Panzer. Pero en esta ocasión, el motivo de la no presentación vino por parte de los británicos, ya que en 1998 Augusto Pinochet había sido detenido en Londres, lo que motivó a Iron Maiden a bajarse del evento por motivos de seguridad.

2001: creciendo juntos

Entrando en el siglo XXI, el 15 de enero de 2001, los intérpretes de “The Trooper” deciden volver a Chile para presentar “Brave New World”, el cual marcaba el regreso de Dickinson en la voz y de Adrian Smith en la guitarra. Con un país más acostumbrado a recibir grandes eventos, con un acceso a internet bastante masivo, y con fans que ya no eran los adolescentes que, con desparpajo, habían escupido a la bestia un par de años antes, se podía esperar un ambiente inclinado al pleno disfrute del concierto. Éste tuvo como invitado a Rob Halford, quien realizó una presentación tan fantástica que, realmente, igualó a lo que hizo la banda. “The Wicker Man”, “Ghost of the Navigator”, “Brave New World”, “Wrathchild”, “2 Minutes to Midnight”, “Blood Brothers”, “The Clansman”, “Fear of the Dark” y otras, deleitaron a los fans sin que motivos adyacentes amenazaran con frustrar el espectáculo. Podríamos decir que este fue realmente el debut y punto de partida de la relación de los ingleses con Chile.

2004: Eddie, el imponente

Tres años más tarde, el 13 de enero de 2004, Iron Maiden regresaba a nuestro país marcando su tercera visita. La gira del “Dance of Death” ofreció un show que superó en calidad de sonido al anterior, pero que estuvo lejos de sentirse afiatado. En aquel momento, la banda acusaba cansancio y hasta Rod Smallwood declaraba que sería la última gira mundial que realizarían. Los británicos cumplieron, siendo Eddie el que se colgó el protagonismo y le dio al espectáculo el status de imponente. “Wildest Dreams”, “Wrathchild”, “Can I Play With Madness”, “The Trooper”, “Dance of Death”, “Rainmaker”, “Brave New World”, “Paschendale”, “Lord of the Flies”, “No More Lies”, “Hallowed Be Thy Name”, “Fear of the Dark”, “Iron Maiden”, “Journeyman”, “The Number of the Beast”, “Run to the Hills” fueron las escogidas esa noche, pero muchos no quedaron conformes con ese setlist.

2008: en la cima

La bestia volvió a pisar Chile el 9 de marzo de 2008, cuando el mundo entero clamaba por la épica y espectacularidad que le añadían a sus shows. El “Somewhere Back in Time World Tour” agotó los tickets en pocos días, formándose una especie de “movimiento” que pedía trasladar el concierto desde la Pista Atlética al propio Estadio Nacional. Como no resultó, fueron algo más de 28.000 privilegiados los que se dejaron llevar por el delirio absoluto de la banda. Los videos de esa anoche muestran cómo nadie dejó de cantar, agregando una emoción no vista, de manera tan palpable, en sus visitas anteriores. Este show aparece en el documental “Flight 666”, que se editaría después. “The Rime of the Ancient Mariner”, “Powerslave”, “Heaven Can Wait”, “Moonchild”, “Aces High”, “Fear of the Dark”, “Revelations” y “The Clairvoyant” fueron la demostración, a carta cabal, de que la banda ya era legendaria para nosotros, que sus shows eran dignos de agotar las entradas en horas, y de que cantar junto a Bruce es lo mejor que existe para un metalero de esta parte del mundo. Para muchos, este es el mejor show que ha dado la banda en Chile.

2009: tierra fecunda

Impensado era que quisieran volver tan pronto, pero así fue. El 22 de marzo de 2009 agendaron visita en un recinto que siempre ha tratado de probarse como apto para grandes shows: el Club Hípico. Mucho más grande que la Pista Atlética, acogió el show de Maiden con su buena cantidad de pirotecnia, algo que no utilizaron el año anterior. El concierto comenzó a las 20:00 horas y se extendió por casi dos, sumando temas como “Aces High”, “2 Minutes to Midnight”, “The Trooper”, “Run to the Hills”, “The Number of the Beast”, más algunos no tan conocidos y que solo son el deleite para un fan de cepa: “Children of the Damned” y “Phantom of the Opera”, por ejemplo. Muchos asistentes indicaron que este show superó al de 2008 y fue capaz de atraer 65.000 personas, cifra que dejó impresionada a la banda. No es fácil duplicar (en miles de personas) una convocatoria de un año a otro, pero Maiden lo hizo, sentenciando, en 2009, que esta tierra es siembra y cosecha fecunda para la bestia.

 

2011: la costumbre y la pausa

Por fin el Estadio Nacional se dignaba a recibir a Iron Maiden. El 10 de abril se desarrolló este concierto que sería foco de las grabaciones para un futuro DVD. El poder llegar al coliseo deportivo más grande del país motivó a titular esa producción audiovisual como “En Vivo: Live at Estadio Nacional”, un verdadero regalo para nosotros y señal de que esta relación estaba basada en la mutua admiración y que todos los tropezones del inicio habían quedado en el pasado. El show traía su nuevo álbum “The Final Frontier” y fueron teloneados por Kingdom of Hate y Exodus. El setlist fue interesante pero no el mejor que han seleccionado, pues al inicio hubo muchos temas del disco nuevo y eso enfrió un poco el ambiente. Además, el público estaba algo desconectado, quizás más acostumbrado ya a los espectáculos de este nivel y, también, porque la lejanía de la galería del estadio con el escenario era algo nuevo, y muchos no quedaron conformes con no poder ver más cerca la acción.

2013: pasando a otra etapa

Un público compuesto por distintas generaciones llegó al Estadio Nacional ese 2 de octubre para ver nuevamente a la bestia, ahora en el marco de la gira “Maiden England Tour”. Aquellos adolescentes de los ‘90 llegaban a este concierto desde sus trabajos, y muchos de ellos lo hacían acompañados de hermanos menores o pequeños hijos. En este gran tour, Maiden se hizo acompañar de los suecos Ghost, quienes salieron pasadas las 18 hrs a calentar el ambiente, para pasar, posteriormente, al poder brutal de Slayer; los norteamericanos entregaron su furia de manera potente, provocando que desde galería comenzara el éxodo hacia la cancha; mención aparte, el recuerdo que hicieron a Jeff Hanneman, quien había muerto solo unos meses antes. Iron Maiden salió a escena puntualmente y desarrolló su actuación con mucha pirotecnia y complementando con la aparición de Eddie, en diferentes formas. Cerca de 50 mil personas corearon las canciones, pero la diferencia de este show radicó en que la banda ya era traspasada o “heredada” a otra generación, una más joven que se hizo presente, seguramente por primera vez, para iniciar su propia relación con la banda inglesa.

2016: arte y magia

“The Book of Souls” fue la invitación que convocó, otra vez, a 50 mil personas al Estadio Nacional la noche del viernes 11 de marzo. Tras la actuación de The Raven Age, fue Anthrax la que partió el deleite a punta de su thrash sin dobles tintas. “Speed of Light”, la clásica “Children of the Damned”, “Tears of a Clown”, “The Red and the Back”, la majestuosidad de “The Trooper” y “Powerslave”, más otros clásicos coreados a todo pulmón, dieron otra prueba de que aunque pasen muchos años y aunque la banda ya sea adulta y longeva, son héroes de la New Wave of British Heavy Metal y nos traen esa cuota de rebeldía y poesía cada vez que nos vienen a visitar. Por todos pasa el tiempo, pero solo con Maiden cada éxito de ayer gana en frescura. Fue un show excelente, impecable, y que dejó la vara muy arriba para los dos shows confirmados para octubre.

1996, 2001, 2004, 2008, 2009, 2011, 2013, 2016 y ahora 2019 con dos fechas agotadas, otro récord que se anota Iron Maiden en esta relación de amor, admiración e intensidad que, seguramente, ellos tienen con nuestro país y con ningún otro de esta forma. Para nosotros, ellos son embajadores irremplazables de este estilo musical, de ahí esta mágica locura que tiene su base en el rico metal que han desarrollado, pero cuyo espíritu habla de mística, una que en Chile es recogida con fervor y logra que los ingleses quieran siempre volver. Amada doncella, estamos a tus pies.

Cancionero Rock: Mötley Crüe – Kickstart my Heart

Pocas bandas han llevado al extremo lo del sexo, drogas y rock & roll como Mötley Crüe. Los angelinos supieron ejemplificar el slogan al máximo siendo salvajes, drogadictos y dementes en sus acciones, por citar algunos calificativos. Ya lo teníamos claro tras su autobiografía “Los Trapos Sucios” y la película “The Dirt”. Pero ¿podía salir música de toda esta vida de desenfreno?, claro que sí! Incluso, de uno de los episodios más extremos nació “Kickstart my Heart”.

El 23 de Diciembre de 1987 surge esta canción. Nikki Sixx había sufrido una sobredosis en un hotel cuando estaban de gira con Guns n’ Roses, siendo declarado clínicamente muerto en la ambulancia que lo trasladaba al hospital. Y tal como lo muestra la película, fue un médico el que no se dio por vencido y le administró dos inyecciones de adrenalina directas al corazón, consiguiendo “resucitar” al bajista. Fans como aquel debieran abundar en las ambulancias. Después de este episodio, que podría haber tenido terribles consecuencias, y presionados por su representante, la banda completa decidió entrar a rehabilitación, dando origen además a uno de los temas trascendentales de su discografía; porque nadie te da una doble patada al corazón para que sigas viviendo sin transformar la experiencia en canción.

Fue escrita por el propio Sixx y se caracteriza por un ritmo auténtico, intenso, una locomotora sin control y que podría, perfectamente, resucitar a un muerto. El riff inicial es atrapante, cautivador y bastante inspirado en “Hellraiser” de los Sweet , sentenciando todo con coros de locura. Contempla todos los ingredientes musicales del glam y conjuga la potencia del sonido con una notoria orientación comercial, volviéndola muy masiva y dándole el soporte necesario con un video muy en la lógica extrema de la letra: el estilo de vida tan típico de finales de los ’80 en bandas de este género.

“Kickstart my Heart” fue el segundo single del álbum “Dr. Feelgood”, producido por Bob Rock y lanzado en noviembre de 1989, cuando el disco había llegado al n°1. Curiosamente, grabaron todo en completa sobriedad. Aún pasen los años, “Kickstart my Heart” se siente aún como una llamarada de adrenalina que no solo devolvió a la vida a Nikki Sixx, sino que le permitió a la banda, en buena hora, gestar su álbum definitivo.

Foals y The 1975 en Lollapalooza: el baile es la apuesta

Foto por Bastián Cifuentes

Los ingleses Foals llegaron por cuarta vez al país para ser parte de la jornada final de Lollapalooza. La premisa de su espectáculo fue retomar el espíritu de rock directo que los caracterizó en sus inicios, utilizando una descarga paulatina de la energía con “Mountain at my Gates”, “On the Luna”, “In Degrees” y “My Numbrer”, una de las más aplaudidas. El sonido calculado de sus guitarras fue el deleite de las primeras filas, las que hasta intentaron armar un mosh disfrutando al máximo de este ritmo que incita al baile más que al desenfreno. “Inhaler” fue el momento rock más sobrado, gracias a lo espectacular de las guitarras, sin embargo, la impresión que dejan los Foals es que el show siempre estuvo a punto de estallar, sin lograrlo completamente.

Foto por Jerrol Salas

Al rato, fue el turno de otra novel banda que viene haciendo de las suyas hace rato. “El rock & roll está muerto” se aseveraba en la pantalla casi al final del set de The 1975, porque lo de ellos es pop y movimiento. La banda de Manchester tocó nuevamente en Lollapalooza, luego de su visita en 2017, para presentar “A Brief Inquiry Into Online Relationships”, su último disco y del cual cantaron 7 canciones, lo que pudo haber jugado en contra de un mayor acompañamiento de la buena cantidad de público que observaba a Matthew Healey y los suyos.

El setlist inició con “Give Yourself a Try” y “TOOTIMETOOTIMETOOTIME”, siendo el hit “Chocolate” el que marcó los mayores aplausos dentro de una propuesta pensada en las coreografías. Otro punto alto del show fue el concepto visual que utilizó la banda, muy bien pensado y llamativo en la ejecución. Un rectángulo gigante de luces que mantuvo los grises que mostraban las pantallas variando, en la medianía del set, a colores más empalagosos y formas distorsionadas. En general, la presentación de The 1975 fue trabajada y bastante impecable, ratificando que dentro del pop inglés veinteañero, están muy cerca de la cima.

Fiskales Ad Hok en Lollapalooza: la ira de Chile

Críticas por mil recibió la mítica banda punk chilena cuando se confirmó su participación en este Lollapalooza. Da igual las motivaciones, porque la inmensa amplitud de lo que ocurre en ese escenario era motivo suficiente para planear un espectáculo que no pasara desapercibido, a pesar del pésimo horario que les fue asignado en la cartelera. Lejos de ser un problema, bastante gente (en número muy superior al que acostumbran tener en un show clásico) se congregó para aplaudir a un baluarte del punk nacional, a una banda que ha resistido el paso de los años porque los problemas e injusticias sociales que alimentaron sus consignas en los ’80 y ‘90, siguen estando vigentes.

Por eso es que para nadie fue una sorpresa escuchar los alegatos de Álvaro España, el inicio con instrumentación mapuche y la proyección de imágenes de políticos de derecha y figuras de la televisión, las que causaron airadas declaraciones de ese sector político durante el día, sin dejar de mencionar los emplazamientos a Sebastián Piñera. La lanza que atravesó los rostros de estos personajes se convirtió en uno de los virales de la tercera jornada de Lollapalooza y dudamos que quede como una simple postal más del festival.

El inicio fue apoteósico con “Río Abajo”, a la que siguieron “Fiesta”, “Mi Cadáver”, “No Estar Aquí”, “Caldo e´caeza”, “Lorea Elvis”, “Humanidad”, las que provocaron enérgicos mosh, aplausos, vítores y gritos. La banda logró compenetrar a los asistentes y hacerlos partícipes de una protesta de verdad, que siguió un guion conocido y que resaltó por encima de varios otros espectáculos que también intentaron mostrar algún discurso político. En voz de los Fiskales toda crítica social redobla su fuerza.

“La revolución empieza por la cabeza” fue la frase que España usó de hilo conductor para un show de rabia verdadera, no para la postal, porque de las venas de la banda santiaguina aún sangra la ira que el pueblo ha acumulado por décadas y, como no hay publicidad mala, los Fiskales salen victoriosos de Lollapalooza.

Fotos: Carlos Müller- Lotus

Interpol en Lollapalooza: vigencia y solidez

El celebrado “Turn on the Bright Lights” los hizo salir de gira cuando se cumplieron 15 años de su lanzamiento. Tras hacer varias fechas, Interpol volvió al estudio para registrar una nueva placa, teniendo los recuerdos vivos de lo que significó releer sus primeros temas y viéndose tentados de seguir por el mismo camino. Pero lejos de aquello, en “Marauder”, su reciente producción, la banda conserva su particularidad post punk pero observándola desde una perspectiva más madura. Con esa impronta, Interpol salió, en el atardecer santiaguino, a complacer a su fiel fanaticada en la segunda jornada de Lollapalooza.

Su cuarto paso por el país (y segundo en el festival) ofreció esa variante de la reinvención como nuevo ingrediente en la receta. Como decíamos, tras años de pisar suelo seguro las nuevas composiciones, como “If you really Love Nothing”, “The Rover” y el adelanto de “Fine Mess” (que estará incluido en un EP que se lanzará en mayo), se mezclaron muy bien con clásicos como “C’mere” “Evil” y “PDA”, evidenciando un viraje hacia propuestas más blueseras y con mucha menos angustia que las de antaño. La lectura iracunda de “Say Hello to the Angels” y el ritmo de “Slow Hands”, timoneada por una gran línea de bajo y un Hammond ingenioso, fueron las que despertaron mayor desenfreno, mientras que la guitarra virtuosa de Daniel Kessler registra una actualidad tan poderosa como lo era en el pasado. Quizás, las únicas críticas son que efectivamente mostraron una menor energía, pero tampoco es que se caractericen por eso. Además, venían con shows al hilo desde Argentina (sideshow incluido) y el desgaste pasa la cuenta. Y el otro detalle negativo, es el haber planteado el número en un escenario tan protagonista; la vez anterior tocaron en el íntimo Acer Stage, lugar ideal para coronar una comunión mucho más privada que la que se logró con los noveles aficionados, que esperaban a Post Malone y Twenty One Pilots, quienes escucharon con respeto pero sin sentirse tocados por la magia que ofrece la banda cuando va desenredando su madeja sonora, potenciada por esa atmósfera post punk de pocas luces y trajes negros.

En esta edición 2019 de Lollapalooza, los liderados por Paul Banks son una banda madura, adulta, y que habla en ese lenguaje. Con un set lamentablemente más corto que el de un show tradicional (en los que tocan 20 ó 22 canciones), lograron salir airosos gracias a ese pulso rítmico que les ha permitido ser amplificadores de un sonido que nació 20 años antes de su debut, con Joy Division y Gang of Four, y que ahora plantea una transición hacia una propuesta menos hermética pero que igualmente gana en frescura, lo que permite observar nuevos climas en el desarrollo del show. Interpol está absolutamente vigente y es significativo señalar que la renovación forma parte de su fórmula ganadora en vivo. Los sobrevivientes de la camada “salvadora” del rock en los ’00 siguen en encomiable momento creativo.

Lenny Kravitz en Lollapalooza: Cuando el oficio se impone

A pesar de no cerrar la noche, el show de Lenny Kravitz era punto alto del lineup de este primer día. Lamentablemente, desde el inicio los problemas de sonido fueron evidentes, algo que no es común en los espectáculos que monta una estrella consagrada como él. Cortes en medio de los dos primeros temas motivaron algunas silbatinas, lo que obligó al artista a suspender momentáneamente su presentación en la primera jornada de Lollapalooza.

Tras largos 30 minutos de espera, el neoyorquino retomó la escena y recurrió a un clásico probado para volver a encantar: “American Woman” y su fuerza bluesera dio cuenta del temple del artista, quien puso a disposición la experiencia de 11 discos y giras mundiales de absoluto éxito, lo que fue clave para desenredar la madeja y entrar con el show del Raise Vibration Tour que tan bien combina el rock, con el soul, el funk, y toda la propuesta sonora que le permite la excepcional banda que lo acompaña, donde destaca sin lugar a dudas la bajista Gail Ann Dorsey, compañera de una década en los shows de David Bowie y que ahora hace filas al incombustible Lenny, quien ataviado como en sus mejores épocas no da señales de que el tiempo ha pasado también por él. Pidiendo disculpas y prometiendo volver para cantar los temas que tuvo que dejar fuera (“I belong to you” y “Again” se extrañaron), ya queremos que alguna productora pueda cobrarle la palabra.

Fotos por Bastián Cifuentes

Su versión para “Get Up, Stand Up”, “It Ain’t Over ‘til It’s Over”, “Believe”, himnos de su discografía, más “Let Love Rule” y “Are You Gonna Go My Way” cerraron un corto pero efectivo set de 10 temas; Si le sumamos que dialogó con la gente, que sus músicos hicieron una excelente sesión de jam y que bajó del escenario para cantar junto a las primeras filas, la experiencia de esta mega estrella y su aceitada banda lograron sacar adelante un show impensado. Fueron 13 años de espera, pero valió la pena saltar junto a él los obstáculos que se presentaron porque, a pesar de todo, uno de los héroes del funk noventero igualmente se dio maña para dictar una clase de rock de oficio, esa que solo puede dar un tipo con ese porte, carisma y status.

Greta Van Fleet en Lollapalooza: Aplacando la mezquindad

La noche anterior habían debutado en un sideshow que agotó las entradas y que tuvo amplitud de críticas positivas. No ha sido fácil para la joven banda hacerle frente a los comentarios que señalan un parecido evidente, en la forma y fondo, a la propuesta que llevó a la cima a Led Zeppelin en los ’70, llevándolos, incluso, a tratar de desmarcarse de aquella época a punta de declaraciones en que su énfasis es soltar ataduras al lazo que los une de forma evidente a ese sonido.

A puertas cerradas, el debut había sido efervescente, pero ahora había que escucharlos en formato festival y hay que decir que nadie quedó indiferente. Nadie. “The Cold Win”, “Safari Song”, “Black Smoke Rising”, la sensacional “When the Curtains Falls” y la definitiva “Highway Tune” daban paso a los gritos, aplausos y comentarios de la gente, la que igual se debatía en la discusión que ha mantenido al grupo en la cresta de la ola. Josh tiene una voz a veces calcada a la de Robert Plant en sus años mozos, pero es evidente que no le importa y se para en el escenario con desparpajo y personalidad; Jacob y Sam son un deleite en las cuerdas y elevan la apuesta a punta de riffs largos y complejos, junto a solos de batería cargados de energía y frescura.

Foto Por Jerrol Salas

Es hora de aceptarlo. Sus edades fluctúan entre los 19 y 22 años, y a esa corta edad se pararon en el VTR Stage con un talento que clara por ser pulido y desarrollado; cada uno en su instrumento demostró pasión por lo que hace. En la era de la música urbana, Greta Van Fleet logra revivir detalles y atmósferas de las viejas glorias del rock y tal como lo escribimos cuando comentamos su disco debut, ahora deberán dejar de lado los temores y buscar su propio camino por el rock, sin que sus ricas virtudes vocales e instrumentales sean aplacadas por críticas que, a estas alturas, son bastante mezquinas.