Disco Inmortal: “Suffer”- Bad Religion (1988)

Entrados los años 80, el punk de una u otra manera agonizaba. Las bandas insignes de este movimiento ya tenían muy poco que mostrar y muchas de ellas se fueron desvaneciendo hasta desaparecer. A pesar de esto, el estilo tuvo la capacidad de reinventarse, reciclar ideas y recuperar fuerzas, nuevas bandas serían las encargadas de relevar y alzar un nuevo discurso.

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Disco Inmortal: “Contraband”- Velvet Revolver (2004)

La década de los dos mil trajo la tendencia de las superbandas, que vinieron a consagrar a músicos con diferentes pasados musicales. Si Audioslave (con el empuje de Chris Cornell y de tres cuartos de Rage Against the Machine) sacudió a todo el mundo con su debut homónimo de 2002, Velvet Revolver debutó en grande con una apuesta prometedora: tres integrantes de Guns N’ Roses y el cantante de Stone Temple Pilots, además de un guitarrista con buenas credenciales en el rock. Una canción en la banda sonora de The Hulk (2003) fue el primer paso, el siguiente fue su álbum debut “Contraband”, lanzado en 2004. Una nueva generación estaba lista para recibir a estos cinco titanes del hard rock.

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Disco Inmortal: Blondie- “Parallel Lines” (1978)

El punk estaba en sus últimos años y el new wave estaba de moda. Todos querían tocar en el CBGB (Country bluegrass and blues) y seguir la senda de los Ramones, Television y Talking Heads. En esa misma línea Blondie no quería ser la excepción y también fue partícipe de este selecto grupo que tocó en aquel mítico local del Este de Manhattan, para luego llegar a ser catalogados tanto como punks como new wave. Sin embargo, los liderados por la rubia y Chris Stein querían dejar su marca y ser únicos en un abanico de bandas que le darían a la música mucho más que tres acordes y vestimentas rasgadas.

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Disco Inmortal: Judas Priest- “Painkiller” (1990)

Después del irregular “Ram It Down” y de la salida del emblemático Dave Holland, Judas Priest necesitaba un nuevo aire, de esta manera Rob Halford, tomó contacto con el vocalista Jeff Martin de Racer X para informarle el interés que tenía en su baterista, Scott Travis. Posterior a esto, Travis logro grabar un video con tres clásicos de Judas, el resto de los integrantes logro ver este registro y a los pocos días se confirmó, de manera oficial, el ingreso del nuevo y flamante baterista.

En este contexto se lanza el duodécimo disco de estudio de la banda inglesa, un álbum rápido, agresivo y que se alimentó de todo el legado y sonido afilado de discos como “Defenders Of The Faith”, pero con una actitud mucho más furiosa y oscura, acorde a los nuevos tiempos. La incorporación de Scott fue esencial, un gigante del ritmo que se complementó de manera perfecta con las guitarras ardientes y punzantes de la gran dupla Tipton/Downing.

La maestría y precisión del nuevo integrante, queda en evidencia desde el minuto uno, al escuchar la ráfaga rítmica que nos invade en “Painkiller”, la canción que inicia y da nombre al disco. Con un doble bombo asesino, es el tema que sirve de manifiesto y que da cuenta que estamos ante una joya del Heavy Metal. La canción se desarrolla con riff acelerados y estructuras que van cambiando, el solo de guitarra a cargo del genial Glenn Tipton es magistral, una mezcla de rabia y sentimiento vertiginoso.

Hell Patrol” comienza como una marcha de guerra, una melodía cabalgante decorada de manera elegante por el dramatismo y técnica vocal de Halford, quien saca todo el potencial de su voz, sin duda alguna, estamos ante una de sus grandes interpretaciones.

Desde un rincón del silencio nace un grito a capella, escupiendo las primeras estrofas de “All Guns Blazing” para dar paso, a un riff energético y una parte media en donde destacan los solos de guitarra. La canción, es de esas melodías que vuelan tu cabeza, una mezcla de esplendor furioso con mucha técnica y que te deja con ganas de más. El disco no da respiro alguno y continúa con la veloz y melódica “Leather Rebel”, seguida del duelo de guitarras en la introducción de “Metal Meldown”. Es importante destacar la lírica de cada una de las canciones, que sin ser tan explicitas como la música, tratan de violencia, pero con una poesía muy bien lograda y que baña con mayor barniz a cada una de las piezas de esta gran placa.

Otra de las canciones importantes de esta obra maestra de 1990 es “Night Crawler” que hace su majestuosa entrada entre truenos y el sonido del sintetizador, logrando una atmosfera densa y oscura, todo esto coronado por un fúnebre arpegio de guitarra. La letra versa sobre una bestia que surge del infierno para devorar personas. En el texto, claramente hay reminiscencias del clásico de 1984 “The Sentinel”.

Between The Hammer & The Anvil” es un tema mucho más cercano al Heavy Metal clásico y se aleja un poco de los riff rápidos y grandes solos, pero es una gran melodía, a lo vieja escuela y que demuestra que en la producción a cargo de Chris Tsangaride, todo fue muy bien pensado, sin canciones de relleno.

La pista número 8 debe ser una de las mejores del disco, hablamos de “A Touch Of Evil”, una canción con un toque de maldad, pero majestuosa en su ejecución y desarrollo. El sonido de una campana nocturna y el teclado de Don Airey (músico invitado) realizan la posesión inicial, es una power ballad que habla del amor, pero de una manera metafórica, un amor envuelto en maldad y magia negra. Nuevamente destaca el solo de guitarra a cargo de Glenn Tipton, un solo con un sonido lleno de sentimiento, tocado en una guitarra que llora lágrimas de sangre.

“Battle Hymn” es una pausa, una pieza instrumental de 0:57 segundos, que nos va calmando y recuperando de la intensidad de este ángel de metal llamado “Painkiller”, además nos sirve como introducción a la gloria y victoria de “One Shot Of Glory”, otro corte con toda la onda del sonido más clásico, una canción mucho más optimista que entrega el contraste perfecto (dentro de un disco demoledor) y que corona la despedida sin decaer en calidad.

Para muchos fans “Painkiller” es el disco definitivo dentro del catálogo de Judas Priest, es un puñetazo directo a la cara y que debe estar dentro de los tres mejores discos de la banda. Es una obra potente, con un sonido sólido y mucho contenido melódico. Es el cruce perfecto entre lo mejor de los discos clásicos, pero elevado a la máxima potencia y que con el paso del tiempo se ha convertido en una de las obras más influyentes y respetadas por las bandas consagradas o emergentes del metal extremo de hoy y de siempre.

Por Carlos Bastías

Disco Inmortal: Bauhaus- “In The Flat Field” (1980)

El punk estaba muriendo. Su propio vómito lo estaba ahogando y una de sus principales figuras se actualizaba y comenzaba a esbozar lo que luego se llamaría post-punk. Public Image Ltd junto a Lydon lideraban este nuevo movimiento junto a otras bandas como Siouxsie and the Banshees, Gang of Four o Joy Division. En esos momentos, que uno de los movimientos musicales comenzaba a decaer Peter Murphy junto a Bauhaus comenzaban a establecer nuevos aires a todo ello. El disco debut de los ingleses se tituló “In The Flat Field” y el aquelarre se materializaba.

Fines de los 70 y comienzo de los 80 dio a la música una nueva era en Inglaterra. El NWOBHM o mejor conocido como New Wave of British Heavy Metal (Nueva ola del heavy metal británico) comenzaba a dar sus primeros pasos junto a Def Leppard e Iron Maiden. Justo en esos momentos, este movimiento pasaba un poco desapercibido para la prensa de aquellos años. Muchos esperaban que el punk continuara, pero en otra forma. Es así, como nació el New wave y el post punk (que no son lo mismo), donde el arte, la música electrónica y disco entraban junto a nuevas formas de grabación vanguardistas a hacer de las suyas con diferentes grupos.

Hubo una banda que estaba en boga de todos (tal cual como es la locución en francés). Su estilo, la inspiración que estaba ejerciendo en diferentes bandas y la multiculturalidad le daban un nombre en una escena que todavía resistía a que el punk se reformara. Bauhaus 1919 era el nombre en primera etapa de los liderados por Peter Murphy. Sin embargo, los números los harían desaparecer y solo quedarían con el nombre de la escuela de arte que fue cerrada por el partido Nazi y las autoridades prusianas.

Una grabación que fue hecha entre diciembre del 79 y julio del 80 para ser lanzado en diciembre del mismo año. La oscuridad que tendría este disco se vería reflejada de principio a fin. La elegida para dar inicio a esta pieza de arte es “Double Dare”. Las guitarras catatónicas y estruendosas a cargo de Daniel Ash hacen recordar por momentos a The Doors mezclado con el art rock de Pink Floyd. Los gritos de Murphy junto a su rabia son grandilocuentes. Eso es solo el comienzo, pues en el segundo track del mismo nombre del larga duración el ‘Príncipe’ realiza una de sus mejores exposiciones en lo vocal y el dinamismo en todos sus instrumentos. La batería tiene un compás excelente y no desentona. Se mantiene ansiosa e interminable junto a las guitarras que hicieron Ash junto a Murphy para darle un toque electrizante. ¡Vaya que lo hicieron bien!

Junto con sonidos sacados de la imaginería de Murphy relata la introducción de “A God In a Alcolve”: “Go and look for the dejected once proud / Idol remembered in stone aloud / Then on coins his face was mirrored / Take a look it soon hath slithered / To a fractured marble slab, renunciation clad / His nourishment extract from his subjects / That mass production profile” (“Ve y busca al abatido una vez orgulloso / Ídolo recordado en piedra en voz alta / Luego en las monedas se reflejó su rostro / Echa un vistazo que pronto se ha deslizado / A una losa de mármol fracturada, revestida de renuncia / Su extracto alimenticio de sus sujetos / Ese perfil de producción en masa”). En cuanto a letra y sonido esta obra sobresale y en demasía, mostrando la versatilidad de todo el conjunto tanto en percusión y guitarras.

“Dive” tiene un sonido mucho más movido, listo para un baile o hasta un pogo. De esas piezas que te llevan a moverte y te encienden con ese uso del saxofón. Para bajar un poco las revoluciones tenemos a “Spy In The Cab”, una pista más lúgubre y de atmósfera oscura, puede ser casi la inspiración máxima de lo gótico que se vendría años después. “Small Talk Stinks” es un misterio y “St. Vitus Dance” es la esencia del post punk. Es para danzar mejor que los personajes de la obra del sueco Ingmar Bergman en el Séptimo Sello. Los ritmos son frenéticos y sofisticados, ya que hasta el día de hoy es una de las obras que realza tanto la vanguardia como el sonido que tuvo para convertirse casi en una de las piedras angulares de lo que es la música de los 80.

“Nerves” es el último episodio de este libro oscuro y potente. Comienza de manera lenta, con sonidos raros e improvisaciones. Algo similar a lo que realizaban en sus primeros ensayos cuando grababan en una sola toma sus proyectos. Las distorsiones son variadas, un dadaísmo puro que se convierte por pasajes en un poco de rock, pero que cae de inmediato en los sonidos más pop que aplicarían a lo que sería su próxima placa: Mask.
El álbum tiene todo para haberse convertido en uno de los mejores de sus géneros. Aunque siempre dirán que su segundo larga duración es la obra máxima de los ingleses. Murphy y compañía lograron convencer a una crítica que estaba hastiada del punk con esta nueva reformulación del sonido. Sabiendo que otras bandas se llevaron más créditos a la hora de tener el foco, Bauhaus se convirtió en una banda más allá del culto con este álbum. “In The Flat Field” tiene aquella magia que lo hace que cada vez que es escuchado crezca en riqueza tanto musical como de nostalgia. Solo una última cosa: ¿quiere tener una banda de rock gótico o post punk? La respuesta está en esta obra.

Por Bastián Cifuentes

Disco Inmortal: Black Sabbath- “Vol. 4” (1972)

La etapa previa de este álbum (sí, otro más de la legendaria seguidilla de álbumes definitivos para el heavy metal de la historia proporcionados por los ingleses), fue cuando la banda pasó de no tener nada a tenerlo todo. Tras la despedida -muy acertada, por cierto- de su ex manager Jim Simpson, la fama y el dinero empezaban a visibilizarse por primera vez para los monstruos del metal clásico de Birmingham, y vaya que fue en grandes cantidades. “Fue ahí cuando descubrimos la cocaína”, cuenta Ozzy en el documental dedicado a la banda. Los conciertos a gran escala, la solidificación de un trabajo construido en base a geniales canciones,a la invención de todo un sonido, dieron los frutos y Vol. 4 venía a consumar todo eso.

La apertura de puertas de par en par en EE.UU, fue el antecedente más importante: la fiesta acababa de comenzar y fue justamente ahí, en la mansión de Bel Air, donde facturaron las ideas para esta cuarta obra magna, dotada de exquisitez heavy, mucha inspiración y por supuesto, muchos excesos. “Rentamos una casa grande y las llenamos de fanáticas y de toda la droga que pudieras” cuenta sin tapujos el gran Geezer Butler, quien además cuenta aquella historia de que el disco iba a llevar por nombre “Snowblind”, uno de los temas más significativos del disco y de la banda, pero que la compañía discográfica (Vertigo) cambió el título a último minuto a Black Sabbath Vol. 4. Ward no demoró en dar su lúcida observación: “No hubo Volumen 1, 2 o 3, así que es realmente un título bastante estúpido”.

Al día de hoy lo que menos pesa es el título, pues el contenido del disco nos trajo nuevos clásicos para sumar, la mencionada ‘Snowblind’ es prácticamente un himno a la cocaína, tal como lo fue ‘Sweet Leaf’ a la marihuana en su álbum anterior “Master of Reality”. Acá, la increíble máquina de buenos riffs de Tony Iommi volvía a engrasarse para dejar su marca tan solvente como épica que registraron en los Record Plant estudios en los Angeles.

Y si el alcohol y las drogas sirvieron de inspiración en ciertos temas, también provocaron problemas de bloqueo creativo, Bill Ward luchó mucho para lograr el cometido en ‘Cornucopia’, aquella canción fue un dolor de cabeza y una marcha demandante por una cabalgata en batería, bombos y platillos al mismo tiempo lo complicaron demasiado. “Odiaba la canción, había algunos patrones que eran simplemente horribles. Al final, lo conseguí, pero la reacción que recibí fue como ‘Bueno, vete a casa, no estás siendo útil en este momento’.” cuenta el veterano batero.

El arranque con ‘Wheels of Confusion’ conservaba ese espíritu hippie de la banda (algún guiño en el sonido a la Big Brother & The Holding Company de Janis Joplin) antes de entrar a los sublimes riffs de Iommi, con el sonido característico del Sabbath histórico, que se replica en varias canciones, pero que tiene algunas variantes impresionantes, sobre todo con ‘Changes’, quizá una de las mejores baladas power de la historia. Iommi aprendió a tocar el piano después de encontrar uno en el salón de baile de la mansión que estaban alquilando. Fue en este piano que la hicieron y el resultado fue conmovedor: “Tony se sentó al piano y se le ocurrió este hermoso riff”, escribe Osbourne en su libro de memorias. “Tarareé una melodía y Geezer escribió estas letras desgarradoras sobre la ruptura que Bill estaba pasando con su esposa. Pensé que eso fue brillante desde el momento en que lo grabamos”. explica el príncipe de las tinieblas.

La oscuridad bailable de ‘St. Vitus Dance’ es otro punto interesantísimo, a punta de una amigable riffeada y panderos, se convierte en una de las más gancheras piezas del disco, en tanto la extraordinaria ‘Supernaut’ suena tan fresca pese a su más de 45 años de existencia que no por nada ha decidido ser versionada una y otra vez por los herederos directos de la banda (Ministry y otra de Reznor de NIN por ahí, entre muchas otras). Por su parte, y como para dejar bien claro que las drogas fueron un elemento vital en el disco, “FX” surgió inesperadamente en el estudio después de fumar hachís y que el crucifijo que colgaba del cuello de Iommi golpeó accidentalmente las cuerdas de su guitarra y la banda se interesó por el extraño sonido producido, agregando un efecto de eco y a golpear la guitarra con varios objetos para generar esos efectos de sonido extraños que conocemos hoy en día.

No era todo, con ‘Under The Sun’, su peso inmenso, ese riff clásico y ese epílogo tan doom y melancólico cierran una obra magistral, con Ward tocando cual Bonzo de Led Zeppelin y la banda logrando un momento de los más cautivantes en su carrera.

El disco trajo conflictos, situaciones caóticas y que se propagarían más adelante mucho más, pero ¿qué disco tan legendario no los tuvo? A veces, esas mismas situaciones, por motivos algo difíciles de explicar, nos han dejado placas tan inmortales como éstas.

Por Patricio Avendaño R.

 

Disco Inmortal: Los Prisioneros- Pateando Piedras (1986)

“Ese fue el disco más importante. En este país nadie lo ha hecho, que el segundo disco sobrepase al primero, el segundo generalmente es inferior. Pero este no, fue súper bueno” decía Carlos Fonseca, manager de buena parte de la carrera de Los Prisioneros, al escritor Julio Osses para su libro “Exijo ser un Héroe”, en el cual y en base a entrevistas y seguimiento durante 3 años, logró armar la ruta que siguieron los de San Miguel para convertirse en la banda más reconocida de Chile en la última etapa del siglo XX.

Y ese segundo disco es “Pateando Piedras”, editado por EMI en un 1986 plagado de lanzamientos internacionales de primer orden. Depeche Mode daba la inflexión definitiva con “Black Celebration”; Peter Gabriel lograba una obra trascendental en calidad y comercialidad con “So”; los Beastie Boys universalizaban el rap con “Licensed to III”; Luca Prodan condensaba punk, funk, y un clima oscuro con “Llegando los monos”; Slayer escribía una hoja de ruta gracias a “Reign in Blood”, y Metallica le daba una cachetada al metal editando “Master of Puppets”. Mientras todo esto pasaba en el mundo, los sanmiguelinos trataban de hacer calzar la gira de “La Voz de los ‘80” con la exigencia de su nuevo sello discográfico de sacar la segunda placa en 1986, a como diera lugar.

Para este disco todavía existía magia en el trío. Y teniendo muy en cuenta la apreciación del manager sobre la calidad de los segundos trabajos, Jorge González decidió que era momento de dar un salto musical, lo que significaba evolucionar al uso de los sintetizadores. Esta decisión le daría un nuevo arco al sonido, alejándose de la escuela guitarra-bajo-batería. La nueva propuesta terminaría de consagrarlos y los posicionaría como una de las mejores bandas sudamericanas, en pleno auge del rock argentino, sacando en sus letras la esencia de un Chile en total crisis económica, con privatizaciones, el cierre de las industrias y la cesantía en un 25%. Así, buscando ser más trascendentales, se armaron con un Casio, secuenciadores, una batería electrónica y una caja Linn para darle otra envoltura a su necesario discurso.

“Muevan las industrias” es el corte de entrada que resalta por una variedad de sonidos, logrados gracias a una extraordinaria producción de Caco Lyon, en el cual la reverberancia y el delay se oían sofisticados al lado del guitarreo más primitivo de “La voz de los ’80”. El tema logra sonar sin alma, frío, transmite desesperanza, considerando que la letra hace referencia al cierre de las industrias nacionales y a los miles de cesantes que esto estaba ocasionando. El sampleo del balón de gas, para el efecto metálico, era un logro para una escena musical que se redefinía y que estaba siendo invadida por distintas tendencias. Un clásico social que trascendió a su tiempo.

“Por qué no se van” es claramente más rock y en su letra inteligente y sumamente creativa, se manifiesta contracultural. Sigue “El baile de los que sobran”, la cual bien podría ser candidateada como himno nacional; representa una fuerte crítica social por parte de Jorge González, y que el mismo definió como un “canto a los jóvenes marginados tras salir de la educación formal”; hace rato que está reconocida como un valor dentro de la historia de la música popular chilena y es de las pocas canciones del “Pateando Piedras” que lleva guitarra, aunque la nueva tendencia sonora se nota en la batería eléctrica. Este disco destaca por utilizar recursos alternativos que solo nacen de la creatividad, como lo fue el citado balón de gas y, en esta canción, lo es el sampleo del perro. Quizás ese recurso hoy se desecharía, pero en ese instante aportó un sello reconocible para siempre y ubicó a la canción dentro de las poblaciones. Completamente actual y que en 1986 les abrió las puertas de Sudamérica.

“Estar solo” es una gran obra dark wave y uno de los mejores temas de todo su cancionero. De principio a fin es llanto y melancolía como un refresh a los clásicos de The Cure más sombríos, pues una guitarra muy Smith atraviesa todo el tema. Curiosamente, en el mismo libro de Julio Osses, González la define como “floja” y que por falta de tiempo no quedó más redonda; sin embargo, la monotonía y el dolor que va dibujando el sintetizador le dan personalidad propia y termina ensamblando muy bien en el concepto del disco. “Exijo ser un Héroe” es más pop pero igualmente melancólica, cuando se refiere a un hombre que quiere ser más en la vida. “Quieren Dinero” posee una de las mejores intros creadas por la banda. Las distorsiones son muy rápidas y la letra es un puñetazo directo. Fascinante como equilibra algo de New Oder pero huele a soundtrack salido de un western, en un equilibrio rico en lo musical y con una letra súper chilena. Mención aparte para el recurso de la (gran) conversación telefónica del final del tema.

“Por favor” sigue con la new wave creando una atmósfera cautivadora, densa, acercándose a las bandas británicas de la época. El tema es muy importante pues marca la primera aproximación a la temática que desarrollará “Corazones”, donde dejarán de lado la crítica social para tomar como bastión las relaciones humanas. “Porque los ricos” es un respiro rescatado de “La Voz de los ‘80’” por su actitud transgresora, y sonando a The Clash nuevamente. “Una mujer que no llame la atención” es otro tecno pop que en su letra se acerca a lo que sería “Corazones”. De todo el álbum, es la que suena más incompleta. El “Pateando Piedras” cierra con “Independencia Cultural”, la que es muy atractiva más por la letra que por su construcción musical.

“Nadie nos quiso ayudar de verdad”, “El caso es que mi papá debe pegarle a tu papá porque en la mesa no cabemos todos”, “No es chiste ser mayor, paren mi reloj por favor”, “Bajo los zapatos barro más cemento, el futuro no es ninguno de los prometidos en los 12 juegos”, “Tantos tipos posando en las revistas y yo no brillo ni en mi familia”. La rabia de la clase obrera, la impotencia de la injusticia, el llamado de atención en plena década de cambios profundos, pero esta vez sintiéndose profesionales de la música y con casa discográfica dispuesta a apostar. “Pateando Piedras”, en definición de los propios músicos, es un disco “provinciano, pensado y escrito en el recorrido por Chile” y es mucho más meticuloso en los detalles y más maduro. Queriéndolo o no, eran la voz.

La portada del disco es uno de los costos que se pagan cuando el sello discográfico entra en el juego. Señala Jorge, en una entrevista de la época, que él pensaba en una portada verde, que reflejara el sur de Chile, considerando que la gira los había llevado por todo el país. Sin embargo, la idea no fue de gusto de EMI y terminaron subiéndose al metro, perdiendo un poco la sintonía con la expresión social y musical que había dentro. Para la juventud que vivía el auge del rock en español, este disco fue la mejor compra que varios hicieron y hoy es casi una reliquia. Disco de ayer, de hoy y del futuro, que cimentó la estirpe de Jorge González como un gran creador musical más allá del sonido cercano a la new wave en que algunos los han encasillado. Nuestro Chile y nuestra personalidad reflejada en letras imponentes de un 1986 sin pavimento al futuro, donde era habitual y síntoma del desencanto juvenil, patear piedras con las manos en los bolsillos y ver cuán lejos podían llegar.

Por Macarena Polanco